EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Política y religión

Jorge Camacho Peñaloza

Febrero 12, 2016

No está mal si la religión dialoga con el poder político, el problema es cuando se asocia con él para hacer negocios bajo la mesa. Jorge Bergolio.

El año pasado, la noticia sobre el correo electrónico en el que el papa Francisco hacía referencia a una expresión que puso en jaque a El Vaticano y que indignó a muchos mexicanos, al comparar la inserción del narcotráfico en Argentina con la situación que prevalece en México, sin duda marca un precedente en la visita que hoy inicia Francisco en nuestro país.
Así como la reunión que hace unos días anunció El Vaticano entre Francisco y el líder de la Iglesia ortodoxa fue una inesperada sorpresa, no puede caernos de la misma manera que el Papa aborde cualquiera de los temas ríspidos o que pudieran incomodar al Estado mexicano hoy en día, ya sea el narcotráfico, la corrupción, su prima hermana la impunidad, los derechos humanos, la violencia, la pobreza, la inseguridad o el que sea, al fin de cuentas, cualquiera es igual de grave para todos nosotros.
Sin temor a equivocarme, Francisco puede abordar en el momento menos esperado cualquiera de estos temas y, por supuesto, el gobierno ya tiene en su discurso la salida diplomática y sobre todo mediática, el contrapeso a semejante demanda, viniendo de semejante personaje.
Y como cereza al pastel, llega Francisco justo unas horas después de la gravísima situación que enfrenta el gobierno de Nuevo León ante los hechos del penal de Topo Chico en Monterrey. Lo más lamentable de este caso, es que el común denominador es la impunidad y la corrupción que prevalece, y no sólo en los penales de nuestro país, sino en muchas de nuestras instituciones.
Así que no tiene el Estado mexicano una situación muy fácil y banal qué atender con esta visita, como lo ha hecho con otras personalidades que nos han distinguido, Francisco es cosa aparte, además de gozar del carisma y simpatía de muchos, y que se ha ganado por su congruente manera de actuar, ha demostrado ser un líder crítico y certero en sus discursos; esa determinación y claridad que lo caracterizan pondrán en juego, a partir de hoy, los nervios de varios políticos y gobernantes que tienen tanta explicación y justicia que dar y ejercer a sus gobernados.
No hay que olvidar tampoco que Francisco ha conminado a sus obispos a denunciar actos de corrupción y crimen organizado; a partir de hoy, será la oportunidad que tenga para hacerlo de manera personal y en el lugar de los vergonzosos y lamentables acontecimientos que nos han marcado a lo largo de los últimos años como parte del top de los países más corruptos del planeta, y qué decir de los propios actos de corrupción e impunidad en los que la misma Iglesia católica se ha envuelto también; así las cosas, no sólo el Estado mexicano tendrá momentos embarazosos a partir de hoy, y hasta la partida de regreso de Francisco a Roma.
Sin duda, el Papa es una figura emblemática milenaria, presente y determinante en la historia de la humanidad, el primer Papa fue San Pedro, el apóstol, al que Jesús le encargo la Iglesia cuando le pidió que apacentara a sus ovejas, a partir de quien ha habido 266 papas de la Iglesia católica, quien también reciben los nombres de santo padre, sumo pontífice, romano pontífice, vicario de Cristo, sucesor de Pedro y siervo de los siervos de Dios; el último de éstos, el papa Francisco.
Desde entonces, los Papas han tenido una creciente influencia, primero perseguidos por el imperio Romano, después reconocidos por el César, con el emperador Constantino, hasta convertirse en jefes del Estado Vaticano, obispos de Roma y jefes de la basílica de San Pedro, en pleno corazón de lo que fue el imperio que crucificó a Jesús en Jerusalén y a San Pedro, de cabeza, en Roma.
Es jefe de Estado y religión, contradictoriamente a una de las enseñanzas de Jesús, cuando le contestó a la pregunta de que si era lícito a los judíos pagar el impuesto al emperador romano, y Jesús contestó “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”; en su persona se reúnen los dos temas a los que mucha gente le da la vuelta, convirtiéndose en postura trillada en el sentido de que no es sano enfrascarse en temas de política o religión, cuando por el contrario, hoy como están las cosas mucha falta hace que se hable de religión y política.
Me imagino que los magnos jurisconsultos habrán pegado el grito, en el cielo, los herederos del liberalismo juarense del siglo XIX, y del jacobinismo obregonista y callista de la posrevolución, defensores a ultranza del Estado laico, o los puritanos hermanos de la congregación de la vela perpetua que nada quieren saber del infierno de la política en la tierra, unos a la religión y otros a la política, pero por igual conspiradores de una y de otra, detractores de dos de las actividades que, bien ejercidas, sin el rechazo promovido por estos prófugos del bien común y amantes de los privilegios privados, podrían salvar a la sociedad de tanta maldad tanto en la vida pública como en la privada.
Si la política se hiciera con los valores de la religión, sin llegar a un estado religioso, y la religión se hiciera preocupada por inspirar y orientar a la política y se saliera de los templos, seríamos una mejor sociedad, tendríamos mejores gobernantes más honestos, partidos políticos más comprometidos con las causas de la sociedad, iglesias con más liderazgo, empresarios más solidarios, hijos, esposos, padres y maestros más unidos, en fin, estoy convencido de que seríamos una sociedad más equitativa y justa.
Serán varios días los que estará Francisco en nuestro país, sobre todo suficientes, para llevar su mensaje a varios de los puntos clave para la democracia, la justicia, y la paz de nuestro país; trayendo, a la vez, esperanza para todo el pueblo de México, para retomar el rumbo como pueblo.
Venga como venga hoy Jorge Bergolio, como papa Francisco o como jefe del Estado Vaticano, que sea bienvenido a México, seguramente nos dejará lecciones de política y religión que ojalá muchos políticos y religiosos anoten bien, y las lleven a la práctica, y hacer oídos sordos a esos ortodoxos de la política y la religión, esos trasnochados del laicismo y de la vela perpetua, que seguramente se rasgarán la vestidura rechazando a diestra y siniestra lo que diga el Papa. Sea como sea, bienvenido, papa Francisco.

Vuela vuela palomita y ve y dile: Al gober Bronco que en qué broncota ya se metió, al no haber vuelto a suscribir el convenio de seguridad del penal de Topo Chico, en que broncón se metió el Bronco.