EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Lluvia ácida

Raymundo Riva Palacio

Junio 24, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

 

Por la puerta grande de lo espectacular y lo confuso, los actores políticos mexicanos están entrando al terreno minado del narcotráfico. ¿Estamos en el umbral de que la información de sus relaciones y complicidades fluya? ¿Estamos viendo cómo se empiezan a dar acciones de emergencia para evitar caer en la vorágine de la mezcla de la política con el crimen organizado? En algunos despachos muy importantes del gobierno federal se habla de quiénes son algunos de los altos personajes de la política que están involucrados con el narcotráfico, pero no están dispuestos a darlos a conocer públicamente. “Sería devastador”, dicen, “muy dañino para la nación”.

Las luces del sinuoso camino a veces se prenden en donde menos se espera. Por ejemplo, el Subcomandante Marcos, quien regresó a lo alto de las marquesinas políticas con una serie de comunicados que iniciaron el calentamiento del volcán activo de la dupla política-narcotráfico. Logró que la atención se centrara en él con una descalificación brutal del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, para iniciar su estrategia militar-mediática. Con insinuaciones señaló que el EZLN estaba acosado nuevamente, ordenó la evacuación de sus municipios autónomos y decretó una “alerta roja”, que sería preámbulo de un ataque. No especificó porqué, ni de quién, ni a raíz de qué. En Chiapas no hay movilización militar en contra del EZLN, pero sí se mantiene la lucha contra el narcotráfico.

El mismo día que Marcos anunció su estrategia defensiva, la Secretaría de la Defensa localizó y destruyó 44 plantíos de mariguana en tres de los municipios influenciados por el EZLN. Por razones logísticas se puede argumentar que la movilización zapatista no es resultado de esa acción militar, y que los plantíos de mariguana no pueden ser el motivo real de todo el movimiento, pues hace décadas los campesinos mexicanos cultivan mariguana en buena parte del país para sobrevivir. Pero lo que sí se puede alegar es que las operaciones militares del Ejército en contra del narcotráfico en Chiapas tienen alterado a Marcos y al EZLN. En los últimos meses se ha intensificado el paso, por la frontera con Guatemala, de drogas del Cártel de Sinaloa que encabeza Joaquín El Chapo Guzmán, acompañado por el contrabando de un pequeño lote de AK-47, llamado cuernos de chivo, que tenía como destinatario al EPR, beneficiado de ese cargamento por una gestión financiera y logística arreglada por funcionarios del gobierno capitalino que son militantes del PRD.

El apretón militar estremeció a todos. ¿A quién le está hablando Marcos en sus comunicados? En la columna Bajo Reserva, en El Universal, este miércoles se sugiere que la acción de Marcos puede obedecer a una irritación contra miembros del PRD por el contrabando de armas a través de las regiones zapatistas. Los comunicados del líder guerrillero son extremadamente codificados, particularmente cuando establece que la alerta roja crea condiciones para convocar a consultas con el EZLN para determinar una nueva forma de lucha que implica, entre otras cosas, “arriesgarse a perder lo mucho o lo poco que se ha logrado”. ¿De qué está hablando en concreto? Ayuda, en este sentido, una clarificación no pedida del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, quien exigió a Marcos una explicación por los narcoplantíos en zonas de influencia zapatista. ¿Está metido el EZLN en el narcotráfico? ¿O están solos o con ellos algunas facciones del PRD?

La provocación de Derbez no cae en un terreno estéril. Hace dos semanas el subdirector interino de la DEA para Asuntos de Inteligencia, Anthony Placido, testificó en el Capitolio que pese a los esfuerzos del gobierno mexicano “ viven en un sistema que está plagado de ineficiencia organizacional y corrupción. Esto es particularmente cierto en los niveles de gobierno estatales y municipales”. El testimonio de Placido generó indignación en el gobierno foxista, que buscó minimizar y descalificar sus aseveraciones.

Placido fue jefe de la DEA en Colombia hace cinco años, y de ahí pasó a México como jefe regional para México y Centroamérica. Fue trasladado a Nueva York como jefe de operaciones, y hoy se encuentra a cargo de inteligencia en el cuartel general. Placido sabe perfectamente de lo que está hablando. Durante su estadía en México estableció una amplia red de informantes a nivel municipal y estatal en todo el país, y preparó un expediente sobre los políticos involucrados con el narcotráfico y quiénes, candidatos a cargos de elección popular, habían recibido sus recursos. Es probable que nunca se haga pública esa información, pero, en privado, es otra cosa. Desde 1977 la DEA tiene compilada una lista de más de 700 políticos, empresarios y artistas mexicanos involucrados en el narcotráfico y el contrabando de armas. La han utilizado con diferentes gobiernos no para imponer a funcionarios, pero sí para vetar ascensos. Sucesivos gobiernos mexicanos han ido corroborando y ampliando esa información, particularmente los servicios de inteligencia militar. En esos informes secretos aparecen nombres de banqueros, gobernadores en distintas épocas, presidentes municipales o regidores que tenían relaciones con cárteles de la droga, o le deben a su dinero sus cargos. Es un amplio espectro de la clase política la que está involucrada y que ha vivido en una amplia impunidad ¿Estamos viviendo el principio del fin de ese largo periodo? Es difícil de responder la pregunta a plenitud. Lo que sí se puede presuponer, por la manera como se están dando los acontecimientos, es que la lluvia ácida sobre la política mexicana, puede convertirse en una fenomenal tormenta.

 

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