Arma mortal

 

Las campañas presidenciales mexicanas se han norteamericanizado. Esta no es una noticia positiva bajo ningún precepto, pues esto significa que se rigen por el dinero. Quien más tiene, más spots puede pagar en medios electrónicos, y el resultado inmediato será un levantón en las tendencias de voto que, para cerrar el círculo, atraen más dinero. El ciclo mediático es fascinante, si se le ve únicamente desde el análisis de cómo funciona una estrategia de campaña moderna al estilo gringo, pero devastador para una democracia en ciernes donde el nombre del juego es la manipulación de un electorado cuya cultura política está en formación.
En las últimas semanas, por ejemplo, una vez que Andrés Manuel López Obrador procesó la debacle del postdebate y su ausencia propagandística en medios electrónicos, la dupla de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard logró imponerse en el equipo de campaña del candidato perredista, de acuerdo con personas con información de esos movimientos. Entre los derrotados figura de manera importante el cineasta Luis Mandoki, realizador de una serie de spots increíblemente näives cuyo fracaso era inevitable. En su lugar, el dúo de ex priístas incorporó a un experimentado comunicador político que hasta ahora sólo había trabajado con priístas y Ebrard, Hugo Scherer, quien empezó con eficacia su trabajo. En la primera semana completa de mayo, los spots de López Obrador se intensificaron a mil 200 puntos de rating –medido por intensidad y frecuencia en buen canal y horario estelar en televisión–, y en la segunda lo llevó a mil 500. La caída del perredista se contuvo y comenzó a remontar. A mediados de este mes, en una de las encuestas telefónicas más serias, se había repuesto 7 puntos y una vez más estaba en empate técnico con Felipe Calderón.
Al finalizar la semana pasada, los fondos de la campaña lópezobradorista, conseguidos mediante un crédito bancario, estaban agotados, y en una encuesta telefónica entregada privadamente a empresarios y políticos este lunes, Calderón había vuelto a repuntar 10 puntos. El dinero le duró poco a López Obrador, frente a su adversario al cual le están lloviendo aportaciones, y que contó con una monumental ayuda propagandística que le ha dado el presidente Vicente Fox a través de la promoción de obras de su gobierno. Si se analiza la inversión en spots del gobierno federal vis-a-vis el incremento en las preferencias de voto por Calderón, se puede observar perfectamente la correlación existente entre ambos factores.
A fines de enero, el gobierno federal tenía 8 mil 484 spots al aire, con un costo estimado de casi 87 millones de pesos. En ese mes, tras la tregua electoral navideña, Calderón estaba empatado en segundo lugar con Roberto Madrazo, a casi 10 puntos de López Obrador. En febrero comenzó a avanzar la maquinaria foxista: 77 mil 803 spots, con un costo estimado de 442 millones de pesos, vieron a Calderón en la última encuesta pública de febrero, de GEA-Issa, con 32 puntos, seis por arriba de Madrazo y 9 debajo de López Obrador. En marzo, el gobierno redujo su pauta a 51 mil 667 spots, con un costo estimado de 248 millones y medio de pesos, que coincidió con los primeros errores estratégicos de López Obrador.
A mediados de ese mes, el PRI inició la temporada de spots negativos con aquél donde aseguraban que el perredista tenía miedo de debatir, al que se sumó la primera batería del PAN, el del endeudamiento en el Distrito Federal y en donde lo comparaban con el presidente venezolano Hugo Chávez, y las consecuencias negativas para López Obrador por no haber ido al debate y haber perdido todos los espacios mediáticos del postdebate. El PRD estaba paralizado en ese momento y no sabía cómo controlar el daño ni reaccionar. Resultado de ese hoyo en el que cayó fueron las tres últimas encuestas del mes, comenzando por GEA-Issa que cruzó por primera vez a Calderón por encima de López Obrador, por dos puntos, seguida por la de BGC de Ulises Beltrán, con el mismo dato, y finalmente la de Arcop, que trabaja para la campaña calderonista, que le daba 3 puntos de ventaja sobre el perredista.
Al cruzarse el dato, el gobierno aceleró la promoción gubernamental. En abril, mientras cinco encuestas publicadas mostraban la caída de López Obrador y la subida de Calderón con empates técnicos, el gobierno difundió 156 mil 117 spots con un costo estimado de 505 millones de pesos. En la primera quincena de mayo, el gobierno ya llevaba 162 mil 314 spots con un costo estimado de 427 millones y medio de pesos, con todas las encuestas públicas mostrando a Calderón adelante, con una tendencia a separarse de López Obrador y Madrazo, con pocos negativos, reconquistando el norte del dominio priísta y encontrando en jóvenes y mujeres una creciente aceptación. En la suma total de spots, el gobierno federal colocó entre el 19 de enero y el 19 de mayo, 456 mil 375, con un costo calculado de mil 710 millones de pesos.
La cruzada de spots ha sido abrumadora. Junto con la propaganda negativa de la campaña de Calderón, el gobierno foxista enfocó su propaganda en el desarrollo social. En cinco meses, el 64.59% de los spots fueron sobre la política social: 26.14% al Programa de Becas, 25.30% al Seguro Popular, y 20.33% al Programa Oportunidades. Después del Programa de Viviendas que dominó la propaganda en febrero (71.33%) y marzo (37.90%), Oportunidades se colocó a la cabeza en febrero (49.15%) y marzo (44.02%), como un golpe preventivo al spot del ladrillo, que provocó que los capitalinos se olvidaran de los programas sociales de López Obrador, preocupados por el endeudamiento, que tardó mucho tiempo el gobierno local en responder adecuadamente.
La dinámica de inversión en spots con el incremento en las preferencias de votación de Calderón, es lo que motivó a la oposición a levantarse jurídicamente contra el presidente Fox y acusarlo de “elección de Estado”. No se sabrá, hasta la noche del 2 de julio, qué tan eficiente fue su estrategia, pero lo que sí se puede saber desde ahora es que este tipo de dinámica beneficia siempre al que tiene más dinero para su campaña.¿Es este el tipo de campañas que deseamos para el futuro? Por supuesto que no, porque es excluyente y sumamente dañina para el proceso democrático. El que sea lo que tengamos hoy, no significa que nos persiga mañana. Una tarea de la próxima legislatura deberá ser la reforma electoral, en sus problemas de segunda generación, y abandonar las campañas agringadas para buscar un modelo más francés o brasileño, donde la política no se haga en los medios electrónicos a través de la magia manipuladora del spot, sino con los fundamentos de la política: persuasión y convencimiento con ideas y programas. Ahí se probará quiénes son políticos de largo alcance y no improvisados que tanto daño ya han hecho.

