EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Relaciones (muy) peligrosas

Raymundo Riva Palacio

Agosto 08, 2005

 

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Londres.— ¿Qué se puede hacer con latas de comida, decolorante de pelo, unas pastillas químicas que usan los ejércitos para calentar sus alimentos y un refrigerador que se compra en cualquier tienda? Simple: una bomba como las que explotaron hace un mes en Londres que dejaron 56 muertos y 700 heridos. Esos fueron los ingredientes de las letales bombas caseras que encuentran su receta de manera relativamente fácil en internet, donde uno puede encontrar hasta diagramas para construir una bomba atómica. Es decir, las posibilidades de cometer un acto terrorista de tal magnitud están al alcance de una lista de supermercado y la dirección correcta que buscar en un café internet.

¿Qué se puede hacer para evitarlo? En el largo plazo no hay una idea terminada sobre cómo impedir que el rencor de los musulmanes extremistas se convierta en ataques mortales. En el corto, son draconianas que los gobiernos están poniendo en práctica. El primer ministro inglés Tony Blair propuso el viernes reformas migratorias que empiezan a darle la vuelta a la política histórica multicultural y de tolerancia en este antiguo imperio. Blair dijo que los atentados del 7 de julio habían cambiado “las reglas del juego” y que la correlación de las políticas migratorias y los derechos humanos se invertirá, negativamente para estos últimos, provocando críticas mundiales.

Otros países ricos y democráticos están cediendo ante las presiones de Estados Unidos y participando en lo que llaman “rendición”, un eufemismo secuestros. Bajo la carátula de la guerra contra el terrorismo, los gobiernos más avanzados –como Suecia o Australia– están colaborando con los estadunidenses para que todo aquél sospechoso de vínculos con organizaciones terroristas sea detenido y enviado a Egipto, Jordania, Marruecos, Túnez, Uzbekistán o a Guantánamo para darle la vuelta a sus sistemas de justicia y ser interrogados bajo tortura. Cierran sus ojos ante las operaciones de los servicios de espionaje estadunidenses, y sólo en casos de terrible desaseo y fiasco, como recientemente en Italia, se atreven a levantarle la voz a Washington.

¿Por qué nos debería de importar sobremanera en México lo que está pasando en el mundo? Una razón suficiente debería de ser que con 3 mil 200 kilómetros de frontera común, en muchos de cuyos tramos es increíblemente porosa, la preocupación estadunidense se magnifica por la pobre calidad de la información de inteligencia de los servicios civiles del gobierno foxista y por la corrupción profunda en sus cuerpos policiales y aduaneros. Son varios los mensajes que han enviado en los últimos meses sobre su preocupación creciente por la ausencia de seguridad y el desorden nacional. Peor aún si uno observa algunos puntos de entrada a México, ruta de tránsito a Estados Unidos. La frontera con Guatemala es en buena parte terreno de nadie y se puede cruzar sin mayor problema en múltiples puntos. Y en el aeropuerto de la ciudad de México, el control para viajeros procedentes de Europa y Asia, donde se encuentran las grandes células terroristas, es casi un día de campo. Viajeros de América del Sur o África pasan por una frontera diferente, más vigilada para evitar el narcotráfico. Pero para este efecto, es inútil: el 44 por ciento de los nuevos reclutas terroristas son europeos; o sea, no son revisados.

Las autoridades mexicanas niegan que el terrorismo es un fenómeno que en cualquier momento puede tocarlos. Aseguran que como no se enviaron tropas a Irak, el país es seguro. ¿Por qué serían entonces los mexicanos sujetos de acciones terroristas? Otra razón sería que los servicios de inteligencia estadunidenses estiman que si se dieran ataques terroristas en México, no sería contra objetivos mexicanos, sino contra blancos estadunidenses. Están preocupados que se intente colocar en Cancún una bomba como la que detonaron terroristas en Bali hace dos años contra turistas australianos, o que atenten contra uno de los tantos cruceros que navegan por el Caribe. Cuando a estos escenarios se les suma la corrupción policial, la situación empeora en la percepción sobre la seguridad en México. ¿Por qué?

Una creciente preocupación en varios países europeos es que detrás del terrorismo ha comenzado a operar el crimen organizado. Gobiernos como Inglaterra o Italia, por citar a dos involucrados en la guerra contra el terrorismo, han suspendido prácticamente todas sus operaciones contra el crimen organizado para dedicar esos esfuerzos humanos y financieros a combatir el nuevo fenómeno global. En Inglaterra todas las investigaciones de su tipo fueron suspendidas después de los bombazos y las unidades que trabajan contra el crimen organizado en este y otros países europeos, prácticamente se han desmantelado. En Afganistán, donde Al Qaeda tenía la protección del gobierno talibán, el terrorismo es controlado desde hace dos años por los jefes tribales que manejan el crimen organizado. En Rusia, las mafias operan bajo los métodos del terrorismo. Y en Irak, los jefes tribales han sido conductos obligados para que los gobiernos europeos logren el rescate de sus ciudadanos. En el caso de periodistas francesas e italianas que fueron liberadas, de acuerdo con informaciones que circulan en los medios europeos, el aparente objetivo de los secuestradores era el dinero. Según ha trascendido, sus captores mostraron videos de apelación de rescate que fueron regrabados varias veces porque consideraban que no aparecían lo suficientemente tristes y desaliñadas para causar un mayor impacto.

La relación del crimen organizado con el terrorismo ha sido una variable que ha flotado en México desde hace varios meses. La mafia rusa opera en México haciendo negocios con la coreana, y los cárteles del narcotráfico se han metido totalmente con los maras –a quienes se sigue asociando con Al Qaeda– y con algunas facciones de guerrillas en el sureste. El escenario mexicano, en efecto, incorpora varios de los elementos que prenden las alarmas en las capitales que están combatiendo al terrorismo como su razón de existir y sobrevivir, y ya le han puesto el ojo a la fragilidad del sistema mexicano y a la vulnerabilidad de sus aparatos de seguridad. Lo mismo pueden pensar aquellos grupos que están en el otro lado de la trinchera: a México se entra fácil y se desaparece fácil. Cuánto más tardará el terrorismo y sus efectos en encontrar un nuevo campo de batalla en México nadie lo puede saber. Quizás nunca; probablemente en poco tiempo. No obstante, para eso es la prevención y la preparación, para alejar cada día esa posibilidad a un punto más remoto. El no hacerlo no significa que México sufrirá en carne propia el fenómeno, sino que un día nos despertaremos conmocionados por un atentado en nuestro territorio y tan absurda como irresponsablemente preguntaremos por qué.

 

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