EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 06, 2006

Montevideo. José Mújica tiene 71 años, le faltan los dientes frontales y vive en el campo, a
40 minutos de esta capital en una casa humilde que hasta hace dos años tenía piso de
tierra y que todavía tiene paja amontonada en el suelo del cambio de techo por uno de
asbesto. Cuida un invernadero al que le da forma y vida. Es defensa y prédica de un
hombre singular, que sobrevivió más de una década en el aislamiento total, salvo por sus
torturadores que lo dejaban colgado en las noches de invierno con medio cuerpo
sumergido en agua y de día le daban choques eléctricos en los testículos cuando la
dictadura acabó con los Tupamaros, de quien era uno de sus jefes militares, y que hoy es
la razón por la que Tabaré Vázquez gobierna Uruguay y la izquierda latinoamericana tiene,
en medio de su crisis de pensamiento, una posibilidad real de evolución intelectual.
Pepe, como todos los conocen en Uruguay, es senador con licencia y ministro de
Ganadería. Su claridad y actitud moral y política le dio 30 por ciento del voto a Vázquez,
quien tuvo en el partido político que encabezan los ex guerrilleros Tupamaros la principal
fuerza de la coalición gobernante. Tras Mújica se fue el voto de los pobres, y el de las
clases medias, e inclusive, alguno de las clases más pudientes. Galvanizó esa fuerza a
través de uno de los pensamientos de izquierda más refinados en América Latina, en
evolución permanente, y que presenta una verdadera opción ante los charlatanes
arropados en trazos ideológicos vacíos. Ese avance lo define como “ética del
conocimiento”, a través de lo cual comprendió, como sus viejos camaradas, que la lucha
armada había dejado de ser una opción.
“Para tratar de participar, para superar siquiera las iniquidades, no podíamos sentarnos en
la vereda a esperar la utopía, sino a meterse en los hechos y resolver los problemas de la
gente”, dice Mújica, quien escapó de la cárcel de Punta Carretas, hoy convertida en el centro
comercial más importante de Uruguay, y que se exilió en Cuba ayudado por otro personaje
peculiar, Fernando Gutiérrez Barrios. Pero, confiesa, si no hubieran vivido lo que vivieron, en
la represión, la cárcel y el exilio, tampoco podrían haber llegado los Tupamaros a esta
nueva concepción de la política de izquierda. “Esa cárcel, durante más de una década de
soledad absoluta, fue un laboratorio para nuestra propia personalidad”, recuerda. “Cómo
no volverse loco era el desafío, cómo galopar hacia dentro. Lo extremo y lo malo, no es que
nos gusten, pero también tienen sus lados buenos. Toda derrota y todo desastre tienen
una siembra si sabemos encontrarlo”.
Los Tupamaros eran un referente entre las guerrillas latinoamericanas. Educados sus
líderes, sofisticados sus métodos, creativos para soportar a una de las dictaduras cuando
la doctrina de seguridad nacional era el imperativo estadunidense en un país sin montañas
ni escondites naturales, varios de ellos forman ahora parte del gobierno de Vázquez. “Hoy
nos toca el oficio de lidiar con la realidad, y no vamos a tocar el cielo con las manos, pero
quizás unos cuántos más coman todos los días”, dice Mújica. “Estamos en una época de
tránsito, intermedio, donde no terminamos de entender a los viejos dioses que son
fetiches, porque no hemos podido crear nuevos paradigmas. Por eso es una época por un
lado frustrante y por la otra bastante negativa en el pensamiento, porque lo que
planteábamos hace unas décadas tuvo una implosión, pero el mundo nos colocó en que
esas viejas premisas, esos viejos caminos, no nos llevan a ningún lado”.
Cuando uno escucha a Mújica en el contexto clásico de la izquierda, puede llegar a
desconcertar. Es un simpatizante de la integración comercial y del libre mercado, pero no
ha dejado de ser un socialista revolucionario. “La izquierda tiene una crisis de pensamiento
brutal”, admite. “Por un lado se aferra a patrones viejos, a su vieja iglesia, porque necesita
luz y no la encuentra sin mirar hacia atrás. Por otro, negocia y se pasa a la avenida de
enfrente con el pretexto de que es una nueva izquierda, pero no es nueva sino abdicación.
No tenemos respuesta para semejante dilema, pero nos acercamos a los dilemas con
armas melladas. Ha habido una revolución total y no la hemos incorporado al
pensamiento. De nuestros abuelos recogimos el racionalismo, pero también el fanatismo y
el absolutismo. Nos sirve conocerlos para no cometer los errores de ellos, y también para
tener el coraje de cometer nuevos errores”.
Latinoamérica no parece una región donde haya una izquierda que camine por semejante
vereda. Lula parece ser el subproducto más refinado, pero Néstor Kirchner, que asume un
liderazgo peronista que muchos identifican como un populismo de derecha, se acerca más
a la decepción. Los social demócratas chilenos pueden haber cruzado la avenida que
menciona Mújica, y a Alan García lo ven en América del Sur como alguien que, en definitiva,
se mudó de campo. Hugo Chávez está mucho más cerca de Perón, y Andrés Manuel López
Obrador es más un híbrido entre Luis Echeverría y Kirchner. ¿En dónde evolucionaron los
Tupamaros? ¿En dónde Mújica? “Cómo empezó, no lo sé –dice–. Pensando sólo abstracto
puede llevarnos a una hermosa nebulosa. Sin embargo, a pesar de su hermosura puede
estar muy alejado de la realidad. Puede ser un callejón sin salida o llevarnos a ninguna
parte”.
Cuando salieron de la cárcel no pensaron en la continuación de la lucha armada. Pensaron
en la gente, en las masas, que Mújica sigue pensando que es donde se encuentra la
fuerza potencial. “Pero hay que respetarlas. Las masas son Sancho, pero al final, Sancho
también es El Quijote”. Optaron por incorporarse a la vía legal y constitucional, integrándose
en el Frente Amplio que hoy gobierna Uruguay. “La vida nos fue enseñando que había un
conjunto de recursos políticos y posibilidades. Plantear la lucha armada en esas
condiciones hubiera sido un error tan fantástico que se hubiera visto como un gesto de
provocación. Después se fueron acumulando transformaciones en el mundo que si
hubiéramos estado en armas, nos habríamos divorciado de la gente y nos hubiera
convertido en un instrumento de la derecha reaccionaria”.
El nuevo pensamiento de izquierda que refleja Mújica ya no plantea el paraíso de un mundo
sin clases. Pero cuidado, ataja, “no abdicamos a nuestra vida socialista. Lo que creemos
es que no habría ninguna sociedad socialista en sociedades pobres y analfabetas. El
socialismo es una fruta madura que requiere sociedades educadas. El socialismo no se
puede dar en una sociedad bruta. Hay que refrendar el campo del pensamiento, es
absolutamente necesario porque el capitalismo está cuestionando todo”. ¿Cómo se ha
dado la sofisticación del pensamiento? “Pertenecemos a una clase de viejos luchadores
–confía– con más humildad, por el tamaño de nuestra derrota”.

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