EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Gracias Manuelito

Raymundo Riva Palacio

Octubre 10, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Manuel Bribiesca Sahagún es n adulto joven insaciable y, por sus modos, hasta cínico. No ha explicado satisfactoriamente cómo le fue posible en un corto periodo, que coincide milagrosamente con el de su madre, la señora Marta, dirigiendo el destino y proceder del presidente de México, iniciar tantas empresas exitosas y escalar velozmente en la escala de ingresos para disfrutar de jornadas de placeres y juego no sólo en naves del Estado Mayor Presidencial –donde pudo haber acompañado, como dice, a su padrastro Vicente Fox– sino en aviones privados. O sea, cómo de Celaya, el hijo de un boticario de animales y una vendedora de quesos se incrustó en un parpadeo en el jet set, en una historia de éxito sospechosa.

Manuel junior rebasó hace tiempo a todos los juniors presidenciales que le antecedieron, tiene abiertos varios flancos peligrosos: en los tribunales, con una demanda contra la periodista argentina Olga Wornat por difamación de honor, y con una comisión legislativa que, investigando los créditos del rescate bancario de 1995, conocido como Fobaproa, hoy IPAB (Instituto para la Protección de Ahorro Bancario), se encontraron con que él y un socio compraron mil 700 de casas en 3 mil pesos y las vendieron casi en 300 mil, invirtiendo 6 millones y sacando una utilidad de 700 por ciento: 42 millones.

Siendo Manuel junior hijo de quien es, naturalmente que la atención se ha centrado en la familia Sahagún. Los Pinos, aunque desmintió cualquier conflicto de interés, declaró que en todo caso eso corresponde averiguarlo a las autoridades correspondientes. Ya tendrán Manuel, su madre y muchos más en el entorno de la familia presidencial, su cita con la justicia donde tendrán que aclarar si la riqueza que han acumulado en estos años no es injustificable. Pero la misión de la investigación legislativa se evaporará si se pierde de vista el objetivo. Como aclaró la presidente de la comisión investigadora, Malú Mícher del PRD, el fondo no es el junior sino el IPAB, y aunque los sound bites de los Sahagún son más poderosos, el tema real en su contexto y consecuencias es revisar qué sucedió con el rescate bancario en los 90, si fue legal y legítimo, o todo lo contrario, y cumplir con miles –quizás millones de mexicanos– que perdieron su patrimonio o no terminan de reponerse de la quiebra del sistema bancario y a los cuales se les debe una explicación.

La Suprema Corte de Justicia falló hace poco tiempo en contra de la Cámara de Diputados que pretendía zambullirse a la panza del Fobapoba para ver a sus entrañas, pero un error de procedimiento le dio la razón a los magistrados: la Cámara se extralimitó al querer ordenar al Ejecutivo que realizara quitas a la deuda total. Sin embargo, esto no significa que esté resuelta la investigación sobre si hubo o no discrecionalidad en el rescate de la banca, cuyo costo se le cargó a los consumidores, finalmente los realmente afectados, pues cuando menos buena parte del grupo más importante de banqueros, saltaron de ser millonarios en pesos a multimillonarios en dólares. La clave de todo está, de acuerdo con personas que conocen al detalle lo que sucedió, en el Comité Técnico de lo que fue el Fobaproba, cuyos integrantes provenían del Banco de México, y cuyos expedientes los tiene bajo custodia el Banco de México, presidido por Guillermo Ortiz, que en otra de esas coincidencias del México mágico, instrumentó el rescate bancario en esos años.

Una de las personas que conocen minuciosamente el rescate bancario, recordó las 15 observaciones que la Auditoría Superior de la Federación, un órgano legislativo, hizo a la Cuenta Pública de 2001 por lo que toca a la transferencia de cartera de créditos menores de 200 mil pesos a Fobaproa, que consideró no debía haber integrado o comprado. Aunque el Comité Técnico de Fobaproba estaba facultado para ello, la crítica pública es que con el fin de capitalizar a la banca dentro de su proceso de saneamiento, echaron mano de esa cartera que no estaba contemplada en los criterios originales de capitalización sin efectuar una investigación a fondo sobre si los deudores se habían declarado insolventes o jamás se enteraron del destino de su crédito porque los bancos dejaron de cobrarles. Este es uno de los puntos más delicados para determinar si la banca manipuló carteras con complicidad de la autoridad para recapitalizarse, como señalan a Banamex y Bancomer que, sin presentar números rojos en sus operaciones, fueron recapitalizados.

En el caso de Manuel junior, aclara el experto, el gobierno federal vendió la cartera “mala” de créditos inferiores a 200 mil pesos a través del IPAB a operadoras que se dedicaban a comprar esas carteras para tratar de recuperar lo que fuera posible. Esta fue vendida al 2 por ciento de su valor contratado, con lo cual, por ejemplo, el crédito de una propiedad de 200 mil pesos, fue vendido en 4 mil. “El punto es que ante lo novedoso del problema, el mercado mexicano no contaba con esas operadores”, puntualizó el experto, “había que crearlas o traerlas de fuera. (Era) una inversión de riesgo prácticamente cero para las nuevas operadoras recuperadoras de cartera y un negocio jugoso y leonino, pues el contrato con el que le van a ir a cobrar a ese deudor sigue estipulando los 200 mil pesos con la posibilidad de incrementarlo por intereses moratorios, inflación, etc. O bien, cualquier recuperación que se pueda dar sigue siendo ganancia después de los 4 mil”.

¿Qué significa todo esto? Que la litis de este tema tan sensual por llevar el apellido Sahagún, es bastante más profundo de lo que parece, y no se refiere sólo al hijo de la primera dama sino a lo que para muchos mexicanos es el atraco de Fobaproa. El foco sobre Manuel junior permitirá socializar y sensibilizar un tema técnico-jurídico y, bien empleado por la Cámara de Diputados, puede ser un motor para profundizar las averiguaciones sobre el IPAB, enfocando y dirigiendo correctamente las baterías para evitar más tropiezos en la Suprema Corte que sólo han demorado conocer la verdad de este capítulo que nos consolidó como una nación en permanente crisis.

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