EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

La democracia soy Yo

Jorge Camacho Peñaloza

Octubre 26, 2018

El populismo es la democracia de los ignorantes. A veces sirve para sublevar contra problemas reales, pero no solucionarlos. Busca revancha, pero no reforma. Fernando Savater.

Una alternancia inédita hacia la izquierda no podía dar el lujo de una tregua, Andrés Manuel López Obrador sabía que tenía el tiempo encima para tejer los consensos en torno a sus primeras acciones de gobierno, de ahí que por primera vez en la historia democrática del país estamos viviendo prácticamente una etapa de pregobierno en la que el presidente electo no sólo toma decisiones, anuncia medidas de autoridad contra la corrupción, proyectos de alta envergadura como el Tren Maya, refinerías, los nuevos y costosos programas sociales, tiene reuniones oficiales con empresarios, gobernadores, legisladores y hasta con representantes de gobiernos extranjeros, sino que pasando por alto y por encima de la ley y las instituciones, sobre todo por encima de la investidura del presidente de la República en funciones del Congreso de la Unión, convoca unilateralmente, como si no hubiera leyes e instituciones para eso, a una consulta popular para decidir si se hace o no la obra más importante en las últimas décadas del país.
En esa vorágine el presidente electo se da el lujo de realizar una poscampaña de agradecimiento en medio del descontento principalmente de los sectores empresariales, académicos y líderes de opinión por la que consideran ilegal e ilegítima la consulta para decidir si se hace o no el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, llamado y ejercicio que exhibe la manera ligera con que López Obrador toma la democracia cayendo en la simulación, el engaño y el autoritarismo.
Increíble que López Obrador pretenda engañar a los mexicanos con la idea de que él es demócrata y por eso deja al pueblo la decisión de la construcción del nuevo aeropuerto. Existen mecanismos de ley que establecen que una consulta debe ser convocada por el Congreso de la Unión y llevada a cabo por el Instituto Nacional Electoral, pero para López Obrador al diablo con las instituciones y se va por la libre como si se tratara de decidir si se construye una calle en su colonia.
Empecé a escribir esta columna antes del día de inicio de la consulta y escribía que la votación seria ínfima en comparación con la que obtuvo el primero de julio, y la terminé casi al final del primer día de la consulta corroborando su fracaso no sólo en términos de participación sino de calidad democrática con numerosas exhibiciones de fraude. El resultado es una consulta que no representa el sentir del pueblo, no es democrática y no es legal ni legítima.
Sin duda alguna el fracaso de la consulta exhibe un conocimiento equivocado por parte de López Obrador, asesores y operadores acerca del estado de la democracia en la ciudadanía mexicana, habla de que el movimiento morenista no es tal y que realmente no existe, de que el tsunami de votación a favor del hoy presidente electo no fue realmente a favor de él sino en contra del régimen priísta, no fue a favor de la cuarta transformación, sino por la no continuidad de la corrupción, no fue por todo lo que representa Morena sino por lo que representa para la ciudadanía el viejo PRI, si no la encuesta hubiera registrado una participación igualmente inédita y para asombro de todos, no fue así.
Queda claro que el voto que inundó al país el pasado primero de julio no es un movimiento epocal, no es un voto duro, es un voto volátil que así como ayer fue por Morena, mañana puede ser contra Morena; lo grave es que López Obrador piensa que puede hacer democracia en la coliseo preguntando a ciegas y pensando que quienes alcanzan a votar en sus ocurrencias de consulta es el pueblo, y así empiezan los peores dictadores de la historia.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la paisanada que Andrés Manuel ya enseñó el cobre, que no es la blanca palomita de paz y amor sino que asoma todo un populista y dictador.