EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Terquedad

Jorge Camacho Peñaloza

Enero 25, 2019

Una necedad, aunque la repitan millones de bocas, no dejan de ser una necedad.
Anatole France.

A poco menos de dos meses en el gobierno, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado la forma en que entiende el poder, “tengo las riendas en la mano” sostuvo en una de sus conferencias de prensa mañaneras, como sincerándose acerca de lo que para él es el poder, una rienda, un recurso personal para imponer decisiones, para doblegar a todo aquello que se resista, un recurso personal, intransferible y que no se comparte, imaginen a dos personas encima de un caballo sujetando ambas la rienda, por cierto acepción ligada a los cacicazgos hacendarios del México porfirista y rurales el siglo pasado. Así es y lo refrenda con su ya clásica frase “me canso ganso”.
Él mismo se ha autodefinido como un terco, necio, y vaya que lo es, empecinado, tres campañas por la presidencia de la República, dos derrotas no lo hicieron desistir, y en la tercera hasta con partido propio llegó con su primera participación en elección presidencial. Tiene experiencia pues en doblegar circunstancias, obstáculos, adversarios, hasta lograr su cometido. Dicen que sus más cercanos colaboradores han confirmado que en el trato personal también es así, necio, obcecado, terco, para hacer entender que él está en el centro de las cosas.
Fue obcecado en meterle a la gente la idea de que la corrupción era la madre y el origen de todos los males del país, del gobierno y de la gente y poco a poco la fue convenciendo recorriendo todos los estados del país hasta que logró convencer a la mayoría que finalmente, a la tercera. votó por él. Y puso en el centro de la causa la corrupción, obviamente, a sus adversarios electorales, a la mafia en el poder para así convencer a los electores a que votaran contra los malos, a diferencia de los cuales él se auto exalta sosteniendo que su escudo es la honestidad.
Muy bien si para él la necedad le ha funcionado y ayudado a conseguir sus objetivos, y también muy bien si su terquedad sirve para resolver algunos de los problemas que tenemos como país, el problema es que la terquedad de López Obrador y su manera de entender el poder como un recurso personal, va a topar con algo que es más terca que él, que podríamos decir que es la madre y reyna de toda la terquedad, a la que nadie le gana a ser necia, me refiero a la realidad, esa que por definición existe independientemente de la voluntad del hombre, ante la cual López Obrador puede llegar a cometer muchos errores que vamos a pagar todos como país, algunos con la vida.
Por ejemplo, sostiene que va a acabar con la corrupción, y me canso ganso que no va a ser así, y aclaro que por supuesto que no estoy a favor de la corrupción. Su gobierno va a acabar y esta va a seguir, y no es porque haya fallado sino porque la corrupción no va a dejar de existir sólo porque él diga tercamente que se va acabar con ella porque la corrupción no sólo la promueven la mafia en el poder, no sólo está en el ámbito gubernamental, está en la sociedad, en los sindicatos, en las organizaciones, en amplios sectores de población, la tiene cerca camuflajeada en algunos de sus colaboradores y por creer que va a acabar con ella porque es honesto y terco; puede que sus medidas contra ella fracasen, y no se trata de valorar maniqueístamente el problema, entre buenos y malos, sino realizar un diagnóstico apegado a la realidad y no a su terquedad.
La pobreza no va a acabar sólo porque él lo diga o porque va a regalar miles de millones de pesos en becas, pensiones y apoyos; la terca realidad le va a enseñar que la pobreza no sólo se ataca con programas de gobierno sino con políticas fiscales redistributivas, con un empresariado más solidario con los salarios, si no es así, la terca realidad le va a enseñar que el dinero del gobierno no alcanza para hacer rica o no pobre a la gente, y los pobres van a seguir existiendo después de que termine su gobierno.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A Andrés Manuel que las crisis no se resuelven con fuego, fuerza militar o policial, se resuelven con persuasión, negociación y personal atención.