EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

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Raymundo Riva Palacio

Octubre 26, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL

El patito feo de la campaña por la candidatura presidencial del PAN terminó convirtiéndose en un cisne blanco, inmaculado y portentoso. Felipe Calderón, quien buscó la nominación panista desde el sótano, arrumbado por el presidente Vicente Fox que lo obligó a renunciar como secretario de Estado, sin recursos y sin equipo frente al candidato oficial, el secretario de Gobernación Santiago Creel, se levantó este domingo como el gran ganador y el receptor de numerosos elogios en la prensa. Pero ¿puede ganar Felipe Calderón la Presidencia?

A decir de sus colegas en otros partidos, es un candidato de buen perfil. Experimentado como presidente nacional del PAN y fogueado en diversas campañas –incluida una fallida de él para la gubernatura de Michoacán hace una década—, su victoria es mayor por haber derrotado al aparato de gobierno que tenía la instrucción presidencial de respaldar a Creel. Pero su triunfo tiene diversas lecturas que rebasan el haber tenido mejor equipaje político que Creel o del tercer candidato en discordia, el también ex secretario de Estado Alberto Cárdenas, lo que permite avizorar el difícil camino que tienen los panistas hasta el 2 de julio próximo.

El triunfo de Calderón puede ser analizado como la derrota del candidato oficialista, y como un rechazo al presidente Fox. En este sentido, quien pierde no es solamente Creel, sino la corriente foxista que se apoderó de la Presidencia y desplazó al PAN, cuyo núcleo duro encarna Calderón. Cárdenas, si bien no representante de la línea foxista, sí era uno de los exponentes del neopanismo, al cual perteneció Fox, y que en los últimos lustros se habían ido apoderando del control del partido.

La experiencia con Fox parece haber llegado a un final, y la recomposición del partido en torno a un hijo natural del PAN parece irse consolidando. Pero, paradójicamente, lo que a Calderón le dio la ventaja comparativa, puede ser insuficiente para lograr un triunfo en la elección presidencial. Es decir, Calderón conquistó el núcleo duro del PAN, que le dio el 52% del voto de los militantes en el país, con un mensaje de candidato enfrentado a la Presidencia. Pero para alcanzar Los Pinos, no bastará ese respaldo. Necesita del 48% restante de los panistas que están de acuerdo con Fox. Esto significa que su mensaje de disidencia tendrá que ser modulado, como lo empezó a hacer desde el momento mismo de la victoria, declarando que recuperaría las cosas buenas del gobierno foxista, donde “orgullosamente” había trabajado.

Qué tanto ese reacercamiento táctico para la campaña presidencial le afectará con el 52% de los panistas que expresaron su rechazo a Fox, no está claro. Pero el PAN tendrá que trabajar intensamente en los próximos meses para curar sus heridas internas y lograr que todos los grupos políticos internos trabajen a favor de la candidatura de Calderón. El PAN procesó bien su campaña interna por la candidatura, y cerró las puertas a quienes se estaban regocijando con la suciedad de la parte final de la contienda, en Yucatán. Cuando vieron el escándalo en el que se hallaba el PRI, por las finanzas del precandidato Arturo Montiel, optaron por un pacto de secrecía. Incluso, el viernes pasado se iba a anular toda la fase electoral en Yucatán, pero los líderes del PAN decidieron darle carpetazo y recortar sus pérdidas.

Calderón y Cárdenas, Fox y el presidente del partido, Manuel Espino, todos enemigos de Calderón, salieron rápidamente el domingo para pedir la unidad del partido y trabajar con él para refrendar la Presidencia. Calderón, quien se había enfrentado con ellos, al grado de llegar prácticamente a los puños hace dos semanas con Espino, respondió con magnanimidad. Saben todos que si no están juntos, no estarán en condiciones reales de competencia y menos aún de ganar la elección presidencial. El PAN necesita mantener su estructura electoral que le permitirá llegar con aproximadamente el 25-27% del voto en julio, unos tres puntos debajo de lo que da la estructura del PRI, y de ocho a 10 puntos por encima del PRD. Pero en ningún caso, la sola votación de las estructuras les garantizará el triunfo en los comicios presidenciales, y requerirán ir por el voto volátil que se calcula en alrededor de 10 millones, de los cuales casi siete serán nuevos votantes.

Este será el desafío para Calderón. Fox, con su carisma y actitud contestataria, convenció a jóvenes y mujeres en 2000, una actitud típica que permitió avanzar a los neopanistas, apelando a un electorado cansado con las conductas sibilinas y subordinadas de los viejos priístas. Calderón no está moldeado como foxista o neopanista, sino como un conservador doctrinario que todavía no muestra lo que piensa de políticas sociales como las relacionadas con el aborto y la religión, donde los segmentos en disputa están muy divididos. Gradualmente tendrá que irse desvelando ante el electorado, y el tono de su discurso y sus mensajes tendrá que ser ajustado para no agraviar al electorado. Es decir, si bien Calderón era el político mejor cuajado de los contendientes por la candidatura panista, también es el más conservador y el que puede lastimar al electorado que necesita para ganar. De cómo resolverá esas contradicciones dependerá si su candidatura tiene alas para volar muy lejos o si, como las moscas, se muere en 24 horas.

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