EL-SUR

Sábado 08 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Pasión y política

Jorge Camacho Peñaloza

Abril 03, 2021

Sólo emplea su pasión quien no puede hacer uso de su razón.
Cicerón.

La política, por ser una lucha por el poder, conlleva altos niveles de pasión generados por el deseo de poseerlo, el anhelo de generar bien común, el fanatismo de controlar a los demás, la ambición por beneficiarse de los bienes probados o por afirmar superioridad, sea cual sea el incentivo en la política siempre hay pasión que llega a traducirse en políticos demagogos, tiranos, fanáticos, sectarios, populistas o políticos demócratas, institucionales y que se conducen por la ley.
La política nace del conflicto para dirimir posturas divergentes acerca de los asuntos públicos e inevitablemente pone en juego las pasiones humanas, los intereses, ambiciones, convicciones enfrentadas, anhelos distintos; en ella surgen tanto las más elevadas acciones colectivas como las más peligrosas conductas antisociales.
Se puede decir que la política tiene origen en la pasión de los grupos sociales por hacerse del control de la organización de la sociedad, pero para que esa pasión no se desboque en guerras y conflictos debe ser canalizada no a través de las cualidades de la buena política, del buen político, sino de manera institucional con las estructuras jurídicas que tiene la facultad de dirimir y sustituir a la pasión en las diferencias entre los grupos políticos o ante las propias decisiones de las instituciones.
El proceso electoral que ha arrancado en el país y en el estado viene cargado de una nueva polarización política: la alianza PRI-PAN-PRD en contienda con la nueva fuerza política hegemónica Morena, que está reconfigurando las pasiones políticas en la lucha por el poder; veámoslo normal, lo que no, es que esa pasión pretenda desbordar o desafiar la ley, las reglas; que las pasiones de los aplicadores de las leyes o de los que deben cumplir con ellas no sustituyan a las leyes con sus pasiones, porque cualquiera de estos casos sólo pueden ser atajados con la pasión de interpretar fríamente la ley y ordenar su correcta observancia.
Pero así como la política nace por el conflicto y las pasiones, también nace como un imperativo de orden y reglas qué observar; la política deja de ser política cuando se pisan los terrenos de la anarquía y la guerra, hay quienes dicen que la guerra es una extensión de la política y yo no estoy de acuerdo con eso, la guerra puede ser una extensión de las pasiones perversas pero no de la política, la política es pasión pero la pasión no es política.
Hay que saber diferenciar: quien por sus pasiones haya caído en una conducta que infringe la ley se le debe sancionar, pero estas sanciones no se resuelven en la calle ni desafiando a la misma democracia, para eso hay procedimientos, autoridades sancionadoras, responsables, tribunales, jueces, magistrados. La política y la democracia se nutren de la pasión se requiere de ella para “sacrificar” la “zona de confort” de la vida personal e ir más allá arriesgándola por resolver asuntos públicos, pero no puede ser rehén de las pasiones que responden a intereses, ambiciones, codicias y fanatismos personales.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A todos los paisas que ‘ora que ya estamos en pleno pleito electoral, que no se vayan a apasionar, que se acuerden que para cada conflicto hay una ley que puede aclarar y sancionar.