EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Odio en el discurso

Raymundo Riva Palacio

Mayo 23, 2006

 

Lo que en el futuro seguramente definirá la campaña presidencial en este 2006 será el discurso del odio. Rebasada, por mucho, está la campaña de miedo que introdujo el gobierno de Carlos Salinas en la contienda de 1994, pero no sólo por la violencia entre los actores políticos, sino por una sociedad muy polarizada, crecientemente beligerante y con una tecnología al alcance de la mano que le permite, a diferencia de hace 12 años, una interacción en la esfera pública y tantas campañas de intimidación como se les ocurra a través de los medios de comunicación. Hace dos sexenios, el hostigamiento y amedrentación se daba en forma soterrada, con llamadas telefónicas directas o a los lugares donde uno trabajaba, que tenían emisor claro, el aparato gubernamental. Hace uno, los correos electrónicos empezaron a jugar un papel importante, donde los simpatizantes más radicales de Vicente Fox comenzaron a hostigar a quien lo criticara. Hoy, el terreno de esa batalla está abierto.
En los últimos días se ha enfocado la atención en la manipulación de mentes y utilización de recursos públicos para acicalar la campaña de odio contra Andrés Manuel López Obrador. Inclusive, uno de los operadores más hábiles del candidato perredista, Ricardo Monreal, realizó un road show en medios impresos y electrónicos para denunciar la existencia de 7 millones de correos electrónicos en contra de su candidato con direcciones de emisor en el gobierno federal. En días previos se había desatado una serie de llamadas telefónicas para supuestamente realizar una encuesta, pero en el momento que alguien respondía que iba a votar por López Obrador, se le trataba de persuadir y convencer de que él era, más bien, una amenaza para el país. Injusto sería decir, sin embargo, que esta campaña de odio nació en las últimas semanas como una herramienta de apoyo al candidato oficial, Felipe Calderón. Desde hace meses, en el campo lópezobradorista, también se ha incubado este discurso de alto riesgo.
Un correo recibido recientemente por un periodista, decía: “Leí su columna de hoy… con asombro como cualquier tarado puede escribir en un periódico… ¿Movilización menor, imbécil? La sociedad está completamente polarizada, existe mucho odio contra el gobierno y sus pelagatos como usted… Ojalá y le den un balazo en la cabeza”. Otro, señalaba: “¿Por qué no dedicas unas cuántas líneas al miedo, qué digo miedo, terror-pánico, que los mayatones con sotana del PAN y El Yunque están provocando en la ciudadanía respecto a la candidatura de AMLO… La mayor parte de tus columnas que abordan las campañas presidenciales… terminan por oler a nada, o en el mejor de los casos a ese desinfectante que utilizaban nuestras abuelas en la ropa de cama y en los calzones… con el propósito de eliminar todo vestigio del aroma…”.
Hay equipos organizados en call centres (centro de llamadas) que responden en forma inmediata toda crítica contra López Obrador y a enviar correos electrónicos insultantes y amenazantes, como algunos de los que aquí se describen. En ocasiones sí llegan a ser personas de carne y hueso que empapadas en la pasión que inducen los actores políticos, o que han venido mutando de una posición original de aparente imparcialidad en busca de un proceso legal y legítimo, a un radicalismo que los ha llevado a diseñar públicamente estrategias de arrinconamiento y hostigamiento. Uno de los últimos que han circulado en la red da cuenta del siguiente diálogo:
“Héctor: Yo te sugiero que ataquemos directamente a los columnistas y/o analistas que están franca y descaradamente en contra de López Obrador. Muchos de ellos actúan impunemente porque no hay nadie que les reclame sus excesos… pero casi no dejo pasar ninguna crítica injustificada a López Obrador sin que yo les revire. Es difícil pararlos porque son fanáticos”, pero algo se logra… Te envío (como copia de este correo) los correos de columnistas que yo tengo y que escriben en diarios de circulación nacional y que son decididamente anti-pejes” (sic).
“Carlos: Unos por fanáticos y otros por vendidos, tu idea me parece muy buena. ¿Tienes direcciones de correo de estos periodistas y supuestos líderes de opinión?… Habría que ver la forma de desenmascararlos ante la opinión pública pues tal y como mencionas, como son fanáticos no van a cambiar ni a moderarse, por eso es imperativo que demos a conocer sus cochinadas, no tienen la menor idea de la responsabilidad social que adquieren al estar frente a un micrófono o una cámara, o quienes tienen acceso a escribir en los medios escritos y que utilizan su influencia para fomentar el encono y el odio entre los mexicanos”. (sic).
El discurso de odio se define como un término mediante el cual se pretende degradar, intimidar, incitar a la violencia o realizar una acción perjudicial en contra de un individuo o un grupo. Aunque se centra en raza, etnicidad, origen nacional, religión, orientación sexual y discapacidad, también toca aspectos relacionados con la libertad de expresión, que muchos de los correos que han circulado entre la sociedad –los medios de comunicación y los periodistas son parte de ella–, atacan. Ahora, si bien sería injusto hablar únicamente del discurso de odio que emanó de los establos lópezobradoristas con enorme afluencia y virulencia, también lo sería desconocer que en las últimas semanas han arreciado los mensajes de los profoxistas y calderonistas. Como ejemplo, estos dos botones de muestra:
“¿Inmoralidad de su Presidencia?????… Eres un ignorante que no puede ver más allá de tus narices chatas y que crees que ayudar a los pobres se hace desde una cafetería en Coyoacán. ¡Pobre imbécil! ¡Ahh! Y si te parece chistosa la corrupción, no me extraña nada, seguro que tú eres uno de los millones de corruptos, ineptos, inútiles, buenos para nada y ladrones que están en las filas amarillentas y rojillas!!!”.
“¿Qué hacen los medios? Nada, absolutamente nada, prefieren darle la primera página a pendejadas… Hasta la gente más ignorante sabe que lo que se escribe en la prensa está totalmente amañado, pero en fin, que sigan en su nube pensando que el grueso de la población cree en las pendejadas que a diario escriben…”.
Los políticos han contaminado el ambiente y trasladado las pasiones a los ciudadanos, y contribuido al clima de enrarecimiento con sus calificativos, insinuaciones y ataques. El resultado es que la sociedad está polarizada y en algunos casos crispada y enfrentada. ¿Qué va a suceder? Algunos, como el correo de Carlos a Héctor, lo esbozan: “Lo verdaderamente difícil y complicado comenzará el 3 de julio… y tenemos que estar preparados para lo que pudiera presentarse”. ¿Hacia dónde vamos? No debemos de ir hacia ninguna de las direcciones que lleva el discurso del odio. Es momento de la responsabilidad colectiva y tratar de establecer un pacto de civilidad política, que buena falta nos hace a todos.

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