EL-SUR

Lunes 21 de Enero de 2019

Guerrero, México

Opinión

Reconocimiento a Unisur

Margarita Warnholtz

Enero 11, 2019

 

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene contemplado abrir 100 universidades públicas. Según se anunció funcionarán en municipios marginados y tendrán dos o tres carreras, relacionadas a las necesidades de las regiones donde operen. Estas universidades ayudarán indudablemente a que miles de jóvenes que no cuentan con recursos para trasladarse a estudiar lejos de sus lugares de origen puedan recibir educación superior y probablemente conseguir empleo cerca de sus hogares.
Hay quienes afirman que estas casas de estudio no son una opción adecuada, que debería mejor ampliarse el ingreso a las ya existentes, sin embargo, no consideran la imposibilidad de vivir fuera de casa de la mayoría de los jóvenes de familias de escasos recursos. Las universidades en regiones marginadas son la única opción para muchos jóvenes y pueden funcionar adecuadamente.
Ejemplo de lo anterior es la Universidad de los Pueblos del Sur (Unisur), que opera en zonas indígenas y afromexicanas marginadas del estado de Guerrero desde hace más de 10 años. Fue creada por un grupo de organizaciones, autoridades indígenas y profesores bilingües con apoyo de académicos de diversas universidades, precisamente ante la necesidad de alternativas de educación superior en sus regiones.
El proceso fue largo, se realizaron numerosas asambleas y foros, así como un estudio de factibilidad que siguió los lineamientos de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe. También se creó una comisión interinstitucional conformada por personal del gobierno estatal, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, de la Universidad Autónoma Metropolitana (plantel Xochimilco), la Universidad Autónoma de Guerrero y la Universidad Pedagógica Nacional. Esta comisión estuvo encargada de gestionar con el gobierno estatal y federal la creación de la universidad.
Sin embargo, el entonces gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca, quien en campaña había ofrecido apoyar a la Unisur, les negó el apoyo y creó en su lugar una universidad intercultural desvinculada de las comunidades. Aun así, los pueblos decidieron continuar con su universidad, y con apoyo de maestros voluntarios (todos académicos titulados, muchos con maestría e incluso algunos con doctorado) y de diversas organizaciones no gubernamentales, intelectuales, artistas y diversas universidades ha funcionado desde hace 10 años.
Las aulas se construyeron en terrenos donados por las comunidades y con trabajo de las mismas y de los estudiantes, muchos de los profesores se trasladan con sus propios recursos desde la Ciudad de México para dar clases (gratis) los fines de semana. Las familias de los alumnos los apoyan con hospedaje y comida. El vínculo de la Unisur con las comunidades es enorme y los proyectos de investigación de los alumnos se desarrollan en ellas, de acuerdo a sus necesidades. Muchos de los egresados encabezan ahora proyectos productivos exitosos en sus comunidades o trabajan en los ayuntamientos.
Todo esto a pesar de que, por más esfuerzos de distintos tipos que se han hecho desde que se fundó esta institución, no se ha logrado conseguir el registro de la misma y menos que se le otorguen recursos. Hay ya cientos de egresados de las cinco sedes de Unisur y las cuatro carreras que se imparten que, a pesar de haber terminado sus estudios, no pueden obtener su cédula profesional y, aun así, prefirieron estudiar en esta universidad a quedarse sin estudios o asistir a alguna de las pocas opciones que ofrece el gobierno. Además, a pesar de no contar con reconocimiento oficial, la Unisur ha adquirido reconocimiento no solamente en Guerrero sino incluso a nivel internacional, forma parte, por ejemplo, de la Red de Universidades Indígenas, Interculturales y Comunitarias del Abya Yala.
El año pasado los profesores, en conjunto con los estudiantes (alrededor de 250 actualmente inscritos) y las comunidades, decidieron suspender temporalmente las clases para dedicarse de lleno a buscar el reconocimiento oficial de la universidad y, por qué no decirlo, para dar un descanso a los maestros que, a pesar de la violencia que azota al estado y de que costean de su bolsillo los viajes, no habían dejado de asistir.
Evidentemente, con el gobierno anterior no consiguieron nada, se les siguió ignorando o poniendo trabas. El actual gobierno estatal tampoco les ha resuelto nada. Ahora, con la actual administración, confían en obtener finalmente el tan buscado registro como universidad pública. Con el trabajo demostrado en tantos años y con la política actual de apoyo a los pueblos indígenas y de creación de universidades para los más necesitados, sería un contrasentido que no se les otorgara. Definitivamente Unisur es un ejemplo de cómo, con pocos recursos pero con apoyo de las comunidades, puede funcionar una universidad.