EL-SUR

Lunes 06 de Julio de 2020

Guerrero, México

Opinión

El Partido Revolucionario Institucional. Su historia

Fernando Lasso Echeverría

Junio 30, 2020

(Vigésima séptima parte)

Concluimos el anterior artículo iniciando la descripción de las anomalías ocurridas en la organización y desarrollo del mitin pre electoral del candidato priista: Luis Donaldo Colosio, llevado a cabo en la colonia proletaria Lomas Taurinas de Tijuana, el 23 de marzo de 1994, a pesar de haber sido calificada previamente por los expertos, como un lugar inadecuado, inseguro y peligroso para llevar a cabo el mitin, y que concluyó con el asesinato del candidato. El atentado ocurrió en una entidad federativa que casualmente era la única de oposición, pues el gobierno local era panista. Además de este hecho, que merece atención por lo tendencioso, mencionábamos también las extrañas imposiciones al equipo de campaña del candidato priista, como la del coordinador de la campaña, Ernesto Zedillo, quien nunca fue priista ni se había desempeñado en ningún puesto de elección popular hasta ese momento, situación que lo hacía un inexperto en este tipo de actividades, y quien por cierto estuvo ausente en forma extraña en el evento de Lomas Taurinas, pues además de su responsabilidad partidista, él había vivido varios años en Tijuana. Otro caso es el del jefe de seguridad, el general Domiro García Reyes, quien tenía una pésima (e inexplicable) relación con el candidato y su círculo cercano, conocida por todos, hecho que lo hacía un tipo poco confiable para salvaguardar la seguridad de Colosio. Se dice que Luis Donaldo lo iba a cambiar después del mitin mencionado.
Junto con esto, ocurre también el rechazo a los cuerpos policiacos profesionales de Baja California para participar en la vigilancia del evento, y en cambio se contratan a 45 ex policías judiciales, para “vigilar a la multitud”; gente que por sus antecedentes laborales y el medio donde se desenvuelven se piensa con justa razón que podían haberse prestado a cualquier cosa a cambio de dinero o futuras comandancias. Todos ellos acudieron al mitin sin haberse reunido antes con Domiro y su gente, para planear mínimamente alguna discreta y efectiva estrategia de cuidados o vigilancia. Por otro lado, tal como lo confesó Domiro en sus declaraciones oficiales, todas estas personas fueron al evento político sin ningún distintivo o identificación que los distinguiera de la multitud que supuestamente iban a vigilar. Estas raras eventualidades desordenadas, que ocurrieron antes y durante el mitin, hacen pensar que personas de muy alto nivel político –que deseaban evitar que Colosio llegara a la Presidencia de la República– intervinieron en la notable desorganización de éste.
Pero existen otros datos más reveladores; por ejemplo la existencia de los “Aburtos”, cuatro individuos con mucho parecido físico entre sí, que fueron sorprendidos en situaciones sospechosas en la ejecución del atentado:
–El que agarraron y golpearon en el momento del asesinato, afirmando con seguridad –los que lo llevaban sujeto– que él había disparado, aunque en el momento del sometimiento, éste gritaba “fue el ruco, fue el ruco”, señalando a Vicente Mayoral Valenzuela –miembro del grupo de ex policías judiciales contratados– un individuo muy mencionado en el posterior desarrollo de la investigación.
–El que llegó como detenido a la prisión de alta seguridad, mismo que era un individuo con muchas diferencias físicas con el capturado y golpeado inicialmente (cómo los lóbulos de las orejas por ejemplo) que fueron fácilmente detectados por expertos y señaladas científicamente en varios textos escritos por peritos criminólogos, como el del doctor Eduardo Muriel, quien en su trabajo de investigación titulado Crónica y Análisis de un Magnicidio los señala claramente, indicando que el detenido inicialmente y el que llevaron al penal, eran dos personas totalmente diferentes.
–Jorge Antonio Sánchez Ortega, el “Aburto” que fue capturado circunstancialmente por la policía local cuando iba huyendo del mitin con la camisa ensangrentada, y quien a pesar de ser miembro del Cisen, en vez de apoyar a las autoridades en esas circunstancias tan terribles que se estaban viviendo, se retiraba en forma rápida y sospechosa del evento político, cuando fue aprehendido por policías locales de los repudiados para vigilar el evento y cuidar del personaje que iba a intervenir en él. A Sánchez Ortega, se le hizo una prueba para ver si había disparado un arma poco antes de ser detenido, y ésta salió positiva. Este dato, aunado a las manchas de sangre en su chamarra, lo hacían un sospechoso muy importante, pero aun así, la policía local fue obligada a soltarlo por autoridades federales… ¿Por qué?
