EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Los privilegios de la corte

Jorge Camacho Peñaloza

Enero 07, 2017

Después de mí, el diluvio
Luis XV

¿En qué mente del gobierno de Enrique Peña Nieto cabe la idea de golpear la economía de los mexicanos, cuando más del 75 por ciento de ellos reprueba su desempeño?, ¿Es posible tanto la desconexión de los que gobiernan al país de esta realidad de rechazo? ¿Para quiénes gobierna realmente el actual gobierno federal? ¿Cuál es el objetivo real de esta medida de incrementar desproporcionadamente el precio de la gasolina?
Al más puro estilo de Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, ha confesado la justificación más históricamente irresponsable a las medidas de gobierno que caracteriza a los regímenes priístas, y que tienen como objetivo satisfacer los intereses de privilegio a los que sirven arrebatando bienestar a la sociedad, al sostener que la medida de incrementar el precio de la gasolina es dolorosa… pero necesaria; sólo le faltó decir que los reclamos que están incendiando al país, ni los ve ni los oye, y háganle como quieran, que en el lenguaje gestual, fue lo que realmente estaba comunicando en su primer mensaje del año.
El problema que está atrás del incremento a las gasolinas, no es que su precio esté subiendo a nivel internacional y era insostenible seguir con los mismos precios en el país, porque esto inhibiría las inversiones nacionales y extranjeras en la distribución y venta de los hidrocarburos, como lo sostuvo Peña Nieto en su primer mensaje del año; tampoco es el incremento del dólar lo que está encareciendo a la gasolina, que hace más cara su importación de la que depende poco más del 50 por ciento del consumo en el país, tampoco el quitarle a los mexicanos 4 pesos por litro de impuestos para financiar el irresponsable y voraz gasto de gobierno.
Según el gobierno de Peña Nieto, la razón del incremento de la gasolina es la preservación del equilibrio de la economía, pero no la economía de la mayoría de los mexicanos, sino la de los sectores de más altos ingresos, que no es otra cosa que decir que su prioridad es mantener los privilegios de obtención de ganancias para la inversión y obtener el dinero para el rapaz consumo de gobierno a costa del bolsillo de los mexicanos.
Es decir, estamos ante una maniobra de redistribución del ingreso regresiva del país, con la que favorece las ganancias de un sector reducido de empresarios y los privilegios de un gasto irresponsable de gobierno; la prioridad no es el equilibrio de la economía, sino redistribuir la riqueza quitándole a la mayoría en beneficio de una minoría.
La medida ya gestó acciones de rechazo en casi todos los estados del país, bloqueos carreteros y a gasolineras, manifestaciones convocadas por redes sociales, en las que principalmente participan ciudadanos y trabajadores transportistas, así como actos de vandalización de centros comerciales los cuales no se justifican porque esas acciones, a su vez, sólo justifican que el gobierno reprima pretextando la paz y el orden, el cual podría estar atrás de esos actos.
La ciudadanía tenemos que rechazar esta medida pero dando ejemplo de valores y principios a quienes nos gobiernan, haciéndoles imponer el imperio de la ley y las instituciones, es posible revertir este atraco, ya es hora de que propongamos políticas impositivas progresivas, combate a la corrupción y presupuestos austeros para pago de salarios de las altas burocracias, hay que manifestase pero no generando el caos.
El país no está para bollos, y aunque el presidente Peña Nieto haya mostrado en su mensaje una serenidad de alteza, la medida no sólo pone en riesgo el fin, los privilegios de la corte, porque con las numerosas e inéditas manifestaciones en todo el país, no sólo está en riesgo la estabilidad social, sino la misma económica que Peña Nieto tanto quiere y quien sólo está echándole gasolina al fuego.
Es claro que la población no está dispuesta a voluntariamente aportar una porción mayor de sus ingresos, reduciendo la satisfacción de sus necesidades principalmente básicas, para seguir pagando los privilegios, lujos y excesos propios de una corte del siglo XVI, que hasta Luis XV envidiaría.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la raza que ahora sí hay que comprarse un Toyota, para darle una trompada a quien ya mero empieza a gobernar a toda la gringada.