EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

La paradoja del Tianguis y la Convención Bancaria

Jorge Camacho Peñaloza

Marzo 24, 2017

¿A cuántos les va bien cuando a la economía le va bien? ¿A cuántos desarrolla el desarrollo? Eduardo Galeano.

En la década de los cincuentas empezó hablarse de la Perla del Pacífico, del puerto más conocido mundialmente, políticos, empresarios y hasta integrantes de la mafia empezaron hacer grandes inversiones en Acapulco, convirtiéndolo en el principal centro turístico del país por muchos años, desde entonces hasta fines del siglo pasado. La Quebrada, las playas de Papagayo y Hornos, los grandes hoteles y centros nocturnos como Armandos Le Club, Bocaccio y Le Dome, construidos alrededor de la bahía de Santa Lucía, hicieron de Acapulco un lugar del jet-set internacional, bienestar para los acapulqueños y polo de desarrollo estatal.
La calidez, alegría y atención de los acapulqueños se hicieron famosos, por su sinceridad, gracia y laboriosidad para tratar al turista, hasta convertirse en exportadores de su talento a otros nacientes centros turísticos como Cancún, Los Cabos y Huatulco, muchos acapulqueños se subieron a la ola del progreso y la bonanza, en los negocios del comercio, servicios, inversiones inmobiliarias y de la hospedería.
Algo no se hizo bien o se dejó de hacer para que Acapulco dejara de ser la sede permanente de dos de los eventos emblemáticos del poderío económico nacional como el Tianguis Turístico, el cual nació aquí precisamente en Acapulco en 1975, y de la Convención Nacional Bancaria, así como el lugar de los springbreackers para pasar a ser zona casi de guerra, de disputa entre bandas de delincuentes por el control de la venta de drogas y actividades delictivas, convirtiéndolo en un lugar de alto riesgo.
También algo se hizo de más y mal para llegar a esta situación, que tiene que ver con el hecho de haber cuidado más el turismo que a la misma sociedad acapulqueña, haciendo crecer desproporcionadamente más aquel en detrimento de esta, colocando incluso al turismo en el centro de las políticas públicas estatales, federales y municipales. Importaba más lo que pasaba y se veía en la Costera Miguel Alemán que más allá de la Cuauhtémoc, esquema que aún continúa vigente paradójicamente con la realización de esos magnos eventos que proyectan gran poder económico en contraste con la gran pobreza y marginación en la mayoría de los acapulqueños.
Urge cambiar el concepto de Acapulco, verlo no sólo como centro turístico, no sólo en las autoridades sino entre la propia población, ver no sólo hacía las playas sino hacia sus inmensas colonias como núcleos poblacionales con grandes necesidades que el turismo por sí solo no puede cargar; todas las autoridades estatales, federales y municipales, así como todas las organizaciones e instituciones sociales, tenemos que voltear a sus colonias, mientras en éstas no haya bienestar. Y no estaría de más que los protagonistas de esos magnos eventos como el Tianguis Turístico y la Convención Nacional Bancaria también hicieran algo por Acapulco no sólo hospedarse y comer cerca de la playa, sino una aportación por sus colonias, dónde viven muchos de los trabajadores que tan bien los atienden en sus convenciones y congresos, para que deje de ser paradójico que Acapulco deje de ser sede de los magnos eventos y al mismo tiempo zona delincuencial y de alta pobreza.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A los campeones del Mextenis, a los corporativos del Tianguis Turístico y a los banqueros, que no se hagan que la virgen les habla y que dejen a Acapulco más que las propinas y facturas.