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Odio en el discurso

 

Lo que en el futuro seguramente definirá la campaña presidencial en este 2006 será el discurso del odio. Rebasada, por mucho, está la campaña de miedo que introdujo el gobierno de Carlos Salinas en la contienda de 1994, pero no sólo por la violencia entre los actores políticos, sino por una sociedad muy polarizada, crecientemente beligerante y con una tecnología al alcance de la mano que le permite, a diferencia de hace 12 años, una interacción en la esfera pública y tantas campañas de intimidación como se les ocurra a través de los medios de comunicación. Hace dos sexenios, el hostigamiento y amedrentación se daba en forma soterrada, con llamadas telefónicas directas o a los lugares donde uno trabajaba, que tenían emisor claro, el aparato gubernamental. Hace uno, los correos electrónicos empezaron a jugar un papel importante, donde los simpatizantes más radicales de Vicente Fox comenzaron a hostigar a quien lo criticara. Hoy, el terreno de esa batalla está abierto.
En los últimos días se ha enfocado la atención en la manipulación de mentes y utilización de recursos públicos para acicalar la campaña de odio contra Andrés Manuel López Obrador. Inclusive, uno de los operadores más hábiles del candidato perredista, Ricardo Monreal, realizó un road show en medios impresos y electrónicos para denunciar la existencia de 7 millones de correos electrónicos en contra de su candidato con direcciones de emisor en el gobierno federal. En días previos se había desatado una serie de llamadas telefónicas para supuestamente realizar una encuesta, pero en el momento que alguien respondía que iba a votar por López Obrador, se le trataba de persuadir y convencer de que él era, más bien, una amenaza para el país. Injusto sería decir, sin embargo, que esta campaña de odio nació en las últimas semanas como una herramienta de apoyo al candidato oficial, Felipe Calderón. Desde hace meses, en el campo lópezobradorista, también se ha incubado este discurso de alto riesgo.
Un correo recibido recientemente por un periodista, decía: “Leí su columna de hoy… con asombro como cualquier tarado puede escribir en un periódico… ¿Movilización menor, imbécil? La sociedad está completamente polarizada, existe mucho odio contra el gobierno y sus pelagatos como usted… Ojalá y le den un balazo en la cabeza”. Otro, señalaba: “¿Por qué no dedicas unas cuántas líneas al miedo, qué digo miedo, terror-pánico, que los mayatones con sotana del PAN y El Yunque están provocando en la ciudadanía respecto a la candidatura de AMLO… La mayor parte de tus columnas que abordan las campañas presidenciales… terminan por oler a nada, o en el mejor de los casos a ese desinfectante que utilizaban nuestras abuelas en la ropa de cama y en los calzones… con el propósito de eliminar todo vestigio del aroma…”.
Hay equipos organizados en call centres (centro de llamadas) que responden en forma inmediata toda crítica contra López Obrador y a enviar correos electrónicos insultantes y amenazantes, como algunos de los que aquí se describen. En ocasiones sí llegan a ser personas de carne y hueso que empapadas en la pasión que inducen los actores políticos, o que han venido mutando de una posición original de aparente imparcialidad en busca de un proceso legal y legítimo, a un radicalismo que los ha llevado a diseñar públicamente estrategias de arrinconamiento y hostigamiento. Uno de los últimos que han circulado en la red da cuenta del siguiente diálogo:
