EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Terrorista, ¡bañista!

Raymundo Riva Palacio

Mayo 23, 2005

 

 

 

Luis Posada Carriles es un personaje peculiar. Si uno lo ve sentado en algún lugar sin saber nada de él, algo raro le encontrará. Quizás es la forma de sentarse o de cómo coloca su cuerpo para que no se le pueda ver claramente el ángulo de la cara. Camina siempre con las manos atrás para mantener, como los soldados, la espalda erguida. A sus 77 años, este hombre de gruesos anteojos y pelo blanco, siempre deja un recuerdo. Eso sucedió en febrero y marzo pasados, cuando estuvo algunas semanas viviendo en un hotel en Isla Mujeres y caminando por las calles del pequeño pueblo del Caribe mexicano, dejando huellas, recordadas por testigos, hasta que fue recogido por el Santrina, un camaronero que zarpó de las Bahamas rumbo a Miami y terminó encallado muy lejos de su ruta, frente a las costas de Quintana Roo.

El nombre de Posada Carriles no figuraba en el manifiesto que se entregó a la Capitanía del Puerto. Los seis estadunidenses de origen cubano en el Santrina no causaron sospecha a las autoridades migratorias, que les permitieron permanecer en México 48 horas. No las necesitaron, pues zarparon casi de inmediato rumbo a Miami. Los servicios de inteligencia cubanos fueron quienes alertaron que Posada Carriles había estado en Islas Mujeres y se había ido en ese barco. El gobierno mexicano negó lo que era cierto, que había entrado ilegalmente a México por la frontera de Corozal, Belice, y luego, ilegalmente a Estados Unidos por la frontera con México.

Posada Carriles es un nombre que despierta odios y temor en América Latina por ser un terrorista probado desde hace más de 40 años. La CIA lo reclutó incluso antes de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, y lo entrenó como espía y experto en explosivos, dedicado fundamentalmente a intentar derrocar al régimen de Fidel Castro y de buscar asesinarlo. Por su acción más brutal, la bomba que en 1976 derribó un avión de Cubana de Aviación con más de 90 personas, el gobierno de Venezuela, de cuyo territorio la CIA no lo pudo sacar a tiempo, lo metió a la cárcel durante nueve años, y escapó en 1985 sin arrepentimiento alguno. Agente de la CIA en tiempos en que George Bush padre dirigía el servicio de inteligencia, trabajó en el suministro de armas para la contra cuando este era vicepresidente de Estados Unidos. Colocó bombas en La Habana en 1977 y Panamá lo arrestó cuando quiso asesinar a Castro en el 2000. Hace nueve meses, en la víspera de dejar el poder, la presidente Mireya                             Moscoso lo perdonó, y hoy está convertido en la contradicción del joven George Bush, cuya razón de ser es la lucha contra el terrorismo pero trata al cubano-estadunidense con la condescendencia del agradecimiento.

La historia mexicana de Posada Carriles no es circunstancial. Como ariete terrorista de Langley –donde se encuentra la sede de la CIA– intentó operaciones de terrorismo dentro de territorio mexicano. De acuerdo con documentos recientemente desclasificados por gestiones del Archivo de Seguridad Nacional, que se encuentra en la Universidad George Washington, Posada Carriles es un pájaro de cuenta con deudas en México. Documentos del FBI y la CIA recientemente desclasificados a petición del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington demuestran cómo Posada Carriles recibió un pago de uno de los dirigentes históricos anticastristas, Jorge Mas Canosa, para colocar una bomba en un buque soviético en Veracruz, como parte de operaciones de sabotaje contra instalaciones cubanas y soviéticas que incluyó una bomba en el Instituto de Relaciones Culturales México-Soviético y conspiraciones para derrocar al gobierno de Guatemala en los 60. El grupo al que pertenecía Posada Carriles operaba en México los llamados “Comandos Halcones Negros”, y tenía un “comando de ejecución” llamado “Máximo Gómez”, que cuando menos hasta los 80 amenazaba a funcionarios y periodistas mexicanos con asesinarlos.

¿Cómo un sujeto tan prominente como Posada Carriles pudo haber estado viviendo en México sin haber sido detectado por el gobierno mexicano? Islas Mujeres forma parte de un corredor marítimo altamente vigilado por ser una de las rutas del narcotráfico por el Caribe, además de que la creciente violencia contra turistas extranjeros en la península de Yucatán, que ha generado severas críticas de Estados Unidos y varios países europeos, han provocado una vigilancia más estrecha. Pero Posada Carriles vivió en Isla Mujeres sin problema alguno. De acuerdo con testigos, realizó una vida sin sobresaltos y totalmente libre de acoso o vigilancia. Como si no lo hubieran detectado. ¿Será?

El gobierno mexicano negó tajantemente su presencia, y ahora, por voz de él mismo, ha quedado exhibido. Su paso por México no puede ser soslayado. Si el gobierno federal efectivamente no sabía, hay un problema serio con sus servicios de inteligencia al ser tan permisivos para que un terrorista fogueado pasee tranquilamente por las calles de sus ciudades. Puede ser también que haya funcionarios federales o locales que lo hayan ayudado en su paso por México. La duda queda sembrada sobre el gobierno de Vicente Fox, y no es gratuita. Desde que inició su sexenio, e inclusive desde su campaña presidencial, la comunidad cubana anticastrista le ayudó con recursos –según sostienen en Miami— a cambio, como se probó, de un alejamiento drástico con el gobierno de Castro. Es decir, durante cinco años han intercambiado servicios. ¿Por qué no hacerlo ahora? Nada hay que pruebe que así se hizo, pero su postura sobre la estadía de Posada Carriles es confusa. Nos debe el gobierno una explicación sobre esa visita inesperada, que pruebe que el gobierno foxista, tan culpable de haber descompuesto la relación con La Habana es, cuando menos en este caso, inocente. Esto incluye, claro, el porqué un terrorista como Posada Carriles, estuvo en México sin ser detectado.

 

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