EL-SUR

Viernes 21 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Renovarse o morir

Jorge Camacho Peñaloza

Julio 09, 2021

 

“El bien puede resistir derrotas, el mal no”.
Tagore.

El PRI como partido político o maquinaria electoral fue sin duda un gigante a lo largo del siglo XX.
Desde su creación en 1929 como el Partido Nacional Revolucionario, su nacimiento auspiciado por Plutarco Elías Calles, tuvo como principal incentivo encausar la vida política del país, darle orden y reglas en un contexto en el que los poderes regionales pretendían imponer su voluntad sin respetar ninguna autoridad ni regla, lo que habría seguido sangrando al país después de terminado el movimiento revolucionario que terminó con el régimen dictatorial porfirista, logrando que los consensos políticos se construyeran al seno del instituto político lo que dio pie a la simbiosis PRI-Gobierno, que a la postre impidió que le disputaran los poderes públicos enmarcados en las constituciones federal y estatales, fórmula que con el paso de los años contuvo, a través de múltiples mecanismos, las expresiones políticas disidentes y opositoras hasta ya no poder y perder el poder y la hegemonía política en el último cuarto del siglo pasado y sobretodo a partir del año 2000 cuando por primera vez desde 1929, pierde la Presidencia de la República ante Vicente Fox.
Sería ilógico sostener que el PRI debería ser eterno con sus rígidos mecanismos de disciplina y control político e ideológico frente a una sociedad y mundo cada vez más pluraesl en todos los sentidos principalmente en la forma de entender la política, el gobierno y el poder, se acabó la omnipresencia, la omnipotencia, el nacionalismo aquel de que quien estaba contra el PRI estaba contra México, México dejó de ser el PRI y el PRI dejó de ser México.
Así, el país empezó a ser otro, con otras formas de entender la democracia, la política, el liderazgo, el poder, la nación y la vida pública, la pluralidad y la diversidad se convirtieron en sinónimos de libertad en todo el mundo incluyendo México; el PRI empezó a dejar de reflejar a México y a su ciudadanía, la cual empezó a reflejarse mejor en otras expresiones partidistas, y llegaron las derrotas como la del pasado 6 de junio, perdiendo las ocho gubernaturas que se pusieron en juego y que estaban en su poder, incluyendo por tercera ocasión la de Guerrero, no logró quedarse con una sola.
El signo del siglo XXI para el PRI ha sido definitivamente el de la derrota; acostumbrados a la famosa e histórica aplanadora de casi todo el siglo pasado que se llevaba todo, que metía zapato a los partidos opositores, ahora la militancia, líderes, dirigencias y simpatizantes han visto cómo su partido se ha venido haciendo chiquito, el que otrora era el partido gigante, lo malo es que, acostumbrados a ganar, ganar y ganar, al parecer nunca definieron esquemas para el tratamiento de la derrota.
Decía Jorge Luis Borges que “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”, o Paulo Coello “la derrota es para los valientes, conocen el honor que hay en la pérdida”, o Napoleón Bonaparte “la victoria tiene cien padres, la derrota es siempre huérfana”, frases que hoy deben orientar al priísmo en la derrota porque no se vale que después de haber tenido el privilegio de ser candidato, de haber sido en quien el priísmo vio las mejores virtudes, prendas y capacidades, por no haber obtenido la victoria se pase de ser candidato a acusador de quienes te hicieron candidato exhibiendo con ello que la candidatura era más un asunto personal que institucional.
A todas luces es imprudente, por no decir otras cosas, que Mario Moreno Arcos asuma la derrota como un asunto personal culpando a quienes lo pusieron como candidato, a quienes lo hicieron verdaderamente competitivo porque realistamente sus prendas personales no le daban ni lo levantaron para convencer al electorado, la estatura del político se mide más en la derrota que en la victoria, la dignidad de la que habla Borges significa la humildad de asumir la derrota en nombre de todos para desde ahí, sacando desde el fondo de las reservas todo lo mejor, convocar a la unidad, no culpar a nadie y menos a los de casa, y echarse para adelante como él decía, pero al parecer carece de esa virtud porque como dice Rabindrannath Tagore “el bien puede resistir derrotas, el mal no”, una situación muy desafortunada porque quien no acepta la derrota y busca culpables es una señal de que no merecía la victoria y menos ahora dirigir al partido.
El PRI tiene que cambiar desde adentro, adaptarse a la realidad que ya no es la del siglo XX, para eso tiene que desatarse de sus propias ataduras, tiene que reinventarse, tiene que llegar la renovación generacional, la vieja escuela tiene que abrirse y dar paso a las nuevas generaciones que entienden mejor los tiempos, Ricardo Taja ya alzó la mano para dirigir el priísmo guerrerense, es un joven cuadro que no viene de la vieja escuela, la que resolvía las derrotas con las purgas internas, viene de una nueva escuela de políticos que tiene en la mira más que las purgas y buscar culpables, la unidad y levantar el ánimo.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A todo el priísmo guerrerense que en lugar de andar buscando culpables, mejor aprovechen la oportunidad para renacer, y eso solo podrá suceder si tienen la capacidad de reconocer, como dijo Unamuno, que el PRI tiene que renovarse… o morir.