“Héctor: Yo te sugiero que ataquemos directamente a los columnistas y/o analistas que están franca y descaradamente en contra de López Obrador. Muchos de ellos actúan impunemente porque no hay nadie que les reclame sus excesos… pero casi no dejo pasar ninguna crítica injustificada a López Obrador sin que yo les revire. Es difícil pararlos porque son fanáticos”, pero algo se logra… Te envío (como copia de este correo) los correos de columnistas que yo tengo y que escriben en diarios de circulación nacional y que son decididamente anti-pejes” (sic).
“Carlos: Unos por fanáticos y otros por vendidos, tu idea me parece muy buena. ¿Tienes direcciones de correo de estos periodistas y supuestos líderes de opinión?… Habría que ver la forma de desenmascararlos ante la opinión pública pues tal y como mencionas, como son fanáticos no van a cambiar ni a moderarse, por eso es imperativo que demos a conocer sus cochinadas, no tienen la menor idea de la responsabilidad social que adquieren al estar frente a un micrófono o una cámara, o quienes tienen acceso a escribir en los medios escritos y que utilizan su influencia para fomentar el encono y el odio entre los mexicanos”. (sic).
El discurso de odio se define como un término mediante el cual se pretende degradar, intimidar, incitar a la violencia o realizar una acción perjudicial en contra de un individuo o un grupo. Aunque se centra en raza, etnicidad, origen nacional, religión, orientación sexual y discapacidad, también toca aspectos relacionados con la libertad de expresión, que muchos de los correos que han circulado entre la sociedad –los medios de comunicación y los periodistas son parte de ella–, atacan. Ahora, si bien sería injusto hablar únicamente del discurso de odio que emanó de los establos lópezobradoristas con enorme afluencia y virulencia, también lo sería desconocer que en las últimas semanas han arreciado los mensajes de los profoxistas y calderonistas. Como ejemplo, estos dos botones de muestra:
“¿Inmoralidad de su Presidencia?????… Eres un ignorante que no puede ver más allá de tus narices chatas y que crees que ayudar a los pobres se hace desde una cafetería en Coyoacán. ¡Pobre imbécil! ¡Ahh! Y si te parece chistosa la corrupción, no me extraña nada, seguro que tú eres uno de los millones de corruptos, ineptos, inútiles, buenos para nada y ladrones que están en las filas amarillentas y rojillas!!!”.
“¿Qué hacen los medios? Nada, absolutamente nada, prefieren darle la primera página a pendejadas… Hasta la gente más ignorante sabe que lo que se escribe en la prensa está totalmente amañado, pero en fin, que sigan en su nube pensando que el grueso de la población cree en las pendejadas que a diario escriben…”.
Los políticos han contaminado el ambiente y trasladado las pasiones a los ciudadanos, y contribuido al clima de enrarecimiento con sus calificativos, insinuaciones y ataques. El resultado es que la sociedad está polarizada y en algunos casos crispada y enfrentada. ¿Qué va a suceder? Algunos, como el correo de Carlos a Héctor, lo esbozan: “Lo verdaderamente difícil y complicado comenzará el 3 de julio… y tenemos que estar preparados para lo que pudiera presentarse”. ¿Hacia dónde vamos? No debemos de ir hacia ninguna de las direcciones que lleva el discurso del odio. Es momento de la responsabilidad colectiva y tratar de establecer un pacto de civilidad política, que buena falta nos hace a todos.

