EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La doble moral de Fox

Raymundo Riva Palacio

Abril 27, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL

El presidente Vicente Fox no se ha distinguido a lo largo de su sexenio por ser una persona de reflejos rápidos y acertados. Mas bien se ha caracterizado por ser inmediatista, cortoplacista y exageradamente reactivo. Dice un político que lo conoce muy bien que es incapaz de poder hilar dos acciones consecutivas pues, simplemente, no le da ni la imaginación ni la preparación. Por esto, tras semanas de ser vapuleado por el manejo en torno al desafuero del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, apenas este lunes respondió a muchas de las críticas que le han llovido con la promesa que él garantizará que las elecciones presidenciales del próximo año sean democráticas, legítimas y legales. Está bien que se preocupe por ello, pero qué lástima que todavía no termine de entender en el embrollo que su incapacidad como líder nacional ha colocado al país.

Que el presidente Fox empiece a hablar de la democracia electoral en estos momentos es como un reconocimiento público que nunca entendió su papel. Democracia electoral es lo que tenemos desde hace varios años y que probó su eficacia en los comicios donde, precisamente, él ganó la Presidencia. Mucho dinero nos costó a los mexicanos construir el andamiaje que condujo a la alternancia del poder, que es un primer paso firme hacia la democracia, mediante los millonarios recursos para una credencial de elector con múltiples candados para evitar fraudes, y los financiamientos para construir un sistema de partidos. El que ofrezca hoy elecciones democráticas es entrometerse en un terreno ajeno, pues esa tarea le corresponde, desde 1994, al Instituto Federal Electoral. Él no es el garante de elecciones justas y competidas, y su declaración está fuera de lugar.

Su tarea era, como Presidente, haber estimulado, animado y construido nuevas instituciones democráticas en un país en transición. Se puede decir con total precisión que Vicente Fox fracasó, no en el intento, sino en la omisión y la ausencia. México tiene ya algunas instituciones democráticas, como el propio IFE y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que son manufactura del ex presidente Carlos Salinas, y un Poder Judicial independiente, que lo es del ex presidente Ernesto Zedillo. La única institución democrática en el sexenio foxista ha sido la Ley de Acceso a la Información, que creó sus institutos reguladores, pero no fue una iniciativa del Ejecutivo, sino de medios y universidades que, trabajando y cabildeando con el Congreso, sacaron adelante una iniciativa que Fox no tuvo más remedio que firmar. Es todo lo que hay en el México del cambio. Ni más, ni menos, por lo que su balance democrático se puede considerar todo un desastre.

Su declaración este lunes no puede interpretarse como un pronunciamiento serio, sino como un recurso retórico para resguardarse en una bandera inatacable por todos. Es patético, vista la manera como se ha comportado a lo largo de su sexenio, y la forma como ha estado utilizando la justicia con fines políticos. Si bien es cierto que López Obrador cometió un desacato, la violación a la ley no sólo es una irregularidad que se resuelve con una sanción administrativa, sino inmensamente inferior a casos similares que han sido tratados no sólo con laxitud sino con la protección del gobierno federal. El más notorio es el del gobernador de Morelos, Sergio Estrada Cajigal, acusado de abuso de autoridad y vinculado a organizaciones de narcotráfico, pero que sigue despachando en su oficina de mandatario en Cuernavaca pues luego de que el Congreso local pidió un juicio político, el Poder Judicial aceptó la suspensión que solicitó a la medida –algo que no hizo con López Obrador–, que lo animó a declarar sin pudor que lo protegía la Secretaría de Gobernación.

En el campo privado, la comparación del comportamiento político de Fox es aún más dramático. A López Obrador se le acosa, hostiga y persigue por haber construido un pequeño camino a un hospital, donde no afectó ningún bien público. En cambio, el Presidente ha sido totalmente tolerante con el enriquecimiento inexplicable de sus hijastros, quienes en cuatro años han dejado rastros de prepotencia, abuso de poder, utilización de recursos públicos para fines particulares y, sobre todo, una ambición desmedida por el dinero que los convirtió en ese periodo de ser clasemedieros en el rango bajo, a millonarios. Cuando menos se puede sospechar de corrupción, y no ha actuado en consecuencia. A diferencia de Salinas con sus hermanos menores, nos los envió a enfriar al extranjero cuando sintió que se estaban excediendo con el poder presidencial; igual que Salinas con su hermano Raúl, exige documentos sobre sus hijastros que le demuestren que están metido en ilegalidades.

La corrupción fue el fenómeno más lacerante del Siglo XX y es el factor más importante que puede frenar a una democracia en construcción. Pero la corrupción, cuando lo acompaña la impunidad, toca de muerte cualquier esfuerzo por construir una sociedad mejor. En los casos de contrapunto a López Obrador, Fox está dando muestras fehacientes de su doble moral permitiendo que la corrupción y la impunidad dominen sobre lo que él llama democracia. La ley y la rendición de cuentas no es sólo para los adversarios políticos, sino para todos. Que no pretenda timar ahora a los mexicanos tratando de recuperar un devaluado bono democrático que le regalaron por haber sacado al PRI de Los Pinos. La democracia electoral es un subproducto de la democracia, no el fin. Tampoco es el medio para vacunarse de sus excesos. Que no lo olvide Fox, porque muchos no se los perdonarán.

 

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