EL-SUR

Viernes 03 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Enero 17, 2007



Las traiciones de Monreal

En poco más de 15 años, pasó de ser gatillero salinista contra el Frente Democrático Nacional, precursor del PRD, a gatillero lopezobradorista, y se movió impune y desmemoriadamente de ser verdugo de aquellos retoños perredistas a buscar su purificación dentro del partido que quiso aniquilar. Nunca terminaron de confiar verdaderamente en Ricardo Monreal dentro del PRD, para cuya militancia siempre fue un estigma el que alcanzara altos cargos en nombre del partido. Pero también, nunca había tenido la oportunidad como ahora, para impostarse en el PRD y tratar, a través de la radicalización, de convertirse en el heredero de Andrés Manuel López Obrador. Inclusive, por encima de él, del PRD y de la vieja izquierda.
El caso de Monreal ayuda a entender fenómenos de la crisis postelectoral en este país y los reacomodos que se están dando no sólo en el PRD sino en los partidos y los gobiernos por el poder. Monreal, quien sin ser el único sí es el arquetipo de algunos ex dirigentes del PRI que cuando no lograron concretar sus ambiciones políticas dentro de ese partido saltaron al PRD, no ha dejado de mantenerse en la dinámica inflamatoria que tomó durante la larga protesta callejera en la ciudad de México para seguir vigente y reabrir los espacios políticos que se le estaban cerrando. En el pasado reciente se escudó en la retórica incendiaria para ser la voz mediática de López Obrador durante la impugnación a las elecciones. En el presente, sigue montado en el servilismo público hacia el ex candidato para ganar su favor, su gracia y su traslado mecánico de popularidad. Las cosas no le han resultado como las había pensado, y empezó una nueva hora de traición.
Aunque fue un eficiente operador político en las elecciones locales del estado de México, no pudo convertir a una improvisada, la empresaria y actual senadora Yeidckol Polevnzky, en gobernadora. La crisis del PRI en el estado de México ayudó al PRD en las últimas elecciones, donde Monreal, sacando de su vieja mochila priísta todos los recursos electoreros que aprendió en el viejo régimen, convenció a gobernantes municipales del PRI a respaldar al candidato de la coalición Por el Bien de Todos a cambio de delegaciones federales. Como en los viejos tiempos, pero no fue suficiente.
Les falló Monreal como también fracasó en una encomienda estratégica para las elecciones del 2 de julio: reclutar a los representantes de casilla. Aseguró que tenía al 95 por ciento reclutados un par de semanas antes de la elección presidencial, y al final resultó que si bien registraron ante el IFE a 75 por ciento de representación, en la práctica tuvieron apenas si la mitad, con lo cual López Obrador nunca tuvo la documentación electoral suficiente para poder impugnar con solidez la victoria de Felipe Calderón. Lejos de asumir los yerros e iniciar la autocrítica, Monreal se fugó hacia delante. Fue uno de los autores intelectuales de la estrategia mediática de fraude, empujando a López Obrador al mismo tiempo de aislarlo de la mayoría de los cuadros dirigentes del PRD. Contribuyó a tender un cerco en torno al ex candidato, comenzando a marginar al presidente del PRD, Leonel Cota, y entrando en alianza táctica con Jesús Ortega, dirigente de Nueva Izquierda, la corriente perredista que más triunfos electorales obtuvo el 2 de julio. Ortega, quien no tiene en este momento cargo alguno por el cual responder, se radicalizó con la mira puesta en la destitución de Cota.
Las condiciones no se pusieron a modo para Ortega, como tampoco para Monreal, construyendo una nueva alianza con fines tácticos y estratégicos. Ortega, quien pese al avance de su corriente fue marginado totalmente de posiciones políticas en el principal bastión del PRD en el Distrito Federal, ha ido perdiendo influencia política, pese a contar con su lugarteniente Carlos Navarrete, al frente de la coordinación de los senadores de su partido. Por ello, Ortega ha estado buscando dentro del PRD, como factor de su propia viabilidad dentro del partido, que en las elecciones locales este año –donde el 40 por ciento del electorado nacional vuelve a las urnas–, se forjen alianzas con el PRI. Dentro del PRD no están convencidos de ello, y menos aún López Obrador, que no quiere oír todavía nada de aliarse con los priístas. Pero Monreal, una vez más, está jugando en varias canchas.
Por un lado, apoya a Ortega en las alianzas con el PRI, pero por el otro, en el microcosmos de Zacatecas, donde fue gobernador, está jugando las contras a todos. Ahí, en el estado donde el primero de julio se realizarán elecciones para el Congreso local y presidencias municipales, es donde se está fraguando la nueva traición. Como Ortega es enemigo político de la sucesora de Monreal, Amalia García, y como ésta tiene una alianza con el jefe de gobierno del Distrito Federal Marcelo Ebrard, es un aliado natural de Monreal. El senador está tratando de descarrilar a la gobernadora García para apoderarse del estado, obtener las mejores posiciones en las elecciones locales y, de esa forma, resolver –a su favor– la sucesión para gobernador en el 2010. Como también hay un resentimiento de López Obrador con Amalia García, cercana a Cuauhtémoc Cárdenas, y acusada de “traidora” por el núcleo duro lópezopbradorista, Monreal bien podría pensar que en su lucha por el poder en Zacatecas la voz del ex candidato hablará de su lado.
Pero Monreal juega con lumbre. Con quien está negociando una alianza para las elecciones locales no es con el PRI, conversaciones que son del conocimiento de todos en el partido, sino con el PAN. En efecto, Monreal está planteando al PAN que todos sus cuadros en el estado se vayan como facción a ese partido a cambio de que le den candidaturas, particularmente la de la presidencia municipal de Zacatecas capital. Si se revisan sus declaraciones o sus artículos semanales en un periódico local, la falta de escrúpulo sería lo mínimo que podría adjudicársele a Monreal. Meses de campaña antipanista, meses de acusaciones de “espurio” y de articular la “ilegitimidad” de Calderón, están siendo olvidados peregrinamente por el senador a cambio de una posición de poder.
No hay ética política en él, aunque no habría de qué sorprenderse. Hace no mucho tiempo, le confiaba a un ex correligionario que si hubiera seguido en el PRI sería un Don Nadie, mientras que en el PRD, al llevar sus marrullerías electoreras, logró posiciones de influencia. Dentro del PRD no han querido denunciarlo, pero este jueves López Obrador seguirá su movilización en Zacatecas. Será un buen momento para que se entere de las andanzas de uno de los ideólogos de la polarización política del 2006, que sin prurito trasladó a Zacatecas en 2007. Y también, una oportunidad de la izquierda para empezar a tirar lastres, hacer una urgente depuración política y comenzar a prepararse para el 2009, estación intermedia y fundamental para el 2012.

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