EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Mastín de cola larga

Raymundo Riva Palacio

Noviembre 25, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL

Federico Arreola, la voz editorial del periódico Milenio y brazo retórico armado de Andrés Manuel López Obrador, vocifera cada vez que las cosas no le funcionan bien a su jefe político, el candidato del PRD a la Presidencia. Si las cosas en el IFE no salen automáticamente de acuerdo con sus deseos, Arreola es la boca para descalificarlo y minarlo. Si Felipe Calderón gana la candidatura del PAN y de inmediato logra peso político, Arreola es la boca para golpearlo. Termómetro de la temperatura de López Obrador, el principal columnista de Milenio se dedicó esta semana a descalificar las encuestas de preferencias presidenciales que reflejaron la caída de su patrón. Aunque se quedó corto de llamarlo un complot, sí sugirió que los estudios de opinión dados a conocer en los últimos días fueron manipulados para favorecer a Roberto Madrazo del PRI.

Desde la tribuna que le regala todos los días Milenio para hacer propaganda, Arreola fustigó a uno de los encuestadores más prestigiados en México, Roy Campos, que dirige la filial de la empresa Mitofsky, creada por Warren Mitofsky. Campos, con años de experiencia en el INEGI, es el hombre que más encuestas ha hecho en México, mientras que su socio Mitofsky es considerado “el hombre encuesta” en el mundo, en buena medida por su trascendental contribución de llevar al rango científico los exit polls en 1967. Arreola, que en la materia es un ignorante, acusó a Campos de haber manipulado su última encuesta que muestra la caída de López Obrador.

Cualquiera que conozca a Arreola sabe que todo esto no representa ningún problema para el columnista-propagandista, experto en el trapecio político, sino para su jefe López Obrador, cuyo mastín tiene tan larga la lengua como la cola. Arreola camina por la vida escribiendo textos, como este sobre las encuestas, sin autoridad moral y profesional. Un episodio sobre esta materia que lo desnuda perfectamente sucedió en 2000, cuando el responsable de encuestas de Milenio, Rafael Giménez, presentaba encuestas que mostraban la caída del priísta Francisco Labastida y un crecimiento de Vicente Fox en la contienda presidencial. Arreola se irritaba y tenía una creciente hostilidad y agresión verbal hacia Giménez.

Arreola se enfrentó incluso con varios de los editores de Milenio –entre ellos quien esto escribe– porque sin ningún fundamento cuestionó las encuestas al grado de llegar a censurar la publicación de lo que sería la última de Giménez. Al darse ese conflicto interno, se le reprochó que obedeciera sugerencias del coordinador de campaña de Labastida, Esteban Moctezuma, sabiéndose que en el PRI había gran molestia con las encuestas de Giménez. Arreola negó vehementemente que Moctezuma estuviera detrás de su decisión. Tenía razón. Lo que no dijo, y se supo después, es que la petición había salido de Ulises Beltrán, quien había hecho las encuestas para el presidente Carlos Salinas y en ese momento las hacía para el presidente Ernesto Zedillo. Más aún, Beltrán le recomendó contratar a la empresa Nielsen, una reputada empresa de estudios de opinión de mercado, pero sin experiencia en lo electoral. Como se le había advertido a Arreola, el resultado fue desastroso. Milenio pagó cientos de miles de pesos a Nielsen, que pronosticó la victoria de Labastida por 8 puntos. Ganó Fox por 6 puntos; es decir, Nielsen se equivocó de ganador y por 14 puntos. Giménez, quien hoy trabaja con Calderón, pronosticó el triunfo de Fox con un margen de error de 2 puntos; o sea, estadísticamente, nada.

Sin pudor alguno, Arreola cambió de bando, del PRI al PAN, y contra criterios generales de edición, haciendo uso de su jerarquía, se prestó a publicar las encuestas de popularidad del presidente Fox que le enviaba Francisco Ortiz, entonces director de Comunicación Social de Los Pinos. Arreola nunca se detuvo para hacer un análisis autocrítico de lo que había sucedido con las encuestas de Milenio por sus compromisos, y menos aún para explicar el porqué de los vaivenes. Tras el fiasco de Nielsen, aceptó que llegara a hacer las encuestas María de las Heras, su amiga, que se mantiene realizándolas para el diario, y a quien también criticó esta semana, de manera menos grosera, por los resultados desfavorables a López Obrador. De alguna manera se explica la histeria colectiva de los lópezobradoristas, si se entiende que los resultados rompen la estrategia de demostrar el irrompible teflón del perredista, que repercutirá en financiamiento para su campaña.

Parte de esa estrategia fue la contratación, por parte de Arreola, de Ana María Covarrubias, quien ha dado resultados que nadie cree: una ventaja de 20 puntos de López Obrador sobre su más cercano contendiente. Covarrubias ha realizado dos encuestas nacionales monumentales, con más de 9 mil encuestados en todo el país. Su metodología, no obstante, es cuestionable, pues establece tendencias de voto con sólo 300 respuestas por entidad, que hacen un universo corto e insuficiente para sacar un resultado más creíble. Pero lo más importante en el caso de Covarrubias no es la metodología, sino lo que sucedió hace aproximadamente un mes durante la reunión de la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación. Cuando le cuestionaron el dato de los 20 puntos contra varios estudios que ya mostraban el empate, increíblemente no lo defendió, sino que concedió que su resultado pudiera estar equivocado. El campo lópezobradorista comenzó a incendiarse.

López Obrador está abiertamente irritado por todo este episodio, y se ha encargado de denostar encuestas esta semana. Con actitud rabiosa, tampoco acudió al pacto político convocado por los principales empresarios, que suscribieron todos los candidatos presidenciales menos él. El fuego se ha vuelto a apoderar de él, alimentado seguramente por el fogón de Arreola, maestro en calentar mentes sabiendo que no pierde: si su patrón temporal cae, él salta. Al final de cuentas, parece que a pocos les importa la larga cola del mastín a modo.

 

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