EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

No se hagan bolas

Raymundo Riva Palacio

Abril 22, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL

 

¿Qué pasó esta semana con el gobierno foxista? En un momento dice que buscará una salida política al caso de Andrés Manuel López Obrador y su presente y futuro como jefe de Gobierno del Distrito Federal, y en otro amenaza con acusarlo por usurpación de funciones si al tabasqueño se le ocurre regresar el próximo lunes a trabajar. Luego el secretario de Gobernación insiste que explorarán una solución política, y en Los Pinos dicen que nada fuera de la ley. Después la PGR solicita a un juez una orden de presentación de López Obrador, omitiendo la petición de cárcel porque resulta que dos asambleístas del PAN pagaron una caución para que no pisara la prisión. Conclusión: les ha dado un ataque de esquizofrenia.

Sin embargo, puede ser un razonamiento apresurado. ¿Realmente no sabrán lo que están haciendo? Se le tilda alegremente de torpes, pero la verdad es que tienen a López Obrador no sólo políticamente contra la pared sino, peor aún, en el campo criminal. En el mediático que domina el tabasqueño, la Presidencia arrancó sus propias conferencias de prensa mañaneras, neutralizando al lograr hacer lo que López Obrador hacía con tanto éxito: fijar la agenda. Y como remate, al terminar la semana le arrebataron la iniciativa política, pues al pagar la caución, lo pusieron en la defensiva retórica.

¿Qué está sucediendo? Habría que comenzar a pensar en otros niveles que no pasan, en absoluto, por restarle creatividad perversamente eficaz a los asesores del gobierno federal. Lo que parece un ataque de esquizofrenia no lo es. No hay que equivocarse. ¿O realmente Fox se ha convertido en el autor intelectual de la candidatura exitosa de López Obrador? Fallas anteriores en la comunicación política que lo metieron en contradicciones públicas, junto con la medianía del gabinete, estimulan esa percepción. Pero si se mantiene esta línea de pensamiento, es probable que el diagnóstico sea equivocado y, por lo tanto, la conclusión errada. Si se revisan cuidadosamente las acciones emprendidas por el gobierno desde los días previos al desafuero, llama la atención el cambio de señales que modificó los tiempos de la operación política foxista. Pero el resultado inmediato es que la estrategia de López Obrador también dañada, reflejada en una movilización débil y en cambios radicales de discurso, por ejemplo del duro en el Zócalo y suave en el Congreso –pensando que no sería desaforado–, a suave en el Zócalo y duro en el Congreso, o del arranque de campaña en Tabasco, a la denuncia indignada porque le quitaron su pase a la cárcel.

Si se asume que hay inteligencia en la aparentemente desarticulada estrategia foxista, entonces se puede pensar que existe un plan alterno en contra de López Obrador. Llevar la embestida solamente por el lado del desafuero por el desacato a un juez, y fincar en El Encino todos sus esfuerzos por descarrillarlo de la contienda presidencial, es una estrategia demasiado endeble. Meses de acoso le permitieron a López Obrador crecer popularmente en las encuestas de preferencias presidenciales y luego de pagar un alto costo político ¿dejan todo en manos de un juez? Si este fuera el caso, tendrían que haber garantizado que el juez lo metería en la cárcel, que no lo dejaría salir y que no habría fianza alguna para liberarlo. Pero todo esto, ¿por El Encino? El delito por ese desacato es tan menor que en una lógica política no cabe el haber hecho tanto por tan frágil objetivo. La realidad que vivimos debe tener otros dobleces, que se podrían resumir como el Plan B del gobierno foxista en contra de López Obrador.

¿Qué pueden tener en esa estrategia que apenas empieza a enseñar la punta? Por un lado está la reactivación de acusaciones en contra de López Obrador por delitos del orden federal cuando realizó sus protestas petroleras en Tabasco en el sexenio pasado, donde no sólo afectaron vías de comunicación y daño a propiedad privada, sino que provocó el cese de exploración petrolera en tierra, que es donde se encuentra el mejor crudo para exportación. Por el otro se encuentra un elemento que le puede resultar popularmente bastante porque afectaría el puritanismo sobre cuyo eje ha construido su discurso político. Este es, de acuerdo con personas en los círculos de poder, que su ex secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, preso y acusado de lavado de dinero, está comenzando a dar detalles de cómo se desviaron recursos en el gobierno del Distrito Federal para la campaña presidencial del tabasqueño. ¿En que momento le fincarán delitos por lavado de dinero al propio López Obrador? Esta es una pregunta que flota en algunos círculos pero que, al mismo tiempo, puede ser devastadora no sólo para el futuro político del precandidato a la Presidencia, sino para su propia vida privada y lo que sueña como su paso a la historia en el papel de un mártir de la democracia.

Documentar ese desvío puede ser la muerte política de López Obrador. Pero, aún sin llegar a esto, otro componente del plan alterno es la creación natural de una crisis por el poder dentro del PRD. Tener bajo tanto acoso a López Obrador por tanto tiempo, ha hecho amenazar a dirigentes del PRD que si él no está en la boleta presidencial, el partido no competirá por la Presidencia. Pero momento, ¿quién piensa así? ¿Todo el PRD? No parece. Cuauhtémoc Cárdenas está listo para entrar al relevo y otros grupos en el partido han venido discutiendo hace meses la posibilidad de un candidato que no sea López Obrador. En una lógica electoral, el PRD no puede perder la oportunidad histórica que tiene hoy en día de llegar al poder, y se podría argumentar con números que si bien el tabasqueño era la opción para ello hasta hace poco tiempo, recientes encuestas sugieren que actualmente es una pieza desechable como candidato, pues se convirtió de un activo electorero a un vehículo que puede acarrear votos a otro candidato del partido.

¿Qué tanto tiene en marcha el gobierno federal contra él? Hasta donde se sabe con certidumbre se encuentran los delitos por ataque a vías comunicación y presuntos delitos de delincuencia organizada. Qué más, quien sabe. De lo que sí se puede estar seguro es que la confusión que parece reinar en el gobierno federal es meramente semántica, pues en el fondo, ni se ha terminado de ver todo el arsenal contra López Obrador, ni parece que le vayan a dar tregua.

 

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