EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Jugando con Ernestina

Raymundo Riva Palacio

Abril 27, 2007

 

Lo real dejó de ser evidente hace mucho tiempo en México, y los ánimos y frustraciones de
muchos han convertido percepciones en realidades. Blancos y negros son la norma de una
sociedad que tiende mucho al mundo de Shakespeare mientras actúa en su laberinto de la
soledad. El nuevo capítulo de esta deformación de la cultura política se escribió en
Zongolica hace 62 días sobre el cadáver de una anciana de 73 años, Ernestina Ascensión
Rosario, convertida en botín por muchos actores políticos que están probablemente
escondiendo tras su caso, verdades comprometedoras. Después de todo, Ernestina
resumía todos los elementos que la convierten en estadística del sector más marginado
del país: mujer, indígena y pobre.
José Luis Soberanes, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos
(CNDH), sometido a una campaña mediática de descrédito porque asegura que Ernestina
murió por enfermedad y no por violación de unos militares, la pasó mal el miércoles
pasado en la Cámara de Diputados, cuando no le permitieron que diera un informe de sus
indagatorias y le exigían que acreditara su autoridad moral y profesional. El expediente de 5
mil fojas muestra todas las evidencias médicas que han sido difundidas –y cuestionadas–,
e incluye un dato no conocido pero incriminador contra las autoridades de Veracruz,
quienes afirman que sí fue violada por militares. Se trata de un hisopo –o cotonete–,
impregnado de proteína prostática, con lo cual la autoridad dice demostrar la violación.
Pero la muestra corresponde a una mujer de 30 a 40 años, casi la mitad de la edad de
Ernestina. Es decir, la autoridad veracruzana, por error o estupidez, envió a la CNDH una
prueba falsa, lo cual debilita su insistencia sobre la culpabilidad de los militares y puede
significar sanciones penales en contra del responsable.
¿Qué hay detrás?
El gobierno de Veracruz y la CNDH se han metido en una serie de discusiones sobre la
presunta responsabilidad en la muerte de Ernestina. Para limar asperezas, la noche del
lunes pasado el gobernador de Veracruz Fidel Herrera visitó a Soberanes en sus oficinas
del sur de la ciudad, donde él y su gente le hicieron todo tipo de preguntas y dijeron que las
investigaciones de la CNDH las incorporaría a las suyas. Se suponía que había quedado
resuelta la confrontación pública, con el ofrecimiento de apoyo del gobernador para el
futuro. El miércoles sucedió otra cosa en el Congreso. En la sesión parlamentaria, el
diputado priísta por el municipio de Zongolica, Pedro Montalvo, quien se ha dedicado
últimamente a pasear a indígenas por la radio para que narren en náhuatl sus
tribulaciones, fue uno de quienes más cuestionó a Soberanes.
¿Qué hay detrás?
Desde 1991, el municipio de Zongolica ha sido gobernado por el PRD, y los líderes
perredistas en la zona, encabezados por el alcalde de Soledad Atzompa, la cabecera
municipal, Salvador Pérez Pascuala, y René Huertas, que era líder de la Confederación
Regional de Organizaciones Indígenas de la Sierra de Zongolica, habían sido factores
importantes en la articulación de las redes de Andrés Manuel López Obrador en la elección
presidencial pasada. El gobernador, que enfrentará elecciones locales en septiembre, no
parece querer pasar más tragos amargos, sobretodo en estos momentos donde se
encuentra muy observado por el gobierno federal por el despunte de la violencia derivada
del narcotráfico, puesto en la congeladora por el presidente Felipe Calderón, y alejado de la
toma de decisiones importantes dentro del PRI por sus vaivenes y falta de compromiso con
los actuales mandamases del partido. En esta coyuntura, parecía más barato cargársela al
Ejército que ir por la verdad. Y así lo hizo.
En contraparte, cuando se supo de la presunta violación de Ernestina, la CNDH inició una
investigación de hechos, sin que mediara una denuncia. Soberanes envió a Zongolica a la
visitadora Susana Pedroza de la Llave, quien levantó toda la información requerida y habló
con todas las partes para determinar lo que había sucedido. La visitadora, que fue la
misma que investigó la brutalidad policial en Atenco hace casi un año y determinó que
varias mujeres habían sido violadas por la policía del estado de México, fue cuestionada,
también, en términos de credibilidad e integridad. Le han pasado por alto que su
indagatoria estuvo respaldada por una serie de documentos que incluyen el acta médica
en respuesta a Huertas, quien cuando llevó aún con vida a Ernestina a una clínica en Río
Blanco, pidió que se asentara que había sido violada por soldados. Así quedó en el
expediente, al igual que la respuesta del director de la clínica y cuatro médicos más, que
declararon no haber encontrado rastros de violación.
¿Qué hay atrás?
Huertas fue la punta de lanza de la embestida contra el Ejército, y quien comenzó la
diseminación de la especie de la violación. En el transcurso de estas ocho semanas, la
cohesión perredista en Zongolica se desmoronó luego de que el líder comenzara a actuar
sin consentimiento de la comunidad, que se rige por usos y costumbres. Este martes,
Huertas fue destituido por una asamblea como dirigente de la CROIS porque, dijeron, dejó
de ser confiable para la comunidad, mientras que el alcalde Pérez Pascuala entregó a dos
hijos de la finada Ernestina viviendas de interés social. Los familiares de la anciana ya no
están hablando con nadie, pero el caso sigue sometido a alta temperatura.
Zongolica, que es uno de los municipios más pobres del país, ha sido caldo de cultivo de
fuerzas extralegales. Ahí se han dado desde hace largo tiempo enfrentamientos entre el
Ejército y policías federales con talamontes, que han hecho del tráfico ilegal de la madera
que suben por la Sierra Negra de Oaxaca y bajan por Orizaba, uno de los negocios más
redituables de la región. Conviven políticamente con el EPR, que tiene en la zona uno
asentamiento importante, así como cultivadores de drogas. La presencia del Ejército que
data de 1994, les resulta muy incómoda para operar, sobretodo para los talamontes, en su
mayoría poblanos, que ven en la guerra mediática por Ernestina una oportunidad para
replegar al Ejército.
Qué tanto el recién destituido Huertas pueda estar involucrado con esos grupos no está
claro, pero se le está investigando federalmente, así como a la CROIS para determinar si
tiene vínculos con el EPR. En todo caso, aún si no hubiera relación alguna, la tolvanera que
se ha levantado por la muerte de Ernestina los favorece enormemente. Es como Fidel
Herrera, que parece dispuesto a quemar sus fusibles dentro del gobierno estatal para
tener tranquila la zona en vísperas de los comicios municipales. Las alianzas, aún si no
son premeditadas, son extrañamente caprichosas. Pero han sido construidas sobre el
surrealismo de la política mexicana, donde lo que parece muchas veces no es, y lo que es
muchas veces no se cree. Es el dilema permanente entre verdad y verosimilitud, realidad y
percepción. Doña Ernestina, después de muerta, nos lo recuerda sin cesar.

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