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Se rompe la burbuja

 

Este martes, las campañas presidenciales deben pasar a otro nivel. En particular la de Felipe Calderón, pues de acuerdo con el compromiso adquirido con el IFE, el presidente Vicente Fox, principal promotor de la candidatura del panista Calderón, se callará la boca. Es decir, dejará de hacer la campaña de proselitismo abierto a favor de un candidato presidencial más grotesca y dañina que se tenga en la memoria –por su contribución a la polarización social y política–, y otorgará el 50 por ciento de los tiempos oficiales al IFE para que aproveche el espacio en la promoción del voto. Fox fue sometido durante semanas a una de las críticas más persistentes sobre su intromisión abierta en el proceso electoral, pero se mantuvo incólume y, como torero que tiene sometida a su presa por la fuerza, se burló de ella y la humilló.
No son pocos los estudiosos de la comunicación política que se preguntan las razones por las cuales Fox hizo tan intenso proselitismo pese a la tormenta que lo persiguió. Respuestas con la información en la mano no existen, aunque se empiezan a acumular evidencias del por qué Fox pudo haber intensificado su campaña retórica a favor del PAN, por qué mantuvo sus golpes constantes en contra de Andrés Manuel López Obrador, y por qué no dejó de utilizar programas como Oportunidades y las obras públicas para manipular la intención de voto de los sectores más marginados. Estas evidencias muestran que las preferencias de voto por Calderón, están bajando, o se encuentra empatado con López Obrador en otras mediciones, o el perredista volvió a sacarle uno o dos puntos de diferencia en una más.
Aunque estos puntos ratifican el empate técnico en el proceso, como lo han señalado prácticamente todas las encuestas en el último mes –sólo dos de ellas dan una ventaja considerable a Calderón–, lo significativo de esas mediciones es que no fueron realizadas en vivienda, que son las encuestas más confiables, sino telefónicas, que al llegar a un segmento de la sociedad con mayores recursos –por el hecho mismo de tener teléfono–, han tenido un sesgo histórico hacia el PAN. Esto quiere decir, de corroborarse la medición telefónica con las encuestas en vivienda que se están comenzando a aplicar para la siguiente ronda de mediciones electorales a nivel nacional, que la caída de Calderón es alarmante y que se está configurando un escenario de derrota del panista en las elecciones del 2 de julio. Un dato no confirmado por los responsables del tracking poll de su campaña, que es una encuesta diaria para medir el pulso de los electores, es que las últimas mediciones tienen a Calderón únicamente cuatro puntos delante de López Obrador –que entra en el terreno del empate técnico–, luego de que hace un mes lo tenían con una cómoda ventaja de 10 puntos.
Los datos duros sobre el comportamiento electoral están comenzando a arrojar algunos resultados que pueden explicar las razones por las cuales Fox y Calderón están tomando determinadas decisiones tácticas. En el caso de la campaña panista, no han dejado de utilizar la propaganda negativa en contra de López Obrador, la cual le ha resultado altamente redituable por ser muy eficiente por la velocidad y contundencia como reacciona ante el perredista. Pero también, aparentemente el respaldo abierto de Fox llegó a un límite, pues sus índices de popularidad en encuestas entregadas a empresarios ya no están moviéndose por arriba del 55 por ciento, y algunas de sus posiciones de apoyo al presidente George Bush están empezando a arrojar rendimientos negativos.
Esto lleva directamente al caso de Fox y ayuda a entender –si se le da el beneficio de la duda de la aplicación lógica a su actuación–, el por qué tiene algunos rasgos que parecerían esquizoides, como sucedió la semana pasada que pasó de una total justificación del presidente Bush por las nuevas medidas de sellamiento de su frontera con México, a la crítica abierta del mandatario estadunidense el jueves en Tijuana, al afirmar que levantar barreras no es propio de amigos. Estar entregado a Estados Unidos, o mantener la postura xenuflexa que tuvo Fox en este caso, no lo ayuda ni a él ni a Calderón, que son vistos como los más cercanos a Bush, en momentos en que va a la baja entre el electorado mexicano, mientras que crece el respaldo hacia un acercamiento hacia América Latina, donde los electores ven a López Obrador como el más cercano de todos los candidatos.
Las evidencias, a partir de las encuestas telefónicas, preconfiguran que la burbuja en la que se encontraba Calderón, se está rompiendo. Algunos factores que todavía están esperando un estudio más riguroso, fueron responsables de ese impacto positivo de Calderón entre el electorado, como el llamado bonus convention tras el primer debate presidencial, los conflictos internos del PRI en el norte del país –donde elevó sus preferencias–, los errores discursivos de López Obrador –que no ha sabido diferenciar discursos para las muy distintas regiones del país, en particular el norte–, y las altas pautas en medios electrónicos frente a la casi ausencia del perredista, han venido cambiando. El alzamiento natural tras el debate ya se agotó, igualmente, en forma natural; los gobernadores priístas en el norte se están arreglando con Roberto Madrazo, inclusive el sonorense Eduardo Bours de quien tienen cuando menos el compromiso que no interferirá; López Obrador ya modificó su estrategia mediática incrementando presencia y spots en medios electrónicos por encima de sus adversarios; mientras Calderón tuvo que reducir esa exposición ante el riesgo de que rebasen los límites legales y entren al terreno de una eventual anulación del proceso.
Las campañas presidenciales de la oposición están ajustándose. Madrazo ha revigorizado sus fuerzas en el norte, principal semillero panista, mientras López Obrador y su equipo pasaron a la ofensiva aprovechando el bono que ha sido construido durante el largo tiempo de precampaña electoral: por más errores que comete en su campaña, no baja de 32 por ciento su preferencia electoral.
La competencia por la Presidencia está cerrada y probablemente seguirá achicándose aún más en las próximas semanas. La volatibilidad de una buena parte del electorado está moviendo fuertemente las preferencias del electorado, aunque una de las causas principales de ello es la exposición mediática. En este sentido, que el presidente cierre la boca a partir del martes, es muy buena noticia para el proceso electoral, pero mala para Calderón, quien perderá –si cumple su palabra Fox– un activo muy valioso para su campaña en momentos en que parece empezar su lento declive.

