EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 22, 2006

Del anuncio del gabinete económico anunciado por el presidente electo Felipe Calderón, se podrán decir muchas cosas. Una, que neutralizó el impacto político-mediático de Andrés Manuel López Obrador tras su toma simbólica de poder este lunes. Otra, que el PAN empezó mal por su poca representación, pues aunque queda un panista histórico, Rodolfo Elizondo, quien repetirá en Turismo, los otros dos del partido, o no son viejos cuadros, como Eduardo Sojo, que va a Economía, o de reciente ingreso, como Javier Lozano que va a Trabajo. Una más también sería que Calderón, con maestría en el ITAM, llevó a trabajar con él a tres itamitas: Agustín Carstens, Luis Téllez y Georgina Kessel, para Hacienda, Comunicaciones y Energía. Pero lo más importante de este gabinete está en lo que significa su composición.
Calderón ha estado engañando con la verdad. Si su política económica tendrá como ejes básicos el empleo y la infraestructura, su línea de golpeo será combatir los monopolios. En este sentido, la conformación del gabinete económico pasa por la lógica de la desregulación donde prácticamente todos los nombrados tienen antecedentes en su portafolio profesional. Carstens será el jefe, pero altamente significativos serán Lozano, quien hizo de su oposición a la Ley Televisa una cruzada, y Kessel, persona muy ligada al secretario general de la OECD José Ángel Gurría, maestra de Calderón en la maestría y colaboradora estrecha del rector del ITAM, Arturo Fernández, quien es uno de los especialistas mexicanos en desregulación. El presidente electo cree que la única forma como podrá avanzar en el desarrollo mexicano será a través del rompimiento de los controles monopólicos, que traiga no sólo ventajas a los consumidores sino permita la llegada a México de nuevas inversiones y mejore la competitividad, donde, según el último informe sobre competitividad global del Foro Mundial de Davos, se encuentra en el lugar 58, debajo de todas las economías emergentes.
El principal foco es en el campo de las telecomunicaciones, donde Telmex es el icono de prácticas monopólicas. Telmex controla el 25 por ciento del mercado de servicios telefónicos fijos y móviles en el país, con 18.6 millones de líneas de un total de 74 millones de 74 millones de servicios alcanzados hasta septiembre. Pero, si se considera América Móvil, otra empresa de Carlos Slim, el porcentaje se eleva considerablemente. Su caballo de batalla Telcel tiene 40.7 millones de clientes, lo que sumaría 59.3 millones de usuarios en ambas empresas, que le da una participación del 80 por ciento del mercado. Este control se traduce en altos precios para el consumidor. Por ejemplo, el consumo residencial anual en telefonía fija local asciende en México a 671 dólares, mientras que en Estados Unidos es de 425 dólares. En llamadas internacionales, las tarifas mexicanas son más del doble que en los países más ricos del mundo.
A la par de Telmex está Televisa, cuyos canales de televisión son vistos por 7 de cada 10 televidentes en el país. Ese dominio no sólo les trae dividendos comerciales y políticos, sino les permite manipular al gobierno. Sus abogados redactaron la derogación de los tiempos oficiales y de la nueva Ley de Radio y Televisión que prolongará su hegemonía, y su poder es tan marcado que cuando se le llegó a preguntar al presidente Vicente Fox sobre qué posibilidades habría en su sexenio de que se abrieran nuevas frecuencias de televisión, respondía que mejor le preguntaran a Emilio Azcárraga. Hay una demanda generalizada para que se rompa el control de ambas empresas, lo que tendrá que hacer Téllez, quien será el único de los nuevos secretarios que se vea en una paradoja: durante el gobierno de Ernesto Zedillo, él fue el responsable de realizar la ingeniería financiera que le permitió a Azcárraga hacerse del control de la empresa. La decisión de Zedillo fue de Estado: o ayudaban a Azcárraga o era probable que la empresa terminara siendo absorbida por el magnate australiano Rupert Murdoch.
Esa decisión, como la también zedillista de aprobar las leyes que le dieron el control cuasi monopólico a Telmex, han costado mucho a los mexicanos. Pero ubicar a Telmex y Televisa como las únicas empresas que controlan los designios mexicanos sería errado. Los bancos son otro sector dominado por unos cuantos. De 30 instituciones financieras que operan en México, BBVA, Banamex, Santander y HSBC controlan el mercado. Poseen el 73.64 por ciento de la captación total, el 71.54 por ciento de los activos y el 72.44 por ciento de la cartera total, de acuerdo con los datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Esto se traduce es recargos a sus clientes mexicanos muy por encima, por ejemplo, de lo que tienen que pagar los consumidores en Estados Unidos. Por ejemplo en intereses en tarjetas de crédito, donde al pagar 35% en México las tasas son significativamente más elevadas en comparación con los socios mexicanos en el TLC. O en términos de créditos hipotecarios, las tasas de interés son ocho puntos porcentuales más altas que los Cetes, mientras que en Estados Unidos no son más de uno o dos puntos por encima de los bonos del Tesoro. Los analistas internacionales consideran a México como el país más rentable para la banca, aunque es a costa de los clientes. Por ejemplo, Bancomer logra un margen de negocios 4.2 veces superior a su matriz BBVA en España.
Los altos costos financieros impiden tener una economía más dinámica o la creación de mercados nuevos, como el mercado de segunda casa, pues el costo del dinero es sumamente alto. Pero hay otros sectores menos visibles que también producen altos costos para el consumidor porque el predominio que tienen sobre el mercado impide el abatimiento de los precios. Bimbo, que controla el mercado del pan, Bachoco, que domina el mercado en del huevo, o Cemex, el del cemento. Pero están Pemex y la CFE, para lo que llegó Kessel, que desde hace una década ha planteado la autogestión en esas empresas paraestatales. O los seis grupos que manejan toda la radio en el país, que será también responsabilidad de Téllez.
¿Hasta dónde quiere llegar Calderón? Sus colaboradores dicen que hasta el fondo. ¿Podrá? No está claro. Con Carstens como el general en la línea de fuego, el perfil desregulador de su gabinete económico sugiere que se alista para la guerra contra los dueños reales del país, pero en el otro campo, el de las grandes empresas, ya los están esperando. Para lograr el objetivo se requiere no sólo de la voluntad política sino también de la decisión de enfrentarse a enemigos poderosos y llegar en igualdad de fuerza. Hoy en día, abiertos flancos por todos lados, no la tiene. El pronóstico es que Calderón saldrá derrotado o terminará subordinado ante los grandes capitales mexicanos. Pero no se le puede cantar el réquiem. Esta disputa por la nación, apenas comienza.

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