EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Horas de perros

Raymundo Riva Palacio

Septiembre 23, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

¿Qué hay realmente detrás de la muerte del secretario de Seguridad Pública Ramón Martín Huerta? Para cualquier observador que haya visto el mensaje a la nación del presidente Vicente Fox el miércoles por la noche, está claro: Su íntimo amigo, y leal e incondicional colaborador, fue víctima de un atentado de la delincuencia organizada. O, ¿no es lo que dejó explícito cuando, con el gesto compungido, le dijo al país por televisión que Huerta y otros ocho pasajeros que murieron al caer el helicóptero en el que viajaban, fueron “héroes que perdieron la vida en el ejercicio de la grave tarea que les encomendó la sociedad”?

El vocero de la Presidencia, Rubén Aguilar, en cambio, exigía no caer en especulaciones, buscando evitar que la especie sobre un atentado que tomara cuerpo y raíces en la opinión pública. Una vez más, atrapada la casa presidencial en contradicciones, alimentó la anarquía informativa como un subproducto de la crisis de liderazgo y gobierno que la muerte de Huerta metió a Fox y a su equipo y provocó que la percepción sobre un atentado se acentuara en diversos círculos de la sociedad. Pero la sociedad no es culpable. Estos tienen nombre y apellido, y se encuentran trabajando en el gobierno federal, con un Presidente en retirada y sin rumbo.

¿Qué sucedió el miércoles? Se paralizó mientras los sistemas de información del Estado mexicano mostraron deficiencias ante el estrés de lo inmediato y de la impotencia por llegar rápidamente al lugar del siniestro. El helicóptero Bell 412 en el que viajaba el secretario, es un aparato de alto rendimiento y gran potencia que tiene, de fábrica, un microchip de GPS, un sistema mundial de rastreo por satélite que permite ubicar a objetos o personas –que se los llegan a implantar para ser localizados en caso de secuestro–, en cualquier parte. Esto significa que desde el mismo momento en que se prolongó su llegada a la prisión de La Palma, 20 minutos después de haber partido del Campo Marte –que era el tiempo estimado de vuelo–, y las llamadas a celulares de los pasajeros encontraron como respuesta única las grabaciones de recados, los buscaron por satélite. Desde la primera hora, el gobierno federal tenía ubicado el aparato, aunque no pudieron sobrevolar el área por el banco de niebla, ante lo cual una brigada del ejército y otra del estado de México, iniciaron el recorrido a pie.

Hacia la una de la tarde, los militares avistaron el helicóptero en una cañada y notaron movimiento, por lo que reportaron la posibilidad de sobrevivientes. Más cerca de la nave, de acuerdo con un reporte interno del gobierno hacia las cuatro de la tarde, vieron que era el fuego dentro del aparato lo que había originado su confusión original. El ánimo dentro del gobierno había cambiado por completo, y antes de las cinco de la tarde, tanto el Presidente como varios miembros del gabinete, recibieron la confirmación de que Huerta y el resto de los pasajeros, habían muerto. En dos horas prepararían la estrategia mediática para contrarrestar lo que ya venía circulando profusamente: fue un atentado.

Esta hipótesis se podría desmontar racionalmente porque el helicóptero cambió la ruta en vuelo, lo que hacía imposible, por la orografía, que delincuentes con fusiles AK 47, que disparados hacia el rotor del helicóptero lo pueden derribar, cambiaran de posición con la rapidez necesaria. Más aún si el banco de niebla impedía la visibilidad. ¿Un misil como se especuló? Descartado, porque lo hubiera hecho explotar en el aire, con lo cual los restos de la nave hubieran quedado esparcidos por las cañadas, y no sólo en el sitio del impacto. ¿Alteración del altímetro? Sería posible, salvo que fue el piloto del helicóptero el que decidió meterse en la niebla y no fue la niebla la que lo atrapó en las cañadas. Ese modelo de helicóptero cuenta con al menos dos lectores de “vor”, que es un instrumento que da la posición fija desde estaciones terrestres; en esa ruta existen tres “vor”, en la ciudad de México, en Toluca y en Pastejé. Más aún, las cartas de navegación, por si fallaran los instrumentos, muestran que en esa zona, volando por encima de 13 mil pies de altura, ya no encuentra cerro alguno enfrente. El helicóptero se estrelló a 11 mil pies de altura. Es decir, todas las primeras evidencias, en efecto, apuntan hacia una falla humana como causante de la tragedia.

¿Pero cómo actuó el gobierno? Se paró y se concentró en las tareas de rescate. Fue el procurador general con el subprocurador del ramo y con el encargado del combate a la delincuencia organizada. La Presidencia asumió el papel de vocero inicial del accidente que afirman fue, y por la noche encargó a la Secretaría de Gobernación, que maneja la política interna, cargar con la responsabilidad de informar. A eso se le sumó el mensaje a la nación. Es decir, el tratamiento fue de Estado. Si se quería evitar margen a rumores, el mensaje del Presidente tendría que haber sido fraseado en una forma totalmente diferente y concentrarse en la tragedia, sin señalar que fueron unos héroes en cumplimiento de su deber, porque si fue un accidente en un traslado a una ceremonia, no murieron en la raya, como metafóricamente habló Fox. Y además, ¿por qué no responsabilizar a la autoridad competente, la Dirección de Aeronáutica de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, como procede en estos casos? Eso es lo que sucedió hace un año, cuando en la misma zona, un helicóptero privado de la misma marca y modelo cayó por estas fechas por las mismas razones: un banco de niebla, un error del piloto. El gobierno hubiera encajonado la tragedia en un accidente y no convertirlo en un asunto de seguridad nacional, como lo hizo el miércoles. ¿Qué pidan desde Los Pinos no caer en especulaciones? Perfecto:, pero que empiecen colocándose, ellos mismos, el tapabocas.

 

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