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Atenco, cuna de la subversión

 

En la Casa de la Cultura de San Salvador Atenco hay un mural repleto de alegorías sobre el EZLN. También hay una serie de fotografías de vehículos volteados y quemados, que enseñan cómo utilizarlos para bloqueos. De entre todas las fotografías, una llama poderosamente la atención, el de una comunera con su pequeña hija en alto quien, con los brazos extendidos, trae entre las manos un machete. Desde que los comuneros de Atenco frustraron la construcción de un nuevo aeropuerto de la ciudad de México, que sería la principal obra de infraestructura del gobierno de Vicente Fox, los machetes han sido el símbolo de la resistencia de esa comunidad que desde 2001 se fue consolidando como la plataforma desde donde el próximo 1 de diciembre se daría el nuevo levantamiento de las guerrillas y los movimientos radicales del país en contra del Estado mexicano.
Los acontecimientos violentos en Atenco hace dos semanas transformaron por completo los planes insurreccionales del EZLN y desarticularon la sofisticada organización que venía armando Marcos a través del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, conocidos por las autoridades como “los macheteros”, cuyo dirigente Ignacio del Valle era, de acuerdo con personas enteradas de la estrategia militar zapatista, el responsable en la zona centro del país. La detención de Del Valle y varios de los líderes del Frente descabezó por completo la organización y dejaron descobijado al Subcomandante Marcos, quien tuvo que hacer de lado La Otra Campaña, diseñada para ir sumando fuerzas nacionales, para retomar una agenda mediática y luchar por la liberación de Del Valle, su pieza estratégica clave.
La detención y la violencia en Atenco no parecen haber estado dentro del plan original de Marcos, quien iba realizando una marcha nacional de muy bajo perfil mediático pero intensa en contactos con todo tipo de grupos radicales. Marcos había pedido autorización a los grupos guerrilleros en el país para realizarla, aparentemente para no tener problemas con ellos, quienes al recibir su explicación sobre los propósitos de esta nueva caminata, acordaron darle una tregua. O sea, cuando menos siete organizaciones guerrilleras decidieron no realizar acciones militares de ninguna naturaleza mientras Marcos viajaba por el país, lo cual, en efecto, han cumplido hasta este momento.
El propósito de acumular fuerzas radicales buscaba, según quienes conocen la estrategia del jefe militar zapatista, aglutinar las necesarias para hacer estallar el 1 de diciembre próximo, desde Atenco, una nueva insurrección civil o militar. Es decir, dentro de la lógica guevarista, crearía múltiples focos de subversión en el país para enfrentarse al Estado mexicano, en lo que podría ser la afrenta más grave a las instituciones desde el alzamiento zapatista en 1994. Como parte de esa lógica guerrillera figuraba la permanente crítica a Andrés Manuel López Obrador, pues una victoria del perredista en la elección presidencial anularía las posibilidades de la insurrección, porque numerosos grupos radicales podrían ver expectativa de cambio por la vía constitucional. Por lo contrario, un triunfo del conservador Felipe Calderón, crearía las condiciones objetivas para el éxito de un nuevo levantamiento guerrillero y popular, ante la percepción de que no habría cambio en México por la vía legal.
La estrategia se desbarrancó por lo que parece haber sido un importante error de cálculo político de Del Valle, pues el agudizar las contradicciones sociales en Texcoco, municipio vecino de Atenco, resultó contraproducente. No obstante, funcionarios de los aparatos de seguridad están convencidos de que Atenco fue una provocación deliberada del EZLN, pues el problema que lo originó, el traslado de 2 mil 500 floristas, se había dado sin problemas 17 días antes de que estallara la violencia. Sólo ocho de ellos había mostrado objeciones al movimiento, y apoyados por los macheteros, tomaron por la fuerza un espacio en el mercado junto a la carretera que pasa por Texcoco. Lo que sucedió, aunque confuso aún, empieza a tomar forma. Cuando se dio esa toma, las policías municipal y estatal llegaron sin armas a desalojarlos, pero de acuerdo con los reportes de inteligencia mexiquenses, fueron emboscados por macheteros y cuadros del EZLN, y recibidos con cocteles Molotov. Las policías se replegaron, y poco después, retomaron el control de la carretera con una fuerte presencia de efectivos.
