EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 21, 2006

Cuando le explicó a Fidel Castro su teoría sobre el socialismo cuántico hace algún tiempo, el líder cubano se mostró interesado, pero su esencia, el rechazo a la concentración del poder político para distribuir el poder económico, definitivamente no le gustó. Ernesto Samper dijo al terminar de escucharla que lo cuántico asustaba a los políticos, y lo socialista a los físicos. Igual sucedió con los social demócratas europeos y con muchos latinoamericanos que no han entendido nada todavía. De hecho, recuerda su autor Rolando Araya, nadie, cuando ha explicado su teoría, ha tomado nota alguna de sus palabras.
Araya es otro de los revolucionarios del pensamiento dentro la izquierda latinoamericana. Presidente de la Internacional Socialista (IS) para América Latina y vicepresidente a nivel mundial, ha desarrollado una nueva forma de pensar desde la izquierda. Rompe tajantemente con las doctrinas y las ortodoxias, con Hegel, con Marx y con Gramsci por ser excluyentes, y se aleja de los modelos económicos por no tener viabilidad futura y porque, además, dice, su discusión es obsoleta y estéril. “La dirigencia política de la región lee casi sólo encuestas de opinión y contrata a especialistas en comunicación”, critica. “Los políticos de hoy están interpretando la cresta de la ola, lo que pone de moda la tendencia consumista”.
Severo con la clase política regional, es implacable al desafiar todos los referentes de la izquierda actual. Hace varios años en una reunión de la IS en Marruecos, Araya hizo la primera crítica del enfoque economicista que se estaba imponiendo a la discusión sobre el papel de la izquierda en un mundo global. No hubo mucho eco, aunque Felipe González lanzó un proyecto, Progreso Global, del cual Araya formó parte. No pasó mucho, salvo que “lo que hizo Felipe fue delatarse: ya no es de izquierda”. De la izquierda latinoamericana, ni qué decir. Algunos por obsoletos, otros por ortodoxos, y unos más, como Andrés Manuel López Obrador, “porque no le alcanzó el voltaje para ser líder”. En síntesis, dice, no hay pensamiento hacia delante sino maniqueo, “lo que lleva a la derecha no a escoger al más apto o el más capaz, sino al más pendejo, por usar términos mexicanos”.
La izquierda, afirma, no ha sabido responder a los retos que implica un mundo globalizado e interdependiente. El rechazo con viejos conceptos ideológicos, no funciona. Hay muchos líderes de izquierda que tratan de emular a Keynes y llevar al Estado al rescate de los pobres, pero cuestiona ese extendido pensamiento lineal. “El bienestar no puede ser decretado, sólo conquistado”, asegura sin temor a romper paradigmas. Su distancia teórica de los pensadores de izquierda, es notoria. Igualmente ve anacrónicos a aquellos que no han entendido que el mundo tiene que ser incorporado en el pensamiento, como lo hace cuando se refiere a líderes como López Obrador, quien le sorprendió que ni entendiera ni se interesara en lo que pasaba más allá de las fronteras mexicanas. Ellos no son su referente, salvo para lo que no hay que hacer.
Bebe de la física cuántica, cuyas bases teóricas fueron establecidas en 1900 por el físico alemán Max Planck, quien dijo que la materia sólo puede emitir o absorber energías en pequeñas unidades que llamó “cuantas”, y estudió su dinámica de interacción. En las siguientes tres décadas, los físicos más notables del momento pensaron en el mismo tema, y el trabajo colectivo –con Einstein como uno de sus punteros– le dio sentido a la teoría. Araya, como los físicos alemanes y austriacos que profundizaron en lo cuántico, la separan de la física newtoniana, que se basa en la separación de los átomos. Araya lleva lo abstracto a lo concreto, y lo enmarca en la dinámica de las relaciones humanas que, a diferencia de las ciencias, son absolutamente subjetivas. Simple: se aleja de la fragmentación y el individualismo newtoniano, y ubica el pensamiento en la agregación de las pequeñas unidades de energía que maximizan sus resultados en la cuántica.
Con los fundamentos físicos incorporados en un nuevo pensamiento, rompe también con los marcos de referencia de la izquierda. No hay demagogia ni lugares comunes. Plantea como programa de acción una profundización de la democracia, entendiendo por esto la distribución de todos los poderes, el político, el económico, el social y el ambiental. Introduce de manera superlativa el tema ambiental, donde en lo que podría parecer un sacrilegio de la izquierda, coincide con la proposición aterradora del Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos sobre el calentamiento global. La energía es otra parte esencial de esa nueva concepción programática de la izquierda, pero no en la mera defensa de los recursos no renovables, vieja discusión ideológica en muchos países, sino en la exploración de nuevas fuentes, como el hidrógeno, que remplazará a los hidrocarburos en el mediano plazo y que, cuando menos en América Latina, no hay conciencia de ello.
Araya es una revolución en sí mismo, y está profundamente influenciado por un profesor de la escuela Wharton de negocios de la Universidad de Pensilvana, Jeremy Rifkin, quien en 1995 dio forma al debate sobre el desplazamiento de la mano de obra por la tecnología y el futuro del empleo en un libro The end of work, y en 2000 volvió a abrir muchas mentes con The era of access, donde explora los cambios en el sistema capitalista al hacer la transición de los mercados geográficos a las cadenas de comercio electrónico, vía internet.
La ortodoxia imperante en la izquierda latinoamericana va a ser un muro en los innovadores planteamientos de Araya. Sobretodo, porque plantea nuevas formas de organización que hoy coinciden con algunas acciones de los partidos y los políticos, como en el caso de López Obrador en México, pero que se desdoblan en nuevas formas de acción y reacción en campos como los ambientalistas, o el de los altermundialistas, que buscan reformas sociales por fuera de las instituciones conocidas, en un mundo ya marcado por fuerzas que no gobiernan. Para Araya, las dominantes hoy en día son aquellas inspiradas en la codicia. Pero están las otras, aún sin articulación colectiva e interacción, como en la física cuántica, que están en el umbral de las sinergias. Parece que cuando finalmente se dé esta explosión del nuevo pensamiento de izquierda, será muy tarde para sus propósitos, aunque Araya no lo ve así. Hoy lo pueden tachar de utópico y un romántico que ve en el ascenso de la calidad de vida, el motor de la nueva izquierda. Pero en una cosa está correcto: los factores que acelerarán ese proceso están presentes. El sistema capitalista global, en sus bases de crecimiento, la energía y el medio ambiente va rumbo al colapso. La crisis como siempre, es ese ingrediente que vanguardistas como Araya están esperando.
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