Historias en la cocina Dirigida por Bent Hamer esta coproducción de Suecia y Noruega de 2002 logra al final romper con la frialdad humana tradicionalmente atribuida a esas naciones y centra su anécdota en torno a un proyecto de investigación planteado bajo todas las pautas de la impersonal y utópica distancia del investigador con … Continúa leyendo Renato Ravelo Lecuona
Junio 02, 2004
Historias en la cocina
Dirigida por Bent Hamer esta coproducción de Suecia y Noruega de 2002 logra al final romper con la frialdad humana tradicionalmente atribuida a esas naciones y centra su anécdota en torno a un proyecto de investigación planteado bajo todas las pautas de la impersonal y utópica distancia del investigador con sus objetos de estudio, aunque estos sean humanos cargados de historia.
El rompimiento de la frialdad de la cinta, reforzada por un paisaje nevado y el método “positivista” pesando sobre los humanos involucrados en el experimento, se logra efectivamente hacia al final de la película y lo podrán disfrutar quienes aguanten la primera hora de una narración que se desliza en un absurdo bien llevado.
El texto pudo ser concebido para teatro. Lo del método positivista no es rollo mío, –aunque suscribo y disfruté la parodia– sino del argumento y fue usado precisamente para mostrar que detrás de todos los intereses industriales y económicos existen humanos y no fríos objetos, y que ellos pueden ser suecos, noruegos o de donde sea.
La investigación se trama en una reunión empresarial donde se presenta una proyección grande con el plano de una cocina sobre un fondo blanco cruzado en muchos sentidos por gran cantidad de líneas y se señala que donde confluyen mas trazos responden a los desplazamientos más frecuentes de una mujer en el espacio de su cocina, dato técnico que permite la planeación del mobiliario y la disposición de los trastos y aparatos que se pueden vender mejor por su diseño científico.
El hombre que tuvo que explicar el método es el encargado de formar al equipo de investigadores contratados para otro proyecto, ahora con hombres solteros de una región noruega, donde tienen que insertarse y observar como intrusos de su intimidad a aquellos que aceptaron prestarse a ello por algún incentivo económico.
La situación absurda es que los observadores, que tienen prohibido hablar con sus observados, se acomodan en una silla alta en la que casi tocan el techo, pero además de la “distancia metódica” sirve para que pueden estar trazando las líneas de todos los desplazamientos en la cocina de sus observados y sin que éstos sepan nada. La situación es chusca y provoca incidentes frecuentes, sobre todo por la incomodidad de los observados a tener la presencia real de sus observadores con quienes tienen prohibido –por contrato– tener relación alguna. Incluso los observadores llevaron sus autos con casitas de remolque acondicionadas para permanecer ahí no sé cuántas semanas, en calidad de intrusos observantes.
El caso que se describe a detalle es el de un hombre viejo, dueño de alguna granja y de un caballo herido al que trataba con mucho cariño, pero que vive en el encierro invernal prestándose al experimento. Su incomodidad, bien actuada, se tradujo en agresiones como apagarle la luz al observador cuando salía del cuarto, cocinar fuera de la cocina, hacer un agujero en el techo para observar al observador mientras se ausentaba del espacio, tender su ropa lavada dentro de la cocina y frente a él para que no pudiera verlo, todo en una tensión creciente. En algún momento tenía que romperse el trato o abrirse a la comunicación. La película lleva este relato al detalle, construyéndolo con alguna lentitud, sin emociones fuertes hasta que el observado logra romper el hielo, ofreciéndole un café después que se percató que el observador había tomado un salero y lo dejó fuera de su lugar.
La salida del filme, es la apertura de la comunicación humana, con cosas sencillas pero que alcanzaron una grata y humana solidaridad en torno a situaciones que los identificaban. Es una película “intelectual”, aunque contextuada en esa contradicción humana en tiempos de la modernidad empresarial.