Esa noche, el 2 de mayo, Del Valle fue a negociar con el director de Gobierno del estado de México en las oficinas de Texcoco para que se retirara la policía estatal de la zona, y a cambio ofreció que él se encargaba de la policía municipal. La respuesta a Del Valle fue que se retiraba a las policías estatales y municipales si él se comprometía a no ocupar el espacio mientras encontraban una salida negociada. No lo aceptó y los macheteros y los cuadros del EZLN continuaron la violencia al día siguiente y tomaron como rehenes a 12 policías estatales y federales. Ahí fue desbordado.
Las autoridades planearon un operativo de rescate de los policías al día siguiente y para arrestar a los 15 líderes del Frente que trabajaban con el EZLN. El operativo, manchado por la represión policial, logró el objetivo central de catear las casas donde sabían que estaban los líderes, deteniendo a prácticamente todos. Uno de los que escapó, Bernardino Cruz, ex secretario general del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Chapingo, envió el número de su teléfono celular al director de la Agencia de Seguridad Estatal, Wilfrido Robledo, para plantearle un intercambio de prisioneros por los policías, pero nunca se dio esa comunicación y los policías fueron finalmente rescatados. Del Valle no parece haber medido el impacto de su acción, y la estrategia de Marcos, que días antes había dormido en su casa en Atenco, quedó truncada. Con Del Valle y la mayoría de los líderes del Frente en la cárcel, con el resto en la diáspora, y sus comunicaciones y logística truncadas, las consecuencias de la violencia en Atenco equivalen a la destrucción de la comandancia general de un grupo guerrillero. Marcos tuvo que redefinir su estrategia, y el domingo pasado lanzó otro mensaje soslayado por la mayoría al convocar a un movimiento nacional de concentración y dislocación que, en términos militares, significa sabotajes. La vía militar con fachada de civil. ¿Qué hará el EZLN? ¿Qué harán ahora las siete guerrillas de la tregua unilateral? Todo esto parece incierto salvo que los motores de la insurrección están acelerados.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Miedo en la piel  

Raymundo Riva Palacio

Presionado por sectores diversos que por semanas exigieron el diálogo y el fin a las diatribas, el presidente Vicente Fox tomó la iniciativa y le envió una carta al líder del PRI, Roberto Madrazo, para que tuvieran un encuentro en Los Pinos. Madrazo aceptó sin demora alguna y, aparentemente para no quedar solo, retransmitió el mensaje a los otros líderes de partidos. Fox, como jefe del Ejecutivo, está obligado a reencauzar la política nacional y establecer marcos de referencia para dirimir las disputas, pero Madrazo está urgido del diálogo por una razón que tiene seis letras: Oaxaca.

En Oaxaca arrancará en agosto la temporada caliente electoral, que incluye la competencia por 10 gubernaturas. Oaxaca, que no es considerado un estado clave para el sique político como el estado de México o Nuevo León, trasciende en esta ocasión al estado y al 2004, y se implanta en el 2006 por razones tácticas. Sectores influyentes del PRI dicen que Madrazo se está jugando la segunda tercera parte de su candidatura a la Presidencia. La primera la perdió con la debacle del cacique Víctor Cervera Pacheco, arrollado al buscar la alcaldía de Mérida; y la última será Tijuana, donde competirá por la presidencia municipal Jorge Hank Rhon, el hijo de su viejo mentor y protector Carlos Hank González, quien no tiene garantizada la victoria pese a las carretadas de dinero que inyecta a su campaña.

