EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

El Papa en tierra de Juárez

Jorge Camacho Peñaloza

Febrero 19, 2016

Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado. Benito Juárez.

Ha quedado despejada la duda acerca del posicionamiento del viaje del papa Francisco a México, algunos apostaban que vendría más como jefe de Estado, y otros como jefe de la Iglesia, ni unos ni otros, vino como ambas cosas fundidas magistralmente, a veces ganando su mensaje apostólico, a veces el diplomático.
Finalmente presentó una postura y mensaje a la vez político y religioso, ahí donde debía ser, en el corazón del poder político del país, en tierra de laicos, en donde Benito Juárez dejó sus últimos suspiros de vida, en el Palacio Nacional, una postura, paradójicamente, invadida del espíritu del liberal mexicano que nos señaló a los políticos mexicanos el camino de la medianía; como si Juárez y el Papa se hubieran puesto de acuerdo.
Pero ahí estaban a todo lujo, peinados y perfumados, esperando una plegaria por ellos, se quedaron con las ganas, y esforzándose para controlar el gesto adusto de incredulidad, de estar recibiendo una cátedra de ética política, tuvieron que escuchar del Papa que para que el futuro sea esperanzador, en el presente tiene que haber políticos y líderes justos y honestos.
Y vendría más, el segundo balde de agua fría, como deseando el Papa que los presentes despertaran del letargo de la filosofía de la codicia y egoísmo que ha gobernado este país: La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo. Ni para donde meterse, volteándose todos a verse, ahí te hablan. Así de sencillo, claro y contundente, ya me imagino Juárez sonriente aplaudiéndole en primera fila al Papa, así de paradójico. Pero no era todo, había una más con la que el Papa exhibió el atraso de la filosofía política y social con la que se ha conducido la actual civilización.
Desde hace miles de años, el ser humano ha intentado organizarse y cohesionarse de múltiples maneras a través de la fuerza, la comunicación, el trabajo, la propia religión y la defensa, para lo cual ha creado instituciones, reglas, estructuras sociales y leyes, en una palabra ha creado toda una civilización política en torno a su elemento esencial: El poder como articulador de la sociedad, con el que se establecen relaciones sociales, económicas y culturales, forjador de civilizaciones completas, como centro de las principales decisiones relacionadas con la distribución de la riqueza, los bienes, la propiedad, la justicia, seguridad, salud, educación, la cultura y el bienestar, pero cuando ese poder está en manos de hombres y mujeres deshonestos e injustos, que buscan el privilegio de unos pocos en detrimento de todos, ese poder, esa civilización política falla, generando pobreza, injusticia, inseguridad, violencia, vicios, corrupción y mucha irresponsabilidad pública.
La política, desde su invención por los griegos, desde las civilizaciones faraónicas e imperiales egipcias, orientales, helénicas, nórdicas y mesopotámicas, ha conformado sociedades con diferentes características, distintos sistemas políticos y niveles de desarrollo, entendido éste como la condición de bienestar y armonía entre sus integrantes.
En aquellos países en los que la mayoría de su población vive en condiciones de pobreza, como el nuestro, en los que hay corrupción en sus gobiernos, violencia y desigualdad, se puede decir que la política no ha funcionado, que las instituciones, leyes, autoridades, poderes públicos, gobiernos, no han logrado bienestar y armonía, que la civilización política ha fallado.
Ahí entra la propuesta del papa Francisco, donde la civilización política no ha podido generar bienestar y armonía, ahí en el templo del laicismo mexicano, cuando nos dice que si los líderes políticos y económicos no han sido hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, y por el contrario se empeñan en buscar el camino del privilegio de unos pocos en detrimento del bien de todos, generando corrupción, narcotráfico, exclusión, violencia, tráfico de personas, secuestro y muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo, ahí es cuando el papa Francisco hace su principal propuesta ante la falla de la civilización política: promover la edificación de la civilización del amor. Y entonces todos se voltearon a ver como diciéndose ¿y eso que es?
La civilización política ha intentado y prometido el bienestar y armonía, con distintos sistemas, desde los más autoritarios y centralistas, hasta los más democráticos y equitativos, inspirados en distintas filosofías y teorías sociales, políticas y económicas, algunos apostándole al mercado, la propiedad privada, y otros a la planeación centralizada, economías de estado y dictaduras del proletariado, sin embargo, al evidenciar el papa Francisco la falla de la civilización de la política, queda claro que más allá de las leyes de la oferta y demanda del marcado o de planes estatistas y decretos dictatoriales, el desarrollo como condición de igualdad, bienestar, orden y armonía, va a ser posible si hay hombres justos y honestos en la política y en la sociedad, que viven en la medianía, de buen corazón, que no busquen privilegios para unos cuantos, es decir, si somos más los convencidos de la necesidad de edificar una nueva civilización centrada ya no en el poder sino en el amor, que haga posible el bien común.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda esa bola de laicos que promueven el privilegio de unos pocos en detrimento del bienestar de todos, que Juárez y el Papa se dan la razón, pues pa’que haiga buena política, se necesita de buen corazón y que los políticos no se entreguen a la disipación.