EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Diciembre 05, 2005

  Ultimátum ignorado

 

The Kitsap Sun es un pequeño periódico en la gran zona suburbana de Seattle que atiende a una comunidad de 37 mil personas. Dedicado sólo a cumplir con los pocos miles de lectores en su entorno, se convirtió no obstante, de la noche a la mañana literalmente, en un medio de referencia en México. A ese diario le llegó un video en forma anónima que muestra como un grupo de personas, que resultaron ser policías judiciales federales, secuestraban y torturaban a cinco miembros de Los Zetas. Sabedor de sus alcances, The Sun decidió compartir su joya periodística. Pero no lo hizo con el cercano Seattle Post-Intelligencer, el principal diario del estado de Washington y reconocido como uno de los mejores regionales. Tampoco acudió a los grandes diarios de su país o a Los Angeles Times, un periódico de gran talla. Optó por enviar su material a The Dallas Morning News, en Texas, cuya publicación desató un escándalo en México. Los editores de ambos periódicos dijeron que esa colaboración se debió a que The News había publicado diversas informaciones sobre personas a las que se refería el video. Punto final.

El mensajero no debería ser motivo de sospecha, aunque en este caso flota la enorme duda de cómo un video de esa explosividad llegó a un diario como The Sun, más allá de que se encuentre en la tercera base naval de Estados Unidos, desde donde se embarcan los submarinos y portaviones nucleares que vigilan a Rusia y China. El video, de acuerdo con la información que se maneja dentro del gobierno mexicano, no fue enviado por un cártel enemigo del Del Golfo, de quienes Los Zetas son sus sicarios, sino que fue plantado por la Agencia para la Lucha contra las Drogas (DEA). Más aún, varios miembros del gabinete de seguridad nacional saben las razones de esa filtración y no son nada halagadoras. La DEA está notoriamente enfurecida con el gobierno mexicano y la difusión del video fue una seria llamada de atención que, sin ser el origen de su indignación, logró el objetivo de mostrar las contradicciones que se viven al interior del gabinete foxista.

La información establece que la DEA decidió filtrar el video después de que el gobierno incumplió con un compromiso adquirido con ella de detener a 40 desertores del Ejército mexicano que se habían cambiado de bando y habían ingresado a Los Zetas. El gobierno foxista respondió originalmente que no sabían ni quiénes eran en su totalidad los desertores, ni en dónde se encontraban. La irritación de Washington se elevó sustancialmente y, en una fecha que no precisaron las fuentes de primer nivel gubernamental, la DEA envió un memorando con los nombres y apellidos de los 40 desertores, así como la ubicación en donde se encontraban en esos momentos. Junto con ello, envió un ultimátum al gobierno mexicano para presionar a su captura. El ultimátum fue ignorado y, hasta la fecha, no se ha detenido a los desertores. A la DEA se le agotó la paciencia con las autoridades y para hacerles ver la molestia, entregó el video a la prensa.

La divulgación del video desnudó al gobierno mexicano. La PGR tuvo que admitir que quienes participaron en la tortura y ejecución de varios Zetas eran miembros de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), que una semana antes había tenido un evento para anunciar su modernización ante la presencia del presidente Vicente Fox, quien elogió a la institución. Luego la PGR, que había investigado el video desde mayo pasado y arrestado a ocho de los presuntos involucrados, también reconoció que cinco de los agentes acusados de tortura, fueron liberados hace tres meses por falta de elementos. La bomba colocada por la DEA provocó tensión entre la PGR y la AFI, aunque esta sea parte de la primera, y de varios sectores del gabinete de seguridad nacional con la Secretaría de la Defensa pues, finalmente, fueron sus mejores soldados, integrantes de los cuerpos de élite, los que traicionaron a la institución y se fueron a trabajar con narcotraficantes.

La carga de profundidad que puso la DEA al gobierno a través del deporte de moda en la política mexicana que son los videoescándalos, fue un golpe, como dicen, abajo del nivel de flotación. Las autoridades mexicanas aún no terminan de sacudírselo, y todos los días han aparecido ante la opinión pública para dar explicaciones o justificaciones. Lo grave es que, en el fondo del nuevo enfrentamiento con la DEA, el video es irrelevante, pues ahí no se encuentra la fuente de la molestia. Saben en Washington que desde que la AFI cambió de mando a un civil por un militar, casi el 70 por ciento de la fuerza de la Policía Judicial federal regresó a los cuarteles al finalizar su comisión, y comenzó una reestructuración con nuevos agentes que se fueron integrando, reclutados y entrenados con técnicas que no se habían empleado antes, y que forman parte de un proceso de depuración y saneamiento de la agencia. Los agentes de la AFI que han sido vinculados con el narcotráfico pertenecen a la generación de elementos con el destino decidido. Es decir, el mensaje del video no modifica la relación institucional en la materia. Es peor que eso.

Lo que transmitió la DEA codificadamente es una protesta onomatopéyica por la inacción contra los desertores. El memorando fue enviado a la PGR, pero no es el destinatario final. La institución que no ha aparecido manchada en este episodio, es la principal depositaria de la molestia, la Secretaría de la Defensa Nacional, cuyos cuerpos de élite son entrenados por las fuerzas de élite e inteligencia de Estados Unidos. Soldados con ese nivel de conocimiento y entrenados para matar, operando del lado enemigo, no es algo que los tenga tranquilos en Washington. Están viviendo la experiencia con Osama Bin Laden y Al Qaeda, y seguramente no quieren ver repetido el fenómeno convertido en amenaza. Esto significa que las cosas no han parado, y que debemos esperar más incidentes como este. A menos, claro, que el gobierno mexicano tome nota y empiece a actuar deteniendo desertores y mostrando que en la lucha contra el narcotráfico, no hay dobles discursos.

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