La elección más importante que presumen definirá el destino de Madrazo para el 2006 es Oaxaca, donde se encuentra el bastión de su grupo de choque político dentro del PRI, gobernado por José Murat y cuyo candidato al cargo es Ulises Ruiz, el operador político de Madrazo y a quien se debe la cimentación de la relación con Murat. Pero el Oaxaca de Murat está hirviendo y Madrazo necesita despresurizarlo y negociar con el gobierno federal una tregua que le permita llegar sin alteraciones extraelectorales que pudieran llevar a la derrota de Ruiz frente a Gabino Cué, el ex presidente municipal de Oaxaca capital, ex priísta que compite con una alianza de la oposición y el respaldo de connotados priístas, incluidos dos ex gobernadores del PRI, su protector Diódoro Carrasco y Heladio Ramírez.

Murat está metido en un enorme problema que, en los próximos días si se le puede creer a la PGR, empezaría a aclararse. Se trata del atentado que sufrió hace unas semanas y sobre el cual abundan quienes creen que fue un autoatentado. Murat se ha defendido con la indignación en la boca y en desplegados de prensa. En todo caso, consideran quienes conocen el asunto, la PGR está lista para señalar que no hubo atentado –el Ejército, que tiene a Oaxaca como uno de los puntos de mayor vigilancia en el país, aportó elementos con los reportes de su inspección de rutina que no dio con ningún sospechoso–, y que este se montó para ocultar una buena noche de parranda. Ya debía de haber salido el dictamen, pero como confió recientemente Fox a unos políticos, no saben cómo manejarlo para evitar daño a Murat.

A Madrazo no le conviene que su único gobernador realmente leal sea lastimado en su credibilidad, porque las acusaciones sobre cómo está presionando a actores políticos y sociales en Oaxaca para que se alineen a la candidatura de Ruiz, pueden pasar de la simple denuncia a referencias verosímiles. Murat ha venido operando para tener una hegemonía absoluta en Oaxaca, e inclusive trabajó una división dentro del PRD, estimulando que una de sus figuras en el estado rompiera con el partido y se integrara a una agrupación de izquierda para restarle votos en la elección.

Un dictamen de la PGR sobre la fantasía de Murat del atentado, sería devastador para el gobernador y muy costoso para Madrazo. El líder del PRI necesita negociar con el gobierno para evitar ese desenlace. El equilibrio en Oaxaca es muy frágil, y aunque Ruiz sostiene que aventaja por más de 20 puntos a Cué, quienes conocen el estado y tienen sus propias mediciones estiman que prácticamente están empatados, con el priísta ligeramente arriba. El problema adicional para Madrazo es el candidato Ruiz, un hombre de terrible fama en la política mexicana.

Ruiz es un hombre sin personalidad que cuando uno lo conoce se ve apocado y sin talento retórico. Pero a decir de quienes lo han visto actuar en elecciones, es una fiera en la trampa. Comenzó a cobrar fama dentro del PRI hace casi tres lustros cuando en la campaña de Salvador Neme para la gubernatura de Tabasco, Madrazo era el presidente del PRI en el estado y Ruiz su principal operador de campo. Cuentan testigos que la manera como operó la noche y madrugada de la elección fue mediante el viejo procedimiento del cambio de urnas para garantizar casillas casi absolutas para Neme. El resultado fue una votación de 82 por ciento para el priísta, que contendió contra Andrés Manuel López Obrador.

Ruiz se educó como operador físico del gran mapache priísta, ahora refugiado en el PRD, José Guadarrama, el hidalguense a quien le responsabilizaron la operación de campo durante la elección presidencial en el 2000, y quien, a decir de los testigos del salón de guerra de la campaña de Francisco Labastida, hasta el mediodía los tuvo convencidos de que la desventaja que iban acumulando frente a Fox sería remontada durante la tarde con el famoso “voto verde”, que nunca llegó. Guadarrama se fue derrotado y con la sospecha de que recursos que forman parte del expediente Pemexgate, terminaron en su cancha.

