EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La anorexia de Jose

Raymundo Riva Palacio

Septiembre 24, 2007


Josefina Vázquez Mota es una estrella que ya no está brillando. Después de una entrevista hace más de tres meses donde la
maestra Elba Esther Gordillo se lanzó a la yugular a la secretaria de Educación Pública, la Presidencia giró órdenes de arroparla.
No podían permitir, por principio, que un miembro del gabinete fuera sometido a tal ataque y, menos aún, que fuera visto como
presión para el propio presidente Felipe Calderón. El secretario de Gobernación Francisco Ramírez Acuña habló con ella, y
después obligó al subsecretario de Educación y yerno de la maestra, Fernando González, a pedir perdón, mediante una codificada
entrevista en el diario La Crónica, a Vázquez Mota. Era el mejor momento para la funcionaria que desparrama ambición, pero se
opacó.
La entrevista de Gordillo fue el equivalente de un tanque de oxígeno que vino a rescatar a Vázquez Mota, que estaba en una
espiral descendente. Aunque el presidente la estima –“me llama Fina”, dice ella para enfatizar la cercanía– y su esposo forma
parte de los equipos de fútbol que regularmente juegan los sábados en Los Pinos, no le había ido nada bien. Inclusive, el propio
Calderón la llegó a maltratar en una reunión de gabinete donde al estar explicando un programa educativo, utilizó el anglicismo
“implementar”, lo que activó un duchazo de agua fría. El presidente la interrumpió para hacer escarnio de ella, al decir que la
Secretaría de Educación Pública tendría que darles clases a sus funcionarios, sugiriendo que “implementar”, que viene del inglés,
no significa “instrumentar”. La Real Academia de la Lengua ya acepta el anglicismo, pero ni el presidente sabía y menos Vázquez
Mota, que acusó el golpe.
No causó mayor pena la bofetada presidencial, dado que el comportamiento de Vázquez Mota suele ser como el de un huracán
de categoría 5, con la característica adicional que tiende a destruirse a sí misma. Por ejemplo, son varias las veces donde, en su
afán mediático, anticipa programas en materia de educación que tiene previsto anunciar en la semana siguiente Calderón, lo que
le ha generado extrañamientos de Los Pinos. O como cuando, en otro caso, por razones fortuitas se quedó todo el tiempo en un
gabinete de seguridad nacional que se celebran los lunes, y al día siguiente ya habían filtrado sus cercanos en columnas políticas
que el presidente la estaba considerando para remplazar al secretario de Seguridad Pública.
Desubicada, no dejaba de increpar a la secretaria de Desarrollo Social Beatriz Zavala durante las primeras semanas de reuniones
de gabinete, porque estaba modificando los métodos y sistemas de operación que había dejado Vázquez Mota, hasta que le
colmó la paciencia a Ramírez Acuña quien la llamó a un lado y le pidió que se concentrara en lo suyo, Educación, y que recordara
que Desarrollo Social fue una cartera que había dejado tiempo atrás. Vázquez Mota, aconsejada por su círculo de asesores, había
estado tratando de medir sus fuerzas con el equipo presidencial, encabezado por el jefe de la Oficina del Presidente, Juan Camilo
Mouriño, al que bautizó como “los pingüinos”, y reclutó, pagados por la nómina de la SEP en el rubro de asesorías, a varias
plumas importantes en la prensa mexicana, repitiendo el método de cuando estuvo en Desarrollo Social, donde compró
impunidad en el campo de la academia, a cambio de asignación de proyectos millonarios.
Mal pintaba el segundo trimestre de esta año para Vázquez Mota, pero la declaración de Gordillo, contra lo que debe haber
pensado la maestra, le enderezó su nave. Tras la instrucción de arroparla, vinieron las alianzas tácticas, como dejarse ver en
restaurantes con Mouriño, para mandar el mensaje de que su relación con Los Pinos estaba en óptimo momento. De la oficina del
superasesor presidencial le enviaron gente de confianza para que le ayudara en algunas estrategias de prensa. Ya no hicieron
nada, como desmentirla dentro del gobierno, cuando presumía que era compañera de bicicleta en los paseos al alba que realiza
el presidente en el Bosque de Chapultepec, sabiendo que en realidad, no habían sido más de dos veces las que había salido con
él. “No entiende Jose”, repetía un cercano colaborador de Calderón, cuya forma de pensar es compartida en Los Pinos, pero que,
sin embargo, acató la instrucción de cuerpearla.
Pero Vázquez Mota, en el mejor momento para reconstruirse políticamente tras haberse convertido la maestra Gordillo en un
monstruo de mil cabezas, con la Espada de Damocles sobre sus más cercanos en el gobierno –su yerno y Francisco Yañez en la
Lotería Naciona–, se quedó sin aire. ¿Qué le sucedió? En columnas políticas hicieron saber sus cercanos que se trataba de una
infección viral que no podían sacar de su cuerpo. La funcionaria más mediática del gobierno federal, estaba paralizada. La
secretaria de Educación está enferma, pero de algo más grave. En una ocasión reciente, al ver lo poco que comía durante un viaje
en el avión presidencial, Calderón bromeó con ella. “Pareces anoréxica”, le dijo. No estaba tan lejos.
De acuerdo con personas de mucha confianza de ella, Vázquez Mota dejó de comer hace casi tres años, cuando le entró la fiebre
por la bicicleta fija. Su obsesión por la bicicleta ha crecido de manera exponencial, por lo cual suele levantarse entre 4 y 5 de la
mañana, según sus cercanos, para subirse una hora a pedalear, y pedir, en cada gira donde tiene que pasar la noche, que le
pongan una bicicleta en su habitación. Ha dejado de dormir y de comer. En las giras, donde suelen recibir a los altos funcionarios
con antojitos, ella siempre los rechaza y pide irreductiblemente una pequeña pechuga de pollo a la plancha y verduras
sancochadas. En el avión presidencial, a la hora de comer, ella saca un tuperware y come dos rebanadas de queso panela.
Presume su figura, pero su piel morena se ha vuelto ceniza.
Un problema médico de un funcionario es relevante para efectos de opinión pública al tomar ellos decisiones que afectan a la
sociedad. Para ella, si es anoréxica o va en camino de enfermarse de ello, es mucho más grave en función de sus aspiraciones
futuras. Ella se ve, y así se lo han hecho saber personas cercanas, que para el 2012 hay muy pocos aspirantes reales del PAN a la
Presidencia, y que ella es una muy fuerte contendiente. Pero enferma no irá a ningún lado. Lo mejor que tiene son sus amplias
dotes mediáticas, donde supera a todos dentro del gabinete. No tiene sustancia ni contenidos, pero tiene la imagen, atributo
central en la política mexicana hoy en día. Esto es lo que ha perdido, y al dejar ir esa cualidad pierde todo. Más allá de sus
aspiraciones políticas, Vázquez Mota, haría bien en someterse a un tratamiento, porque la anorexia es un asunto, literalmente, de
vida o muerte. Pero si piensa en un futuro ascendente, como es el caso, no deberá olvidar que temas de salud, sobretodo en algo
tan estresante como la anorexia, que ha erizado los nervios de quienes están colgando su futuro a su estrella, puede ser la
diferencia entre competir y ser hecha de lado.

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