EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Qué verdad queremos de los 43?

Jorge Camacho Peñaloza

Septiembre 27, 2019

 

No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad.
Aristóteles.

La respuesta al titular de esta colaboración es obviamente que están vivos pero desgraciadamente no se conocen indicios, sí, siquiera indicios de que sea así y por el contrario, todos los indicios que existen indican que les quitaron la vida, en este escenario, a cinco años de la desgracia, a falta de una verdad histórica y legal aceptada, habría que hablar de otras verdades que poco se dicen y que mucho aclaran las causas y los efectos de esa, insisto, desgracia.
Primera verdad. Los estudiantes de Ayotzinapa tienen un modus “educandi” y operandi que desafía, en primer lugar, los reglamentos escolares, las propias leyes, los derechos humanos, las libertades de la gente y hasta la fuerza pública sustentados en la fanática idea de que el mundo que les rodea es injusto, malo y perverso, el cual en la línea del marxismo-leninismo debe subvertirse por medio de la violencia y de ahí que su elemento central de conducta sea la violencia que desde su perspectiva ideológica se justifica tanto para defenderse de ese mundo agresivo, malévolo e injusto que es el capitalismo salvaje y neoliberal, como para atacar a ese mismo mudo, otra vez, agresivo, malévolo e injusto que es el capitalismo explotador y salvaje. Es decir, la naturaleza de los normalistas de Ayotzinapa, mientras son parte de la matrícula estudiantil, es la lucha de clases, la dictadura proletaria, la violencia, vandalizar y su indolencia frente a la autoridad para ellos es una reivindicación ideológica, fanática, lo que inconsciente o conscientemente los coloca en un permanente riesgo no sólo académico y social sino hasta de poner en peligro su vida.
Segunda verdad. El PRD, el gobierno del estado, el gobierno federal y los votantes de Iguala sabían que cuando José Luis Abarca fue postulado y después alcalde electo de Iguala habían elegido a una persona con vínculos con la delincuencia organizada: todo mundo sabía que estaba casado con la hermana del Borrado y el MP, e hija del matrimonio Pineda Villa, integrantes del grupo delincuencial que encabezaban los hermanos Beltran Leyva. Es decir, hubo una elección y omisión criminal que hasta ahora no ha sido castigada y que se dejó pasar para que el crimen organizado se apoderara de la presidencia municipal de Iguala; es decir se votó porque la violencia gobernara ese municipio: Policías y sicarios de la delincuencia organizada, en una perfecta coalición y coordinación para imponer los intereses criminales en el municipio por sobre cualquiera.
Tercera verdad: Ante este panorama, esa noche del 26 de septiembre de 2014 era inevitable que apareciera la desgracia de la violencia en Iguala, ambos bandos estaban plenamente preparados para generarla uno contra el otro, los estudiantes iban por violentar la “fiesta” de los Abarca Pineda por el segundo informe de la “Presidenta del DIF Municipal” doña Ángeles Pineda Villa, y los policías y sicarios seguramente drogados, alcoholizados, portando armas de alto poder y con la instrucción precisa de matar, fueron por los estudiantes por las calles de Iguala logrando dejar muertos a dos tirados en la calle y llevarse a 43, no hacia una circunstancia pacífica sino a una de total y mortal violencia: no los iban a dejar vivos.
Cuarta verdad: La presentación con vida y la no aceptación de la verdad histórica, la del horno en Cocula, se convirtieron en banderas políticas e ideológicas que sustituyeron la exigencia de justicia; creer en la posibilidad de vida ha obstaculizado la justicia para los estudiantes y sus principales asesores Vidulfo Rosales Sierra, Abel Barrera Hernández y Manuel Olivares; la exigencia de investigar para hacer justicia es menos redituable que la bandera de investigar para la presentación con vida de los estudiantes, una estrategia de alargar al infinito los reflectores de su trabajo por la “defensa de los derechos humanos” y con ello el permanente reconocimiento a su lucha principalmente de organizaciones europeas; la justicia en segundo plano para las familias de los estudiantes, ahí está el “pinches indios piojosos” de Vidulfo Rosales y en esa bandera se cuelgan Nicolás Chávez Adame, la CETEG, el sindicato de Bachilleres y demás oportunistas.
Vuela vuela palomita y ve y dile: Al que quiera seguir leyendo, que a pesar del extravío de la exigencia de justicia, esos nobles 43 normalistas se inscribieron en la Normal Raúl Isidro Burgos buscando una mejor vida para ellos y sus familias, y no violencia para perder la vida.