EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Escenario 2019

Jorge Camacho Peñaloza

Diciembre 28, 2018

El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución
Hannah Arendt

El 2018 es un año parteaguas en la vida del país al generarse la alternancia hacia un proyecto político que nunca había sido electo para dirigir el gobierno federal, en una contienda a todas luces desigual al ganar el candidato que llevaba ilegalmente más tiempo en campaña. La expectativa es obvia en cuanto a que no se tienen antecedentes de un proyecto de esta naturaleza, llámese como se llame desde la perspectiva de los ganadores o de los opositores, de izquierda, populista, centralista, cuarta transformación, transformación de cuarta, etc., dirigiendo las políticas públicas desde el gobierno de la República, sin embargo hay elementos para plantear algunos escenarios para el 2019.
El diagnóstico que reiteradamente presentó el candidato ganador y del que centralmente se desprende su propuesta de gobierno es que el mal de todos los males del país es la corrupción, del que se generan la mayoría de los problemas nacionales como la pobreza, falta de inversión, la injusticia, el crecimiento de la delincuencia organizada, la inseguridad, falta de bienestar social y en general la ineficiencia del aparato público y la descomposición no sólo del tejido social sino de la virtud individual.
A este contexto se le adiciona el antecedente del estilo y modo de entender y ejercer el poder por parte del candidato ganador de la contienda y hoy Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, desde una perspectiva casi providencial más allá de las instituciones y leyes, la cual dejó ver el mismo día de la toma de protesta con la limpia de que fue objeto por parte de representantes de pueblos indígenas, en pleno Zócalo de la Ciudad de México, quienes convocaron a los dioses de los cuatro puntos cardinales para solicitarles protección al nuevo titular del Poder Ejecutivo Federal como para dejar en claro que más allá del proceso electoral su legitimidad proviene de los dioses, y si no, para eso tiene las cámaras de Senadores y de Diputados a su servicio para derogar y crear las leyes que quiera e imponer lo que denomina un nievo régimen que no apunta a ser democrático sino todo lo contrario.
Ante ese cuadro vemos con preocupación escenarios poco alentadores para el año que está por iniciar y que se caracterizan por un Presidente de la República que va a tratar de imponer personalmente su visión de sociedad probablemente no votada por dos tercios de la ciudadanía que no sufragó por él el pasado primero de julio, sustituyendo la deliberación democrática pública de los problemas y soluciones en los distintos ámbitos de la vida política y social con las ya famosas consultas públicas manipuladas y dirigidas a sus propios simpatizantes, como ya se comprobó con el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que en lugar de generar la deliberación en ámbitos especialistas y de expertos para definir si se continuaba con el proyecto de Texcoco, se acudió a la consulta populista.
Por lo anterior, la evaluación del desempeño adquirirá una mayor relevancia para la vida política del país, las universidades públicas autónomas y privadas, centros de evaluación, estudios e investigación tendrán que verificar los resultados de las políticas públicas que en verdad se estén alcanzando los objetivos que el Presidente de la República ha ofrecido, frente a lo cual existe el riesgo de que se pretenda desaparecer estos entes como ya se está haciendo con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa. La evaluación deberá aclarar si estamos ante un nuevo sistema clientelar con miras a la reelección del Presidente López Obrador o de verdad frente a políticas públicas que están resolviendo los problemas que aquejan a la sociedad.
Los partidos políticos de oposición poco podrán hacer para hacer contrapeso a las decisiones del Ejecutivo Federal como tradicionalmente se hacia en el sistema político mexicano durante los gobiernos federales anteriores, tampoco en el Poder Legislativo y Judicial de la federación con una mayoría morenista y con el nombramiento de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación en manos del Poder Ejecutivo, ni los órganos independientes del Estado Mexicano como el INE y la Fiscalía General de la República.
En este escenario serán las organizaciones empresariales y los propios gobernadores de oposición, así como los presidentes municipales, los que por el momento tendrán que asumir la función de contrapeso al poder centralista y voluntarista del Presidente de la República. En tanto que las soberanías locales también deberán ejercer su atribución de fiscalización de las políticas públicas para hacer contrapeso a la acción discrecional del Ejecutivo Federal; lo que en última instancia cuenta y manda son las soberanías.
Y aunque en las redes sociales el debate entre seguidores y opositores del Presidente de la República está a todo lo que da, proyectando una verdadera polarización de chats, la gran ausente seguirá siendo el actor que debería ser el origen y la razón de ser de todo el sistema político: la ciudadanía.
La consolidación de la democracia mexicana no estará en la acción del nuevo gobierno ni en su proyecto sino en la capacidad de los contrapesos políticos que surjan en la sociedad, los medios de comunicación, de las soberanías estatales y de las voces autocríticas que existan al interior del morenismo.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A Andrés Manuel que no se haga, que él se dedicó a sembrar odio y polarización en toda su campaña, que no venga ahora a decir que ese discurso es de conservadores y gandallas.