EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 01, 2006

El secretario de la Defensa, general Clemente Vega García, quiere todo. Primero, que el nuevo presidente Felipe Calderón cree una Secretaría de Guerra que tome bajo su mando al Ejército y la Fuerza Aérea, hoy bajo control de la Secretaría de la Defensa, y a la Marina, que perdería su rango de Secretaría de Estado. Y segundo, que esa nueva secretaría quede en manos de su delfín, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, comandante de la Novena Región Militar en Cumbres de Llano Largo, Acapulco, Guerrero. Casi nada.
En el primer caso, desconociendo en absoluto la vieja rivalidad entre soldados y marinos, que trasciende por mucho la enemistad entre el almirante Marco Antonio Peyrot, secretario de Marina, y el general Vega García, no sólo fue materia de discusión en los grupos de trabajo satélite que tiene Calderón, sino que algunos de sus colaboradores realizaron consultas con altos funcionarios del gobierno para saber qué pensaban de esa posibilidad. Casi es una obviedad decir que lo consideraron un disparate, junto con la percepción de que el general, viendo la inmadurez de sus interlocutores, les quiso tomar el pelo. La idea está sepultada, pero no deja de ser relevante para entender la dinámica en la que se mueve el secretario de la Defensa.
El objetivo central es la designación del general Cienfuegos Zepeda, quien no es el militar más experimentado de los generales de tres estrellas que envió el secretario de la Defensa para revisión y análisis al equipo de transición de Calderón, y de donde se supone saldrá su relevo. No obstante, reconociendo el interés del general secretario, es a quien más atenciones le han dado. En cuando menos tres ocasiones, según colaboradores de Calderón, el responsable de entrevistar a los candidatos a secretarios de Estado, Eduardo Sojo, se ha reunido con él, cuya cortesía no lo descarta, sino que ubica a Cienfuegos Zepeda con amplias posibilidades de quedarse en el cargo.
Compite, eso sí, con figurones. Uno de ellos, que por tener más experiencia que el general Vega García tuvo que ser incluido en la lista, es el general Tomás Ángeles, de sangre revolucionaria, con una carrera que lo llevó como agregado militar a Washington, donde hizo la primera gran defensa en contra de las intenciones estadunidenses de achicar al Ejército Mexicano e imponerle tareas específicas cuando redefinió el Pentágono su estrategia global, y como secretario particular del anterior secretario, el general Enrique Cervantes Aguirre. Receloso de ese pasado que el general Vega García quiso borrar a toda costa, enviando al retiro a más de 16 generales altamente reputados, mandó al ostracismo al general Ángeles, recluyéndolo en el Instituto de Seguridad de las Fuerzas Armadas, donde actualmente se encuentra, y vigilado para evitar que se mueva o que establezca contactos más allá de los círculos castrenses.
Pero el general Ángeles no es el mayor escollo para los generales Vega García y Cienfuegos Zepeda, sino el general Juan Alfredo Oropeza Garnica, quien tiene a su cargo Industria Militar, y con otro historial dentro del Ejército como experto en lucha contrainsurgente que combatió al EPR entre 1997 y 1999, y herido en la línea de fuego. A diferencia de Cienfuegos Zepeda, a quien ven con cejas levantadas en Washington, Oropeza Garnica tiene las particularidades que desea el Pentágono en estos tiempos de guerra global contra el terrorismo: experiencia de campo y contrainsurgencia. Oropeza Garnica tiene pocos manchones en su carrera, como uno administrativo cuando trabajó en la ayudantía del secretario Antonio Rivielo, quien lo envió por ello como agregado a Venezuela, y el que haya estado dando contratos militares a Israel, por encima de las empresas estadunidenses. Pero eso, dentro del equipo de Calderón, no parece pesar. “Si está limpio de narcotráfico –señaló uno de sus colaboradores–, lo demás es pecata minuta”.
La fuerza de Oropeza Garnica quiso ser debilitada en septiembre cuando en medio del megaplantón en la ciudad de México, el general Vega García lo designó como comandante de la parada militar del 16. Todos aquellos que lo han sido en el último año del sexenio, como Juan Arévalo Gardoqui en 1982, Rivielo en 1988, Cervantes Aguirre en 1994 y Vega García en 2000, han sido designados secretarios de la Defensa. Pero para Oropeza Garnica era una navaja de doble filo. La protesta callejera de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador que buscaban presionar al tribunal electoral, que se extendía exactamente sobre la ruta del desfile, estuvo a punto de no ser realizado. La intervención de particulares como puente entre el jefe de Gobierno del Distrito Federal y el secretario de la Defensa, desanudó la madeja que le habían entregado a Oropeza Garnica. De no haber habido esa parada, seguramente su candidatura sería hoy una anécdota.
En esa situación parece encontrarse el segundo escogido por Vega García, el general Javier del Real Magallanes, que recién acaba de ser trasladado de la II Región Militar en Mexicali, a la IV Región Militar en Monterrey. Si la lectura kremliniana del Ejército Mexicano es acertada, Del Real Magallanes ha sido puesto fuera de combate por la Secretaría. Su carrera y Monterrey se complementan. La capital regia es actualmente uno de los tres puntos más sensibles en el país de la guerra entre los capos del narco, y lo envían indudablemente por su experiencia en inteligencia, en buena parte obtenida como jefe de la Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa –encargada de inteligencia– durante el alzamiento en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio. A Mexicali enviaron a Sergio Aponte Polito, bien visto dentro de los generales de tres estrellas, y que siendo comandante de la Novena Zona Militar realizó en Sinaloa hace pocos años y frente al general Vega García, el primer discurso público contra la narcopolítica.
Entre un grupo de generales quisieran añadir a otros dos Sergios en la lista final, López Esquer, y Ayón Rodríguez, hermano de un general retirado y que ha estado más cerca del PRI que del PAN. No se sabe, salvo el caso de López Esquer, jefe de la VI Región Militar en Veracruz, que también se encuentren los otros dos Sergios en la lista entregada al equipo de Calderón. Pero esto no significa que no quisieran tener otros elementos adicionales los generales. Por ejemplo, el general Fernando Meza Castro, comandante de la X Zona Militar, a quien en círculos castrenses señalan que si hay un caballo negro, él lo será. Es difícil que así sea, pues siempre se respeta la lista que envió el secretario de la Defensa en turno. Pero si las grillas militares no están afuera de la planilla enviada a Calderón, tampoco, para infortunio del general secretario, la decisión final sobre su sucesor.

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