EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 29, 2006

Felipe Calderón asume este viernes la Presidencia de México. Pero, a diferencia de todos sus predecesores, ¿asume el poder? Con un 65 por ciento del electorado en contra, golpeado por la oposición, minado por el presidente Vicente Fox que no dejó de hacer activismo político en detrimento del electo, con el PAN peleando cada palmo del gabinete y una cada vez más clara incompetencia profesional de su equipo íntimo, Calderón llegará en una situación de extraordinaria debilidad a Los Pinos. Tendrá el poder formal, pero no el real. El desorden con el cual está terminando de integrar su gabinete es apenas una pincelada de esto, como consecuencia de los grupos de interés reclamando pedazos del pastel y arrebatándoselos.
Con cinco días de retraso dio a conocer este martes un retazo de su gabinete de orden y seguridad. Se quedó en un cacho muy pequeño de orden, y con otro aún más chico de seguridad. Quien resume en su cargo las dos tareas es el titular de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, cuyo talante es precisamente lo contrario de lo que postula Calderón: salvaguardar el Estado de derecho. No sólo Ramírez Acuña tiene varios expedientes abiertos y violaciones a los derechos humanos por la manera troglodita en como aplica la ley, sino que la ha manipulado, como durante las recientes elecciones para gobernador en su estado Jalisco, donde desempolvó una investigación ya aclarada en contra del candidato del PRI para que, con la sospecha de vínculos con el narcotráfico, el electorado se volteara en su contra. La gubernatura la retuvo el PAN.
Calderón impuso su voluntad por encima de la extrema derecha del PAN y, de manera más notoria, soslayando la enorme repulsa que el potencial nombramiento de Ramírez Acuña había levantado, causa por la que se habían aplazando los nombramientos, comenzando el inconcluso desorden, la rebatinga de puestos y las indecisiones del presidente electo. Uno que cayó y volvió a subir fue Germán Martínez, quien le había pedido la Función Pública a Calderón y luego de que se la dio, se la quitó para dársela a una estrecha colaboradora, Beatriz Ruiz. Le ofreció Pemex pero, como ha sucedido con las dudas de Calderón en la conformación de su equipo, lo convenció de dejarlo en el puesto. Más dramática fue la designación en Relaciones Exteriores. Su primer candidato, Fernando Margáin, le dijo que no porque deseaba buscar la gubernatura de Nuevo León. Teresa García de Madero, la segunda opción, la declinó por razones familiares, al igual que Sandra Fuentes-Beráin. Patricia Espinoza, la nueva secretaria, no estaba en el radar. Fue traída este fin de semana de urgencia de Viena, como una medida emergente porque la aspirante, la subsecretaria Lourdes Aranda, fue vetada por los panistas. Sin bastar las prisas por encontrar canciller, cuyo género se volvió obsesión, Calderón decidió lanzarla con una puñalada en el corazón, al anunciar en paralelo que su asesor en política exterior. Arturo Sarukhán, sería el responsable de llevar la relación más importante de México, la de Estados Unidos, creándole una especie de ministerio sin cartera.
No fueron nuevos los problemas para armar un equipo. El mismo dilema de integración se dio en los gabinetes social y económico. Luis Téllez, por ejemplo, estaba seguro que sería encargado de la Cancillería cuando Calderón llegó a su cita en la víspera del anuncio de la primera parte del gabinete, y se sorprendió cuando el ofrecimiento fue para ser el titular de Comunicaciones y Transportes. Javier Lozano, quien celebró su cumpleaños el domingo previo con Calderón y su esposa como invitados, no sabía si le ofrecerían algo interesante en el equipo de gobierno, cuando, como regalo, recibió la encomienda de Trabajo. A Lozano lo había vetado Televisa por su oposición a la Ley de Radio y Televisión y a Téllez, como al futuro titular de Hacienda, Agustín Carstens, los llevó a cargos donde hay conflictos de interés. Téllez era hasta recientemente consejero de Cablevisión y del Grupo México, y la esposa de Carstens tiene una beca de Citibank.
Hacia delante, las cosas no mejoran. A Eduardo Medina Mora le han coqueteado para la Procuraduría General de la República, pero hasta el lunes pasado, no tenía noticias al respecto. Nuevos problemas enfrentaron con su candidato a la Secretaría de Marina, el almirante Raúl Santos Galván, al darse cuenta por la prensa y por una ineficiencia en la verificación de datos, que les resultó con una relación política con un connotado sicario del cártel de Sinaloa, asesinado hace algún tiempo. En Seguridad Pública, que habían abierto ante la posibilidad de que Ramírez Acuña terminara inviable en Gobernación, tampoco hay señales en ningún sentido. A Miguel Ángel Yunes, que la aspiraba, le ofrecieron el ISSSTE, con lo que trataron de recomponer una relación terriblemente maltrecha con la maestra Elba Esther Gordillo, a quien fueron relegando porque personas enormemente influyentes sobre las decisiones de Calderón repetían que el apoyo que tuvieron de los maestros en la campaña había sido ya pagado. Después de todo, era el argumento, ese respaldo había sido porque la maestra necesitaba a Calderón para sobrevivir políticamente.
Todo esto no significa, como en el caso de Martínez, que la integración del gabinete esté cocinada. Calderón no ha podido integrarlo ordenadamente y sólo a trompicones está terminando de hacerlo. Sin haber tomado posesión le estallaron los problemas en donde menos se esperaba. ¿Podrá gobernar? La pregunta se ha hecho en diferentes ocasiones, y por el circo en el que cayó la integración del gabinete, todo luce improvisado. En diversos lugares ya tienen dudas sobre si podrá gobernar. De hecho, el horizonte de su emproblemado arranque ya había sido dibujado por Calderón durante su reciente viaje a Washington. En varias reuniones le fueron preguntando cómo resolvería diversos problemas, a los cuales, uno por uno, respondió que no tenía ni el mandato ni el consenso político para atacarlos. Cuando esta respuesta se la dio a Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, cuando le inquirió sobre su programa social, el ex halcón del gobierno de George Bush quien desde el cargo número 2 en el Pentágono diseñó e impulsó la guerra en Irak, dejó de preocuparse por la pobreza. La gobernabilidad, comentaron dentro del Banco Mundial, es la prioridad para México. Con los tumbos dados por Calderón en la última semana, en efecto, qué importa ya el gabinete. Es lo de menos. Lo de más es que todas estas incertidumbres generadas a partir de la falta de operación política dentro de su equipo y la batalla campal con su partido por posiciones, elevan las dudas sobre su capacidad de gobernar. Muy pocos desean que le vaya mal, pero muchos están viendo en Calderón a un hombre que doblan las circunstancias y pierde control en el timón de mando.

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