El “Aburto” encontrado muerto a balazos –poco tiempo después del asesinato de Colosio– en un taller mecánico cerca del lugar del atentado, y que en las pocas fotografías de este hecho publicadas en diarios nacionales, la cara del cadáver tenía también un parecido asombroso con los otros tres “Aburtos”. Al parecer, este individuo identificado como Ernesto Rubio Mendoza, llegó al taller circunstancialmente huyendo de unos pistoleros que lo iban siguiendo, y que finalmente lo asesinaron en ese lugar por causas nunca conocidas. Junto con él, murió también asesinado el dueño del taller, posiblemente para no dejar testigos.
Tal pareciera que este escenario artificial formado con la participación de varios individuos parecidos físicamente entre sí, fue fraguado con el objetivo de causar confusiones, desconciertos que se acentúan cuando estas personas son observadas por breves minutos o quizá sólo segundos formando parte de una multitud, y por ello, es de preguntarse: ¿Cuántos “Aburtos” más (no utilizados o descubiertos) habría en el evento?
–El peritaje original, resultado de la intervención quirúrgica que le fue realizada al agredido, decía que el cuerpo de Colosio presentaba dos heridas producidas por arma de fuego de diverso calibre hechas a quemarropa: una penetrante en cráneo, con trayectoria de derecha a izquierda, mortal por necesidad, y otra herida en tórax en sedal (no penetrante) con trayecto de izquierda a derecha, situación que revelaba que los tiradores habían sido dos, no uno como afirmaban varias autoridades, quienes argumentaron en forma absurda, que al caer el cuerpo de la víctima, éste había dado un inverosímil giro de 180 grados.
–El gran número de personas relacionadas con el hecho, muertas días o semanas después del evento en circunstancias extrañas y con poco tiempo entre una y otra, supuestamente por enfermedades, accidentes o asesinatos no aclarados. Destacando entre ellos, el asesinato del director de Seguridad Pública en Tijuana, José Federico Benítez López, quien realizaba una investigación paralela sobre el magnicidio, y el delegado de la PGR en Baja California, Arturo Ochoa Palacios, quien ordenó filmar el video más conocido del crimen, por haber sido pasado cientos de veces en las televisoras nacionales, y en el cual aparece el brazo ejecutor con la pistola en la mano acercándola a la cabeza del candidato, sin que –inexplicablemente– nadie lo viera ni lo impidiera.
–La acelerada construcción de una plazoleta en el lugar de los hechos, aparentemente para levantar un monumento en honor del sacrificado, pero que modificó totalmente el escenario, dificultando aún más o haciendo imposible una reconstrucción de los hechos.
Otras extrañas e irregulares situaciones ocurridas en el proceso de captura, investigación y juicio del detenido, fueron los siguientes:
–La desaparición del detenido durante hora y media, tiempo en el cual no se supo a ciencia cierta quienes lo tenían, en dónde lo tuvieron y qué hicieron con él. Era una sospecha generalizada de la población mexicana, respecto a que en ese lapso cambiaron al individuo capturado originalmente, por el que llegó detenido al penal de alta seguridad de la Ciudad de México. En relación a esto mucho se ha mencionado que el gobernador de Sonora en ese momento, Manlio Fabio Beltrones, tuvo en su poder parte de ese tiempo “perdido” al primer Aburto capturado. Es de preguntarse: ¿qué hacía en Tijuana el gobernador de un estado vecino, y con qué facultades interrogaba oficiosamente al detenido? Habría que recordar que Manlio Fabio fungió como sub secretario de Gobernación, cuando Fernando Gutiérrez Barrios fue secretario de esa institución durante cuatro años del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, temible funcionario público de formación militar, que –por medio de los sistemas de espionaje manejados en Gobernación– le supo todas las debilidades humanas al gabinete entero y a los gobernadores de la República durante varios sexenios, ya que antes había sido director de Seguridad Pública, y luego subsecretario de la misma institución. Dado este antecedente, ¿Beltrones fue enviado extraoficialmente por Salinas de Gortari, con algún objetivo especial?
–La afirmación del “Aburto” preso, del que recién detenido le administraron por vía oral e inyectada sustancias desconocidas que le hicieron olvidar sus declaraciones originales. En este punto, vale la pena recordar que las declaraciones de este sujeto aparecidas en la prensa nacional de un día después del magnicidio, eran totalmente incoherentes, incomprensibles y llenas de vacíos informáticos que las hacía totalmente inútiles.
–La aseveración de varios testigos de que en el avión que llevó al segundo Aburto a la Ciudad de México, custodiado por cinco personas bien identificadas como agentes de seguridad al mando de Adrián Carrera Fuentes, iba un sexto pasajero que nunca se dejó ver y que posteriormente fue identificado como López Ferreiro, el jefe de Seguridad Pública del gobernador de Sonora: Manlio Fabio Beltrones….¿Cuál fue su papel?….¿en calidad de qué viajaba en el avión que transportaba al supuesto asesino de Colosio?
