EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Tiempos de simulación

Raymundo Riva Palacio

Mayo 11, 2005

La periodista Olga Wornat libra en México dos juicios y uno de ellos ya lo perdió. El que aún no pierde, tampoco ha comenzado. Se trata de la demanda que interpuso la primera dama Marta Sahagún por daño moral porque la autora dio a conocer la petición de anulación matrimonial, y que se ventilará en donde se debe, en los tribunales de ley. El segundo comenzó y es extralegal. Se trata del pelotón de periodistas que la tienen frente a sus plumas que disparan todo tipo de metralla descalificadora.

No hay duda que vivimos tiempos de simulación, no por la demanda de la señora Sahagún, que está en su derecho de proceder, sino de los periodistas que en su toma de partido por la primera dama esconden pecados que los descalifican de hacer todo juicio moral y, sobretodo, periodístico.

Hay un periodista, por ejemplo, que no ha dejado de desacreditarla y puesto en duda la veracidad de segmentos de su libro,                           particularmente en el caso del enriquecimiento del hijo mayor de la primera dama, Manuel Bribiesca –quien aseguró que también demandará a la autora–, soslayando un dato fundamental: uno de sus patrones fue el primer empresario que en 2001 ofreció a la señora Sahagún “introducir” a su hijo en el mundo de los negocios, consiguiéndole citas con inversionistas en todo el país. El joven Manuel, que no tenía nada en ese momento, estaba buscando conseguir dinero para levantar centros comerciales en varias ciudades.

Hay otra lectora de noticias que la ha apaleado, olvidando cómo ella misma se prestó a un juego para dañar al líder de un partido, manipulando un video donde lo hizo ver muy mal y expurgando de aquél material toda la información que de haberse difundido, le habría restado impacto y daño a ese dirigente. Cuando finalmente se dio a conocer el video completo, en otro espacio informativo, no ofreció disculpas ni fue cuestionada por la prensa, sino que afirmó que asumía la plena responsabilidad de sus actos, que editó la parte que desmontaba el argumento porque consideró que no era importante y, todavía, es una heroína.

Vivimos, en efecto, tiempos de simulación.

Hay furibundos comentaristas que encontraron en Wornat el reemplazo de su histeria en la defensa del jefe de Gobierno del Distrito Federal pasando por encima del ex presidente Carlos Salinas, borrándoseles de la memoria que, en aquél sexenio, fueron beneficiarios de su amistad –que no sería lo grave–, sino de prebendas y propiedades que el ex mandatario les regaló para consolarlo de su temporal dolor emocional. Hay otro que es tan solícito como una alfombra roja ante el poder, siempre y cuando ese poder lo trate con deferencia y unos cuantos contratos de relaciones públicas para su hija.

Periodistas acusados públicamente de servir de gatilleros, incapaces de poder demostrar el origen legítimo de sus ingresos como producto del trabajo que se supone hacen, se arropan en la integridad para denunciar a Wornat. Quienes han violado las escrituras sagradas del periodismo en aras de la propaganda, inventando noticias para favorecer o denostar a un político, censurando noticias porque afectan a sus intereses particulares, son ahora plumas incendiarias que expresan su indignación por los métodos de investigación de la periodista y autora argentina.

Ha habido conductores en medios electrónicos tratando a toda costa de extraer las fuentes de información de Wornat, cuando en el pasado, cuando un ministerio público solicita lo mismo a un periodista exclaman que es un atentado a la libertad de expresión. No es que les falte razón en el grito, pero el doble estándar es lo que les abolla el argumento.

Es un momento peculiar pero interesante para quien desee observar a los medios. Las agendas particulares están por encima de la agenda colectiva; la ideologización rompió con las reglas básicas de un periodismo neutral que son el equilibrio y la justicia para todas las partes; la partidización política borró la responsabilidad social que tienen los medios, siendo entidades públicas, no por su estructura de propiedad sino por el papel que juegan dentro de la sociedad. Vivimos el momento de que lo que no va con lo que pienso, con lo que me imagino, con lo que quiero, es falso. Real es todo aquello que se ajusta a mi imaginario, aunque los amarres con la realidad estén sueltos.

La temporada de caza que se abrió sobre Olga Wornat no sólo refleja las contradicciones éticas y las deficiencias técnicas que inundan el paisaje del periodismo mexicano. Muestran sobretodo el pobre nivel en que se encuentran los medios en general, en momentos cruciales donde su papel debería ser el de intermediarios de los agentes de cambio, proveyéndoles una arena para el debate y la confrontación de ideas. Pero el deber ser está totalmente trastocado. Los medios dejaron de ser los vasos comunicantes entre los agentes de cambio y pretenden ser, en muchos casos, agentes de cambio en sí mismo, aunque esta opción sólo contribuya a destrozar el periodismo, y a la larga dañe profundamente la credibilidad.

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