EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Ricardo Monreal

Ángel Aguirre Rivero

Octubre 31, 2025

En la historia política reciente de México hay figuras cuyo liderazgo y capacidad para sobreponerse a la adversidad han marcado el rumbo de la transformación nacional. Una de ellas, más allá de cualquier polémica, es sin duda Ricardo Monreal Ávila, originario de Zacatecas. Monreal representa a esa generación de políticos que creyeron en la izquierda mexicana cuando aún parecía un camino cuesta arriba.
Recuerdo a Ricardo desde hace muchos años, cuando ambos militábamos en el PRI. Desde sus primeros cargos públicos mostró una combinación poco común de formación académica, visión estratégica y cercanía con la gente. Su participación ha sido decisiva en momentos clave para la consolidación del proyecto progresista en México.
En los años noventa, Ricardo Monreal era uno de los cuadros más disciplinados del PRI. Su mentor político era Genaro Borrego Estrada, también zacatecano. Pero Monreal no aceptaba la obediencia ciega: cuando el partido le negó la candidatura al gobierno de Zacatecas en 1998, prefirió romper. Aquel día, cuentan sus cercanos, entró al comité estatal, dejó su credencial priista sobre el escritorio y dijo: “Me voy con la gente, no con el poder”. En menos de tres meses, el “desertor” del PRI ganó la gubernatura bajo las siglas del PRD. Fue el primer golpe serio al sistema en el norte del país.
Ya en el poder, Monreal convirtió Zacatecas en un laboratorio político. Dio espacios a ex priistas, panistas inconformes y hasta a líderes sociales del campo. Le decían que gobernaba con el enemigo, y respondía con ironía: “El único enemigo es el hambre”. Esa mezcla de pragmatismo y audacia lo volvió un referente para la izquierda mexicana: el político que había demostrado que se podía ganar sin el PRI.
Monreal y Andrés Manuel López Obrador se conocieron en los tiempos del PRD. Eran aliados incómodos: uno del norte, con discurso agrarista y sentido táctico; el otro del sur, con narrativa moral y convicción popular. Cuando AMLO lo invitó a coordinar la campaña presidencial de 2018, Monreal ya había pasado por el Senado, la Jefatura Delegacional en Cuauhtémoc y un fallido intento de ser jefe de Gobierno. “Yo sé negociar, pero también sé resistir”, le dijo Monreal. Esa alianza marcó su retorno al primer plano político.
Como coordinador de Morena en el Senado, Monreal vivió sus días más tensos. Su despacho en Reforma se volvió campo de batalla entre leales y críticos del presidente. Cada votación era una prueba de lealtad y cada entrevista, una guerra de interpretaciones. Cuando se discutió la reforma eléctrica, algunos lo acusaron de “tibio”. Él contestó: “No confundan diálogo con debilidad.” Era su sello: el arte de negociar sin romper del todo.
En 2022, en plena sucesión presidencial, se filtró una reunión discreta en un café de Polanco. Monreal y Marcelo Ebrard, ambos marginados por el círculo duro de Morena, hablaron sin grabadoras. Marcelo dijo: “Nos quieren fuera.” Monreal replicó: “Los que saben esperar, ganan.” Aunque ninguno confirmó el encuentro, fue un mensaje claro: Monreal seguía vivo políticamente.
En 2019, durante la discusión de la Ley de la CFE, Monreal recibió una llamada de Manuel Bartlett. “Ricardo, no metas mano en mi iniciativa”, le dijo el director de la Comisión. Monreal respondió: “Manuel, no es tu iniciativa. Es del Estado mexicano”. Al día siguiente, el dictamen se aprobó con modificaciones negociadas por él. Así opera: confronta, pero nunca rompe.
La relación entre Monreal y Martí Batres fue un duelo constante. Cuando Batres quiso reelegirse como presidente del Senado, Monreal impulsó a Mónica Fernández. Batres lo acusó de traición. Monreal respondió: “El Senado no se gobierna con vísceras, sino con votos.” Ganó la votación, perdió la amistad. Otra lección: en política, el afecto dura menos que la correlación de fuerzas.
Poco después del triunfo de Morena, Monreal fue invitado a una cena privada en casa de López Obrador. AMLO habló de ética y lealtad. Monreal levantó la mano y dijo: “Solo pido que nunca falte espacio para el diálogo, incluso con quienes no piensan igual”. AMLO respondió: “Por eso estás aquí, Ricardo. Porque sabes hablar cuando otros callan”.
Durante el proceso interno de Morena en 2023, Monreal amagó con irse. No lo hizo. “Soy leal a la democracia, no al aplauso”, decía. Su papel: el opositor interno que incomoda, pero que mantiene equilibrio.
Hoy, Monreal es un político que camina con prudencia. Ni totalmente dentro ni fuera del sistema. En el Senado dejó su sello: la palabra como instrumento de poder. En política, ha demostrado que puede caer y levantarse tantas veces como quiera.
Como gobernador, senador y hoy diputado federal y coordinador parlamentario, ha demostrado que la política no es una carrera de velocidad, sino también de resistencia. Fue protagonista en la construcción de alianzas y en la defensa del proyecto que llevó a la izquierda a la Presidencia de la República en 2018, pero también participó en los intentos anteriores. Ahí nos encontramos en la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2012, donde contribuyó desde la operación territorial hasta la conducción legislativa.
Hoy, en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal continúa aportando experiencia, disciplina y capacidad de diálogo en un escenario político plural y exigente. Su voz se distingue por su solidez jurídica, su conocimiento del Estado mexicano y su habilidad para tender puentes —y subrayo esto—para tender puentes incluso en los momentos más complejos.
Ricardo Monreal es el sobreviviente por excelencia. En él conviven tres generaciones políticas: el priismo disciplinado, la izquierda negociadora y la Cuarta Transformación institucional. Su anecdotario no es una colección de recuerdos, sino un mapa de poder. Y si algo ha aprendido en todos estos años, es que en México la política no la ganan los más fieles, sino los que saben cuándo hablar… y cuándo esperar.
Una de sus grandes cualidades es que sabe ser amigo en la adversidad, porque sabe construir. Sabe construir puentes con todas las voces de la política. Entiende muy bien que en México la política se hace mejor en la pluralidad, sin duda.