EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Una historia secreta

Raymundo Riva Palacio

Junio 10, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

El 11 de abril, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, debe haber pensado que sus posibilidades para ganar la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), estaban, como nunca, al alcance de su mano. Motivaciones profesionales y personales para irse a vivir a la sede del organismo en Washington, lo habían llevado a hacer una intensa campaña, y desde enero, cuando visitó a la entonces designada secretaria de estado en la segunda administración Bush, Condolezza Rice, tenía claro, porque se lo aseguró, que la única forma como Estados Unidos respaldaría la candidatura del mexicano sería que el amigo del presidente George Bush, Francisco Flores, ex presidente salvadoreño, se retirara de la contienda por falta de consenso centroamericano. Ese lunes 11 de abril era suyo el futuro, pues poco antes Flores se había retirado.

Derbez iba solo frente al ministro del Interior de Chile, José Miguel Insulza, un académico que escapó de la dictadura del general Augusto Pinochet y vivió en México –donde se casó con una mexicana– mostrando sus dotes como intelectual. Insulza era el candidato del Mercosur, apoyado por la potencia latinoamericana Brasil, y por el protagonista regional de los últimos años, Venezuela. La votación en la OEA fue una pesadilla: en cinco ocasiones se dio un empate, por lo que la designación del nuevo secretario general se aplazó para la reunión anual del organismo en Santiago de Chile, escasas dos semanas después. Dos días antes de la inauguración, Derbez ya tenía amarrada la mayoría para imponerse a Insulza, con dos votos más de los 17 con los que había empatado en Washington.

La decisión en la OEA ya se había convertido en un nuevo campo de batalla no entre las potencias diplomáticas latinoamericanas, México y Brasil, sino entre los últimos enemigos, Estados Unidos y Venezuela. La región estaba polarizada y sin que supiera Derbez, en Washington ya habían tomado una decisión contraria al respaldo del mexicano. El sábado 30 de abril en una reunión privada en Santiago, Rice le dijo a Derbez que le retiraban su apoyo. Que no era personal, sino resultado de una evaluación geoestratégica: Insulza era un mejor candidato para balancear al presidente venezolano Hugo Chávez. Por convenir a los intereses nacionales de Estados Unidos, enfatizó Rice, el apoyo de Washington iría para Insulza. ¿Qué pensaba Derbez?

El canciller mexicano, de acuerdo con la reconstrucción del episodio, le respondió que México era un aliado de Estados Unidos, y que si la Casa Blanca y el Departamento de Estado habían tomado esa decisión, que él no mantendría una candidatura que, pese a poder ganar en el voto, estuviera cuestionada seriamente por los estadunidenses. Pidió un receso en la conversación para comunicarse telefónicamente con el presidente Vicente Fox, que estaba en el rancho de San Cristóbal, y le comentó lo que estaba sucediendo en Santiago. Pidió instrucciones. ¿Seguía adelante con la candidatura? Fox le dijo, palabras más, palabras menos, que no, que se retirara de la contienda.

¿Por qué?, exigía Derbez a Rice. La secretaria de Estado le reveló que el presidente chileno, Ricardo Lagos e Insulza, se habían comprometido a servir de balance frente a Chávez, cuya relación con Fidel Castro lo convertía en un enemigo de cuidado para Estados Unidos, a diferencia de Fox y México, que tenían mala relación con ambos. Pero no sólo eso, añadió, sino que el compromiso había llegado a tal extremo que el propio discurso de Insulza en lo que sería su toma de posesión como secretario general de la OEA, había salido como borrador de Foggy Bottom, donde se encuentra la sede de la cancillería estadounidense en Washington. Derbez le pidió a Rice, únicamente, que se lo dijera directamente a seis cancilleres, que se habían comprometido incondicionalmente con su candidatura.

Ese mismo fin de semana, Rice habló con los cancilleres de Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Perú, a quien repitió la conversación con Derbez. Luego, para ratificar la veracidad de sus palabras, les llevó a Insulza, quien les ofreció equilibrio en su mandato.                           Rice quería enmendar las cosas con Derbez, de acuerdo con los funcionarios mexicanos que reconstruyeron el episodio, y le ofreció la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, ante el retiro del uruguayo Enrique Iglesias. Derbez rechazó el ofrecimiento, por considerarlo como un premio de consolidación –que por lo demás, hubiera sido bastante indigno.

El consenso a favor de Insulza dejó heridas abiertas en México. En una entrevista con El Universal este miércoles, el canciller mexicano admitió que la relación con Chile “se enfrió” en este episodio. Otro funcionario que habló en privado, fue más severo. No sólo se enfrió sino que, desilusionados de cómo el propio presidente Lagos se ofreció a servir de instrumento de Washington, adelantaron que realizarán una política exterior más activa y más distante de Chile, como apoyar el histórico reclamo que le tiene Bolivia por una salida al mar. Ese momento en la OEA reacomodó de manera más natural las piezas en el tablero latinoamericano. En la asamblea esta semana, México y Venezuela, como sucedía antaño, se opusieron a las intenciones injerencistas de Washington en la región y, de manera más codificada, las relaciones con Cuba se han venido suavizando. Castro denunció a Insulza por su discurso de toma de posesión y, recientemente, a propósito del caso del terrorista Luis Posada Carriles, optó por una nota diplomática para pedir información sobre su paso por México, dejando de lado la política exterior a través de los medios, como lo había venido haciendo en los últimos tiempos.

 

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