EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La guerra fría

Raymundo Riva Palacio

Mayo 13, 2005

Despresurizado el conflicto entre los gobiernos de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador, el estado de cosas de la política mexicana se cambió de estadio. De la guerra caliente en que se mantuvo durante más de un año, se trasladó al espacio de la guerra fría. En efecto, nos encontramos en una especie de detente, donde hay amagos y escaramuzas, pero no hay confrontaciones directas y abiertas. Las partes se arman, como en la guerra fría, con sus misiles intercontinentales que, en el caso que aquí nos ocupa, es la reagrupación de fuerzas y refinamiento de estrategias camino al 2006.

Las multimillonarias multas a ex funcionarios de Pemex por irregularidades en la erogación de recursos de la paraestatal al sindicato petrolero es un movimiento, aparentemente táctico, en este nuevo tablero político. Pega directamente al PRI al reavivar por la puerta de atrás el llamado Pemexgate, que les motivó la respuesta de asegurar que se trataba de una vendetta política. Juegos de la semántica. ¿Por qué diría el PRI que es una vendetta política cuando fue el presidente Fox quien les clavó una estaca al dar marcha atrás al desafuero? Vendetta podría ser si hubiera sido lo contrario. O vendetta, dicen quizás, porque tras esa capitulación presidencial, el PRI aceleró una investigación legislativa sobre el presunto enriquecimiento de los hijos de la primera dama Marta Sahagún. ¿Vendetta del PRI? Los Pinos aseguró que no hay vendetta, y todo sigue envuelto en palabras. Son calientes, pero las consecuencias frías. El hecho es que no hay ninguna ruptura entre el gobierno federal y el PRI.

Otro amago característico del estadio de guerra fría se dio con el encuentro entre Fox y López Obrador. La Presidencia jugó con la opinión pública para atemperar el clima y anunciar que los dos líderes volverían a reunirse. Se apresuró la cita y no hubo cancelación. Pero Fox, quien se encontraba en León ese día, tuvo el cuidado político de hacer público en una reunión con empresarios el poco ánimo que tenía de regresar a la ciudad de México para ese encuentro. No faltó, pero despacharon asuntos generales en menos de 20 minutos. Era como ver a Ronald Reagan, después de acusar a la Unión Soviética de ser “el imperio del mal”, reunirse con Mijail Gorbachov. Cerca, pero lejos, lo que ha obligado a López Obrador a, como dice a sus cercanos, “estar en veda de críticas” al Presidente. Apenas unos días después de ese encuentro, Fox volvió a fustigar el populismo, y como cada vez que habló de ese tema en el pasado lo enmarcó en una crítica a López Obrador, el PRD respondió que lamentaba las declaraciones presidenciales. Una vez más, juegos de la semántica. El hecho es que tampoco hay ninguna ruptura entre el gobierno federal y el PRD.

En todo este escenario, llama la atención que la señora Sahagún haya decidido demandar a la autora argentina Olga Wornat porque publicó a principio de año en una revista mexicana el documento que presentó ante El Vaticano para la anulación de su matrimonio. Originalmente se pensó que había sido un error que se fuera a tribunales a exponer detalles de su vida pública, que sólo habían sido ventilados –empezando por ella misma– en los medios de comunicación. Pero a la luz de la secuencia de eventos, como señaló un agudo observador, es posible que forme parte de una estratagema. Si se suma la demanda con las onerosas sanciones a seis ex funcionarios de Pemex, ¿qué mensaje está enviando en el largo plazo el presidente Fox? Una hipótesis es que está utilizando la ley, en todos los campos, como una herramienta legítima, para utilizarla en el futuro contra quien sea.

Esto significaría, de acuerdo con el observador, que en este campo de la guerra fría, el Presidente sigue colocando sus misiles nucleares en Turquía y en Alemania Occidental, sin importar que el movimiento antinuclear crezca en Europa, a fin de cercar más a la Unión Soviética, y acordando con sus aliados Reino Unido y Gran Bretaña una política de disuasión nuclear, que en términos llanos quiere decir que es importante armarse para evitar que sea atacado, pero a la vez, para que en caso de ser atacado, se tenga capacidad de reacción en fuerza y velocidad. La disuasión implica por definición la preparación para un ataque, y esa estrategia planteada aquí como un escenario, es reforzada por los señalamientos de políticos cercanos a López Obrador que consideran que el episodio de conflicto con Fox no está cerrado y que mal harían en bajar la guardia.

Todos están velando armas. El presidente Fox y su gobierno aprietan el cuello sin ahogar. Los aspirantes a la candidatura presidencial en el PRI están en su propio reacomodo interno, golpeándose hacia adentro y presentando un frente común hacia fuera, como en el caso de los ex funcionarios de Pemex. En el campo de López Obrador y el PRD, hay cautela pero no han enterrado sus tanques, porque no hay confianza de que la tregua firmada la semana pasada en Los Pinos, sea mantenida por Fox hasta las elecciones del próximo año. Vivimos en esa detente que caracterizó a la guerra fría, donde el frágil balance lo daba el equilibrio de fuerzas, pero no se garantizaba lo que podía suceder al día siguiente, ni nadie podía dormir tranquilo.

 

[email protected]

[email protected]