EL-SUR

Lunes 15 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Fernando Gutiérrez Barrios y la Revolución Cubana

Ángel Aguirre Rivero

Junio 14, 2024

Conocí a don Fernando Gutiérrez Barrios allá por 1999, cuand concluí mi mandato como gobernador interino y Francisco Labastida Ochoa me había pedido coordinarle su campaña en los estados de Veracruz, Puebla y Oaxaca.
Sólo conversamos un par de veces con el oriundo de Alto Lucero, Veracruz. De trato amable y con muchas historias que contar, hijo de una señor que vendía paletas en la calle y que ingresó al Ejército Mexicano siendo muy jovencito, a los 20 años alcanzó el grado de capitán.
En su libro Dinastías, Ramón Aberto Garza define a Gutiérrez Barrios como el hombre que desde la Dirección Federal de Seguridad operaba en las cañerías del sistema politico mexicano. Gutiérrez Barrios ejecutaba las más oscuras consignas con por lo menos media docena de presidentes de la República, pero fundamentalmente con su mentor y protector: Luis Echeverría Álvarez.
Uno de de sus discípulos más conspicuos lo es sin duda Manlio Fabio Beltrones, quien hoy regresa al Senado al haber alcanzado la primera minoría en su estado natal Sonora, no obstante tener señalamientos de depósitos millonarios en paraísos fiscales.
Hay un hecho que marcó a Gutiérrez Barrios para siempre en el año de 1956, pues siendo agente de seguridad, logró capturar en la Ciudad de México a dos activistas revolucionarios: uno llevaba el nombre de Fidel Castro y el otro Ernesto Che Guevara, quienes habían instalado en Abasolo, Tamaulipas, un campamento para entrenar a compatriotas cubanos esperando el tiempo oportuno para derrocar al gobierno del dictador Fulgencio Batista.
Ramón Alberto Garza narra que al más puro estilo de la policía secreta que comandaba Gutiérrez Barrios, pudo haber desaparecido sin dejar huellas a Castro y al Che, pero sabía del valor que tenían esos jóvenes idealistas que lideraban el movimiento 26 de Julio por las causas revolucionarias de la izquierda latinoamericana. De haberlos desaparecido, Gutiérrez Barrios habría trastocado la historia del Siglo XX.
Luego de convencer al presidente Alemán de dejarlos en libertad, el pacto a cambio sería que nunca intentarían introducir ni sus ideas ni su movimiento, a territorio mexicano. Y como parte del pacto, Gutiérrez Barrios logró que el presidente Alemán le diera los fondos suficientes para la compra del mítico Granma, la embarcación en la que Fidel Castro y sus hombres emprendieron desde las costas mexicanas su viaje final para consumar el asalto al Cuartel Moncada y el triunfo de la Revolución Cubana.
Ese gesto recibió el eterno agradecimiento de Fidel Castro, quien 2 años después haría su entrada triunfal con algunos de los 82 guerrilleros con los que zarpó del puerto veracruzano de Tuxpan.
En 1997 Gutiérrez Barrios fue secuestrado por delicuentes con uniforme, utilizando una camioneta de Telmex, dicho evento lo desquició por completo y ya nunca volvió a ser el mismo, narra Ramón Alberto.
Su regreso a la escena política se dio en el año 2000, para postularse como candidato a senador de su natal Veracruz. Dos meses después de tomar posesión murió. Hay quienes aseguran que el féretro nunca fue abierto durante el sepelio. La presunción es que con “su muerte”, don Fernando vio la oportunidad de escapar de México para vivir en tranquilidad sus últimos días en las playas de Varadero al lado de su amigo Fidel que tanto le debía: su vida y su revolución.
Pasajes como éste y muchos más se pueden leer en el libro Dinastías, obra de Ramón Alberto Garza que se sumerge en el mundo del poder, la riqueza y las intrincadas relaciones familiares dentro de las élites políticas y económicas de México.
Esta obra es un apasionante y ágil recorrido por la historia de México, en el que advierte el divorcio de los políticos y grandes empresarios –una minoría opulenta–, de la gran mayoría de los mexicanos. División que de acuerdo con el autor, ocasiónó un rencor social y explica los cambios políticos de la última década.
El escrito ofrece una comprensión profunda de la política y los usos del poder en México.
El libro de Garza es profundamente crítico. Con una acidez corrosiva y con argumentos irrebatibles, desnuda los errores de los presidentes de la República sexenio tras sexenio, incluyendo el que está por concluir.
El autor nos narra la historia de un país que transcurre en alianzas y rupturas (los llama matrimonios y divorcios), movimientos pendulares y traiciones, de crisis en crisis en donde advierte “un mal final, hasta ahora, para ese cuento llamado México”.
Dinastías de Ramón Alberto Garza, es una obra fundamental para entender la política y los usos del poder en México.

Del anecdotario

Hace unos días desayunando con mi querido amigo Jorge León Robledo, con quien crecimos juntos políticamente al lado del exgobernador Alejandro Cervantes Delgado, me platicaba que en alguna ocasión Joan Sebastian le pidió lo acompañara de Cuernavaca a Chilpancingo en su vehículo, en algún momento observaron delante de ellos una camioneta que trasladaba unos toros aparentemente para el rastro. Joan Sebastian alcanzó la camioneta y después de muchas señas logró que se detuvieran.
Joan Bajó de su auto y preguntó al propietario de los toros: –¿a dónde llevas estos animales?
–Pues al rastro señor.
–Te los compro… Dijo Joan.
–Pues se los vendo…
–Te doy 10 mil pesos por cada toro. (Eran 4).
–De acuerdo, se los vendo.
Regresó a su auto y elaboró un cheque por 100 mil. Jorge sorprendido le dice: –Oye Joan, le ofreciste 40 mil, no 100 mil.
–Mira Jorge, mis paisanos están jodidos y a mí no me hacen falta. Además me duele mucho que maten a los animales.
Se acercó al dueño de los toros para entregarle el cheque y le dijo: –Paisano no desconfíes de mí, te aseguro que tiene fondos.
Y el paisano le contestó: –Cómo voy a desconfiar, si eres Joan Sebastian.
–¡Ah chingá!, entoncen me conociste.
Andaba yo de gira por Ciudad Altamirano cuando Félix Salgado Macedonio se acercó conmigo para decirme: –oye mi gobernador, quiero que visites mi tierra Las Querendas, ta’ bien jodido pues, y quiero que visites la escuela donde estudié mi primaria…
–Claro que sí mi querido Félix y llegamos hasta la escuela que necesitaba ocho aulas nuevas y una direccion general. Después de hacer un recorrido por sus instalaciones, Félix tomó el micrófono para hacerme la petición y recordar sus andanzas de cuando era niño.
Fue un evento emotivo y me comprometí a contruir las ocho aulas nuevas y la dirección y le cumplimos. Él en cambio me ofreció un sombrero calentano que sigo esperando.
La vida es así…