EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 10, 2006

La principal alianza con sectores fuera del panismo que había logrado cuajar Felipe Calderón durante su azarosa campaña presidencial, está rota. Desde hace dos semanas, el Presidente electo habló claro con la maestra Elba Esther Gordillo quien puso a decenas de miles de maestros al servicio electoral de Calderón, en el norte del país, y de Andrés Manuel López Obrador en el centro y sur, al pedirles –o exigirles– que votaran por quien desearan el 2 de julio, menos por Roberto Madrazo. La maestra aceitó los vasos comunicantes de Calderón con algunos gobernadores priístas, como Natividad González Parás de Nuevo León y Eduardo Bours de Sonora, y el magisterio oficial lo cobijó como a ningún candidato, inclusive el suyo propio de Alianza Nacional. Pasadas las elecciones, la maestra se fue a residir algunos meses a Argentina y venía a México ocasionalmente para reposicionarse políticamente, hasta que llegara el momento de pasar la factura por los servicios prestados.
Figura salvaje en el imaginario político mexicano, a la maestra se le adjudicaban hazañas y leyendas. El retorno de utilidad electoral crecía con las semanas. ¿Qué tantos cargos le serían entregados como compensación electoral en el gabinete? La prensa los identificaba: las carteras de Educación para Esteban Moctezuma, y de Seguridad Pública para Miguel Ángel Yunes, cuando menos dentro del gabinete. El ISSSTE para Roberto Campa, su candidato presidencial, y Nafin para su otro cercano Tomás Ruiz. Para ella, la embajada en Buenos Aires, donde ya estaba buscando casa para vivir y dejar el hotel discreto en el que se hospedaba. Sin embargo, en las dos últimas semanas, las señales cambiaron drásticamente. Calderón, de acuerdo con personas que conocen detalles de la dinámica dentro de su equipo, empezó a mostrar el camino que seguiría.
Sin ser un verbatim de sus conversaciones, Calderón planteó que él había cumplido con su compromiso, ganar la elección presidencial y evitar que Madrazo llegara al poder. De hecho, los compromisos realizados por el entonces candidato con diversos sectores, recibieron la misma respuesta: él cumplió y a partir del 2 de julio, todo era un nuevo juego. En esta lógica, le quedó claro a la maestra que Educación –no Moctezuma, que en realidad nunca fue parte de ninguna negociación seria– no sería una cartera que le entregaría. La Secretaría de Educación Pública se la daría, era la consideración en ese momento, a Juan Carlos Romero Hicks, el ex gobernador de Guanajuato que fue rector en la universidad de su estado y que ha ocupado cargos en organismos como la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).
Yunes, por quien parecía que la maestra echaría todo su peso político, también se cayó del gabinete. Durante el difícil tránsito postelectoral, el coordinador de seguridad del gobierno federal estuvo cerca del Presidente electo y era una persona a quien consultaban regularmente. Parecía, por méritos propios y los otorgados por la maestra, como una persona que podía asumir la Secretaría de Seguridad Pública, toda vez que por las condiciones actuales en el país, Calderón no la desaparecería para enviar sus atribuciones a una nueva Secretaría del Interior, en lo que se iba a convertir Gobernación. Otra opción que se llegó a pensar era la Procuraduría General de la República, especie que se cimentó cuando se reunieron Yunes y el coordinador priísta en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, la cámara por donde tendría que pasar tal nombramiento. Yunes, un ex priísta que estuvo a punto de hacerles perder la gubernatura en Veracruz, parecía estar allanando todos los caminos.
Pero Calderón dijo que Yunes tampoco. ¿La PGR? Jamás. Ni siquiera llegó a tomar en cuenta las insinuaciones para que el actual procurador Daniel Cabeza de Vaca pudiera repetir. Desde un principio, el Presidente electo recibió los consejos de un viejo amigo, el ex procurador general Antonio Lozano Gracia, con quien había trabajado su cuñado Juan Ignacio Zavala –recién contratado por una multinacional de comunicación–, y de otro viejo amigo de la Escuela Libre de Derecho, el abogado Julio Esponda, un exitoso litigante de empresarios como Carlos Cabal Peniche y Jorge Lankenau –ante la PGR, por cierto–, y de relaciones con ministerios públicos federales que suelen levantar las cejas de muchos. Esponda sería el hombre que, si no surgen problemas de conflictos de interés en las próximas semanas, asumirá el cargo de procurador general.
¿Y la Secretaría de Seguridad Pública? Tampoco sería para Yunes. Calderón parece haberse dado cuenta de la importancia estratégica del cargo después de una muy mala experiencia con las mujeres de México Unido contra la Delincuencia, que le reclamaron la vaguedad y superficialidad de sus ideas políticas para combatir el fenómeno. En el equipo de transición comenzó a circular el nombre de Jorge Tello Peón, que fue director del Cisen en el gobierno de Ernesto Zedillo, y que después de una lucha exitosa contra el cáncer lo contrató Lorenzo Zambrano para que instalara en sus 26 plantas de Cemex en el mundo los sistemas de seguridad que tienen en México, algo que ha cumplido en un 30 por ciento hasta ahora. Pero Zambrano no fue quien lo recomendó. Tello Peón pertenece a un grupo de profesionales de la seguridad que ha sido el más exitoso en los dos últimos sexenios, aunque muy perseguidos al iniciar este gobierno. Su nombre fue consultado con el actual secretario de Seguridad Pública, Eduardo Medina Mora, quien habló bien de él. Tello Peón, entonces, iría a Seguridad Pública, pero no solo. Con él irá otro profesional, Genaro García Luna, quien se encargará de integrar una policía nacional, que describió funcionalmente hace pocos meses en un libro que, por cierto, fue presentado por quien será coordinador de seguridad pública de Calderón.
La maestra se quedó sin cartas fuertes. Campa tuvo que ser reacomodado como presidente del Partido Alianza Nacional, y no está claro si finalmente Ruiz irá a Nafin. Originalmente pensaban que otra pieza estratégica de Gordillo, Benjamín González Roaro, se quedara en la Cámara de Diputados, aunque en un reacomodo político, podría ir al gabinete ampliado. En cualquier caso, el cobro político sufrió una devaluación significativa, algo que no debe tener contenta en absoluto a Elba Esther Gordillo. Qué obtuvo Calderón a cambio de ello no está claro, pero quizás se construyó una enemiga con potencial explosivo. La alianza que forjaron está rota y no se sabe la evaluación de costo y beneficio. Lo que sí está claro es que hay una recomposición de alianzas con otros grupos que gradualmente irán apareciendo, como en el caso de la seguridad, en las próximas semanas.

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