EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Roma

Jorge Camacho Peñaloza

Febrero 15, 2019

 

El prejuicio es hijo de la
ignorancia.
William Hazlitt.

Más allá del glamour hollywoodense y de los Óscares es necesario hablar de Cleodegaria Gutiérrez, Cleo el personaje principal de la película de Alfonso Cuarón, Roma, porque a fuerza de la ficción se visibiliza una trama que miles de trabajadoras domésticas de etnias originarias viven día a día que no queremos ver en la realidad, es una historia que casi nos brinca en los ojos y lamentablemente la descubrimos en el cine como si se tratara de una ficción.
Roma no debe ser sólo la historia de una película exitosa, del éxito de Alfonso Cuarón o de Yalitza Aparicio, de sus diez nominaciones y seguramente varias estatuillas de los Óscares, de las pasarelas de alfombra roja o las entrevistas en Vogue a los que hicieron posible este trabajo cinematográfico, que de suyo tienen su mérito, cuyo truco fue hacer una simbiosis perfecta entre la protagonista principal, Yalitza Aparicio, la maestra mixteca y el personaje de la historia de Roma, Cleodegaria Gutiérrez, la trabajadora mixteca de la familia urbana profesionista del entonces Distrito Federal de principios de los setentas. O más en corto, Roma no debe quedar como la película inspirada en la niñez de Cuarón en la colonia Roma, específicamente inspirada en la trabajadora doméstica que tuvieron en su casa, Liboria Rodríguez.
Que no se quede Roma como la historia de dos personajes, uno de ficción y otro real, la de Cleo y la de Yalitza, y menos aún hagamos la de Cleo la historia de ficción que nos mostró la realidad y la de Yalitza la historia de la realidad que se está convirtiendo en ficción. Roma debe ser un llamado a nuestras conciencias clasistas capaces de crear divisiones, clases sociales, humanos de primera y de segunda, injusticias que nos negamos a ver en la cotidianidad o que nos engañamos en la cotidianidad creyendo que es normal y que así nos tocó vivir.
Roma es una extraordinaria película no sólo por sus nominaciones como Mejor Director, Película Extranjera, Diseño de producción, Fotografía, Guion de película, Diseño de sonido, Mezcla de sonido, mejor Cinematografía, mejor Actriz y Actriz de reparto. Es la primera película mexicana, en competir por el Óscar a la mejor película y la primera actriz mexicana de etnia originaria en ser nominada a la estatuilla.
Roma es una gran película porque literalmente nos viene a abrir los ojos a esa realidad que nos negamos ver, visibiliza la injusta realidad de miles de trabajadoras domésticas indígenas que por la pobreza se ven obligadas a abandonar sus familias y pueblos para irse a trabajar a las ciudades, en donde sufren tratos inhumanos, de verdadera segregación, de humillación y clasismo, realidad que en la propia película como que se trata de ocultar con la historia de los sentimientos que cuenta, los de Cleo por la familia y los niños, y de éstos hacia Cleo, y de ella hacia Fermín y por su hija que no alcanzó a sobrevivir. Como toda buena narrativa de marketing la película está hecha para jalarnos a la parte sentimental pero no debemos dejar de ver la otra realidad.
Ojalá que Roma sirva para despertar conciencias, que sea un llamado a la conciencia para generar mecanismos que impidan esa relación clasista gestada por la pobreza, el malinchismo, el colonialismo, el caudillismo, la industralización y modernidad indefectiblemente ligada al sueño Americano del siglo XX mexicano, que se suaviza pero no se compone sólo con el amor de la familia hacia la trabajadora y el de ésta hacia la familia, porque así como la corrupción no es un asunto cultural, tampoco la discriminación hacia los pueblos originarios; ojala que Roma sea un llamado a la protección y apoyo a esta población que vive en esa condición, que nos haga conscientes de que la discriminación en lugar de mostrarnos como fuertes nos hace una sociedad débil.

Vuela vuela palomita y ve y dile: A los cinéfilos que no vayamos hacer de Roma una Rosa de Guadalupe, que Yalitza no es Thalía, que la discriminación no es una ficción sino una realidad que hay que erradicar.