Las declaraciones del padre del “Aburto” preso –radicado en Estados Unidos– de que a su hijo no le agradaban las pistolas y que nunca había poseído una; que tenía la seguridad de que las declaraciones de su hijo habían sido motivadas por medio de alguna amenaza en contra de la familia; que la letra de los textos políticos atribuidos a su hijo no correspondía a su caligrafía, y que lo que en ellos se plasmaba no correspondía a su capacidad intelectual, ya que sólo había estudiado hasta tercer año de secundaria.
El padre de este Aburto –refugiado con toda su familia en Estados Unidos– insistió mucho en que nadie le quitaría de la cabeza que su hijo fue una víctima más de una conspiración del gobierno para matar al candidato.
José Agustín Ortiz Pinchetti, en su libro Reflexiones Privadas. Testimonios Públicos, escribe un párrafo referente al asesinato de Colosio, que dice lo siguiente:
“Todas son especulaciones, pero lo que parece evidente es que no fue un loquito aislado o un grupo de locos los que querían asesinar a un candidato del PRI. Fue gente importante que pudo infiltrar a la Guardia de Corps de Luis Donaldo. Que tuvo información precisa de los eventos políticos en los que estaría ese día. Que sabían por dónde se movería y a qué horas; porque ruta específica bajaría del templete hasta la camioneta. Que contaron con la complicidad, por lo menos, de parte de la guardia. Gente que tuvo fuerza suficiente para trabar la investigación, para destruir las evidencias, para desaparecer testigos, y para burlar al procurador Valadez si es que éste, quería hacer una investigación en serio.”
A los mexicanos nos seguirán inquietando muchas dudas relacionadas con estos hechos: ¿Es creíble que Carlos, el autocrático y dominante presidente de la República, no haya estado enterado y de acuerdo con la grave decisión de cambiar sucesor? ¿Es verosímil que Salinas, el hombre mejor informado en todo el país de todo lo que iba a ocurrir en forma programada en ese momento, no hubiese tenido el menor conocimiento de que ante la negativa de Colosio a renunciar, lo iban a matar? ¿Por qué se nombró a Zedillo –el candidato de Córdoba Montoya– coordinador de la campaña presidencial, sin que este hubiese tenido ninguna experiencia en estas funciones? Acaso…¿para qué antes de la salida de Camacho hacia Chiapas, como Comisionado “sin sueldo”, Ernesto fuera el único miembro del gabinete, con seis meses fuera del cargo, y no estuviera impedido constitucionalmente para suceder a Colosio como candidato, cuando este renunciara, como al parecer estaba planeado? ¿Por qué Zedillo –el coordinador de la campaña– no estuvo acompañando a Colosio en las actividades de campaña en Baja California –estado donde vivió varios años– cuando éste fue asesinado?
Sin embargo, es obvio que a Salinas no le salieron bien las cosas como él hubiese querido: la población lo juzgó y lo condenó duramente; la opinión pública –que durante los primeros años de gobierno de Salinas, había sido tolerante con éste– nuevamente se manifestaba burlada y traicionada y por ello molesta con su máxima autoridad y pedía justicia aunque inútilmente, pues nuestro país lamentablemente continuaba siendo gobernado por leyes no escritas –impuestas en el pasado– que seguían vigentes; una de ellas era: los ex presidentes son jurídicamente intocables. No obstante, esta situación desprestigió a Salinas y lo convirtió en un verdadero proscrito: salió del país, vivió oculto y finalmente se dirigió a Dublín la capital de Irlanda, país con el cual México no tenía tratado de extradición. Todo ello provocó también que Carlos perdiera la confianza que muchos gobiernos del exterior le habían brindado, hecho que le hizo perder la posibilidad de llegar a la presidencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) como eran sus propósitos. Las imágenes de sí mismo como ex presidente protegido y seguro, y sus futuras posibilidades de retomar el camino político quedaron hechas añicos. Hoy toda la gente está segura que la muerte de Colosio fue un crimen de Estado; la mayoría de la población cree que Salinas encubrió a Córdoba, o bien, que Carlos dejó correr los hechos de un complot bien conocido por él, para asesinar a un candidato que ya no le era útil, y quien dignamente se negaba a renunciar a su aspiración.
Pero antes de ello, en la mañana del día 29 de marzo de 1994, el presidente Salinas designó como su sucesor al doctor en economía Ernesto Zedillo Ponce de León, coordinador de la campaña de Colosio y ex secretario de Programación y Presupuesto primero, y de Educación después, durante la administración que terminaba.

* Ex presidente de Guerrero Cultural “Siglo XXI” A.C.

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