EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Lecciones de Culiacán

Jorge Camacho Peñaloza

Octubre 25, 2019

 

A veces, por perder una batalla encuentras una nueva manera de ganar la guerra.
Donald Trump

Culiacán desnudó no sólo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador sino que también mostró el verdadero rostro del crimen organizado y al poder mismo como tal.
Esos hechos son dignos de un análisis multidimensional y multidisciplinario desde distintas perspectivas: la política, la gubernamental, la social, la seguridad pública, el manejo de crisis, la comunicación política, algo muy relevante que es la inteligencia, el funcionamiento del Gabinete de Seguridad, la ética, la responsabilidad jurídica, el cumplimiento de la ley, la aprobación o desaprobación al Presidente de la República, el comportamiento de sus opositores… en fin, hay tela de donde cortar, aquí sólo me referiré a algunas lecciones que nos dejan estos hechos.
Primera lección: Estamos en manos de un Gabinete de Seguridad que no tiene la capacidad de prever riesgos para la sociedad y el país, valorar indicadores de riesgo, tomar decisiones ante escenarios de riesgo. Esta lección es gravísima, todos los integrantes del Gabinete de Seguridad, el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo; el secretario de la Defensa nacional, general Luis Crescencio Sandoval, el secretario de la Marina, el almirante Rafael Ojeda Durán, el director general del Centro Nacional de Inteligencia, el general Audomaro Martínez Zapata; e incluiría a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y hasta al fiscal general de la República, pagaron su novatez exhibiendo que ninguno de ellos fue capaz de construir un escenario de los riesgos de ese fallido operativo que cualquier analista medio sí podría haberlo visto en cuanto a la capacidad y formas de reacción del ejercito de integrantes del Cartel del Chapo en su propia sede de operaciones: Culiacán, Sinaloa.
O si lo tuvieron en sus manos, pero no tuvieron la capacidad o sensibilidad de valorarlo, de tomarlo en cuenta y “se precipitaron”, la vieron fácil, los exhibió a todos.
Pero eso no es todo lo grave con el Gabinete de Seguridad. Es la incapacidad de sus integrantes –porque no se vale voltear abajo para echar culpas–, la decisión es de ellos, si no se trataba de cualquier delincuente, lo que puede ser más grave es que este gabinete no le informa de planes de acción de alta envergadura al Presidente Andrés Manuel López Obrador ¡y este lo acepta!, pues entonces ¡para que sirve la reunión madrugadora de todos los días!
Y de colofón a esta gravedad, lo más lógico es que el Presidente y su gabinete revisen sus estrategias y mecanismos de operación y las cambien porque así no están funcionando y resulta que el terco de López Obrador ¡dice que no la van a cambiar!, ora sí que ¡sálvese quien pueda!
Segunda lección: Culiacán ya nos mostró cómo Andrés Manuel es capaz de someter la ley a su voluntad con el argumento de salvar vidas. Nos puede salir por ahí en el quinto año de su gobierno con que ha decidido seguir con un segundo sexenio con el mismo argumento de salvar vidas en este México violento; ya la midió, resulta que aunque haya dejado ir a Ovidio, aunque la reacción casi generalizada de la gente fue de asombro, de reprobación del gobierno, sus niveles de popularidad no bajaron de manera importante, se sostiene. Según la encuesta Mitofsky el 73 por ciento de los sinaloenses está de acuerdo en que Ovidio haya sido dejado en libertad y el 53 por ciento en el resto del país.
Tercera lección: El actual gobierno de México, el Gabinete de Seguridad, traen el chip del paradigma del poder de los años setentas. Para entender lo que pasó en Culiacán hay que hacerlo en el marco de los paradigmas del poder. La gente debe saber que hoy en día ya no se puede gobernar con el tradicional paradigma del poder omnipotente, monopolizado, temido y respetado; ya está suficientemente estudiado y comprobado que actualmente ese tipo de poder ya no existe, hoy el poder se ha “democratizado”, tiene fallas, ya no es temido, es fácilmente refutado, ya no tiene el monopolio de la fuerza ni de los recursos de movilización, los adversarios “pequeños” tienen más capacidad de movilización y de fuerza, el tamaño ya no es parámetro del poder, además hoy el poder se ha autodegradado perdiendo capacidades. El poder ya no es un status sino una fuerza relacional entre macro y micro poderes, sus capacidades ya no están en la fuerza o violencia sino en la amenaza o negociación.
Tener poder ya no garantiza ganar, ahora se debe tener la capacidad de usarlo eficientemente para tener éxito, entonces no se puede valorar o interpretar la capacidad del poder desde la perspectiva del paradigma del poder omnipotente, monopolizado e irrefutable. En Culiacán sucedió que los integrantes del Gabinete de Seguridad creyendo que tienen el poder en sus manos, no supieron prever que en esa tarde un micro poder con suficiente poder iba a lograr confrontar a un macro poder en un momento de ineficiente operación, y lograr su objetivo: liberar a Ovidio.
Vuela vuela palomita y dile: A ese Camacho, mi hermano, que me deje darles a sus cinco lectores la lección, que en este país cada día se confirma y de despeja algo que está muy cabrón: que el poder del gobierno con el Peje, está en muy malas manos.