EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

La silla embrujada

Jorge Camacho Peñaloza

Febrero 07, 2020

 

Los dictadores pueden cambiar leyes, pero no las costumbres.
Jacinto Benavente.

Haberse aferrado a obtener el poder pudo haber provocado que se desentendiera de muchos aspectos de la realidad del país, situación que hoy lo está llevando a equivocarse en situaciones trascendentales para amplios sectores de la población y del país, el presidente Andrés Manuel López Obrador necesita subir al balcón a observar y meditar lo que observa desde el Palacio Nacional y la Silla Presidencial, esa en la que Emiliano Zapata no se quiso sentar porque decía que no quería sentirse como todos los que en ella se habían sentado, mareados, ajenos a la realidad, confundidos, le dijo a Pancho Villa que no se iba a sentar en ella porque a lo mejor estaba embrujada y volvía represores y enemigos del pueblo a los que en ella se sentaban.
Andrés Manuel López Obrador por ganarse el voto del magisterio dejó de ver la necesidad de hacer más competitiva la educación pública ante los desafíos de la globalización que impone estándares de calidad, precio y productividad, prometiéndoles derogar la Reforma Educativa para que maestros y sindicato siguieran controlando la asignación de plazas y la planeación académica, así como cancelar la obligatoriedad de la capacitación verificada que garantizara el nivel de conocimientos necesarios, la permanencia y los ascensos laborales; ahora hemos retrocedido y en el plano educativo no ha pasado nada.
En el ámbito de la seguridad nacional también, por la esquizofrenia que le tenía al Cisen, lo ninguneó, degradó y desarticuló como órgano civil de inteligencia y lo arrinconó en la Secretaría de Seguridad Pública para ir contando los muertos, y perdió de vista la necesidad de contar con un órgano de inteligencia civil que previniera los riesgos y ahí está Tlahuelilpan con sus 137 muertos, Culiacán con el vergonzoso operativo para detener a Ovidio Guzmán con el que hicieron el ridículo los secretarios de Seguridad Alfonso Durazo, el de la Defensa Luis Crescencio Sandoval y el de Marina Rafael Ojeda.
Su terca determinación por buscar la presidencia de la República lo hizo trabajar duro, sin descanso, sin vacación, en ese sentido, ermitaño, sólo a La Chingada se iba, muy poco se sabe de sus actividades vacacionales, recreación y esparcimiento, y ahora se le ocurre que va a decretar el fin de los fines de semana largos, conocidos como los puentes largos, que han representado tres o cuatro minivacaciones en las que se mueven cientos de miles de mexicanos a sus lugares de origen, a centros turísticos en toda la República Mexicana o que descansan, pero que sin duda representan una derrama importante en el sector turístico, y sólo porque quiere que no se le olvide a la gente qué se celebra en cada fecha cívica, para eso están los muy capaces maestros de la Coordinadora, sin importarle que esos fines de semana largos representan ingresos para cientos de familias en los 32 estados de la República, sobre todo de destinos turísticos como Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo, Taxco y muchos más.
Mucho presume de conocer los problemas de los mexicanos, de haber recorrido, por tierra, todos o casi todos los más de dos mil 500 municipios del país, pero como andaba en pos del poder, de un lugar a otro en su Jetta o la Suburban prestada, pensando en cómo llegar al poder, su discurso, sus promesas de llegar a la silla embrujada, tal vez no se percató de que las autopistas del país están inmanentemente ligadas al movimiento de la economía nacional, a la movilidad migratoria de los mexicanos, y que forman parte de los costos que forman los precios de casi todas las mercancías e insumos que se consumen en casi todas las ciudades y pueblos del país, por lo que ahora Caminos y Puentes Federales está incrementando las cuotas de las autopistas.
Poco falta para que Andrés Manuel López Obrador diga que el turismo es una actividad fifí y por eso pareciera que la desprecia; la gente no tiene la culpa de que él haya vivido hasta ahora sólo para llegar a ser Presidente de la República; ya le quitó el Consejo de Promoción Turística, ahora quiere quitarle los fines de semana largos y que no salgan a pasear las familias mexicanas por las autopistas del país.
Esta compulsión de querer imponerle a los mexicanos su realidad significará doble golpe a los mexicanos ¿No que no se necesitaban subir impuestos? ¿no que no mentir? Estos dos golpes van a pegar en la economía de los mexicanos, pero seguramente que le representarán entre tres y cuatro puntos a la aprobación de su alicaído desempeño acercándose a la línea de cinco, en los terrenos de reprobación, lo bueno es que ya hay revocación del mandato.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A Andrés Manuel que ya se baje de la Silla y le baje dos rayitas a sus ganas de hacer su regalada gana, y que ya no la haga cansada, porque si a esas vamos, pues que se vaya a… su finca.