Hoy, dos marrulleros profesionales apoyan a un súper mapache para gobernar Oaxaca. Pero el eslabón, que es Murat, está a punto de ser roto. Es posible que esto haya detenido una nueva campaña contra Cué, a quien desean acusar por irregularidades administrativas en la alcaldía de Oaxaca. Antes ya hicieron una cacería judicial a sus colaboradores, girando órdenes de aprehensión contra su gente, un ejercicio muy bien conocido por Ruiz, quien durante la lucha de Madrazo contra Beatriz Paredes por la presidencia del PRI, hizo lo mismo con allegados a ella. Oaxaca, ciertamente, empieza a heder por el lado del PRI, en una contaminación que Madrazo necesita cortar antes que sea un motivo para amputarle el sueño del 2006.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Asuntos de familia  

Raymundo Riva Palacio  

La historia política en México se puede comprimir en un pañuelo. ¿Lo duda? Véanse las siguientes estampas:

1.- Santiago Creel, secretario de Gobernación, tuvo una bisabuela llamada Ángela Terrazas, hija de un terrateniente en Chihuahua llamado Luis Terrazas, de quien también es descendiente Fernando Baeza Meléndez, consuegro de Lino Korrodi, el operador financiero de Amigos de Fox, y padre de José Reyes Baeza Terrazas, actual candidato del PRI a la gubernatura del estado.

2.- Andrés Manuel López Obrador, jefe del gobierno del Distrito Federal, que creció al amparo del magisterio del gobernador y poeta de Tabasco, Carlos Pellicer, fue recomendado por éste a Ignacio Ovalle, quien había sido uno de los jóvenes favoritos del entonces presidente Luis Echeverría, sexenio en el cual se relaciona con Enrique González Pedrero, a quien se designa en aquella época director del Canal 13 y posteriormente de la Comisión Nacional de Libros de Texto.

3.- Cuando González Pedrero llegó a Tabasco para iniciar su campaña a la gubernatura en 1982, quien lo recibió en el aeropuerto de Villahermosa fue López Obrador, quien lo convierte en el líder estatal del PRI. González Pedrero, ya como gobernador, designó como jefe de la policía a Wilfrido Robledo Madrid, primo del ex gobernador de Quintana Roo Mario Villanueva Madrid, y lleva a trabajar con él a Alcides Magaña, conocido como El Metro por su baja estatura. Villanueva tendría problemas derivados de presuntas relaciones con el narcotráfico que lo llevan a Almoloya, y El Metro se convierte en uno de los narcotraficantes más temidos del sureste. Robledo Madrid, en permanente conflicto con el secretario de Seguridad Pública Alejandro Gertz Manero, maneja hoy en día asuntos de seguridad de Telmex, cuyo presidente Carlos Slim es uno de los empresarios que más ha ayudado a López Obrador.

4.- Slim compró Telmex durante la privatización en el gobierno de Carlos Salinas, cuyo padre Raúl Salinas Lozano se vinculó estrechamente desde sus tiempos universitarios con Leandro Rovirosa Wade, que fue secretario de Estado en el gobierno de Echeverría y gobernador de Tabasco, desde donde protegió de muchas maneras a doña Manuelita Obrador, madre de Andrés Manuel. Rovirosa Wade tuvo a su yerno como jefe de Protocolo en la Secretaría de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Salinas, y cuando González Pedrero, que fue su primer ideólogo, dejó el PRI para irse al PRD en 1997 convirtiéndose en senador, López Obrador protegió a sus viejos mentores y lo llevó a dar una cátedra a la Universidad del Distrito Federal, a su esposa Julieta Campos como secretaria de Turismo local, y a Ovalle a trabajar en el gobierno capitalino.

¿Sorprendido? Y apenas es una muestra en la arqueología del poder que se desnuda en el último libro de Rafael Loret de Mola, próximo a aparecer, Destapes, donde a través de la revisión biográfica de todos los candidatos a la Presidencia se pueden establecer vínculos y alianzas que se remontan por más de 40 años y que revelan el tamaño de la clase política mexicana. Ahí figura, por ejemplo, el candidato Manuel Ángel Núñez Soto, gobernador de Hidalgo, con sus estrechísimas relaciones con el gabinete económico del ex presidente Ernesto Zedillo, quien impulsó a Slim a los niveles plutocráticos en los que se mueve ahora y que empujó a López Obrador en contra del salinismo. Viejos amigos de Salinas, como Manuel Camacho, figuran en el libro como nuevos aliados lopezobradoristas, y reaparecen figuras míticas y casi olvidadas, como el tabasqueño David Gustavo Gutiérrez, a quien Echeverría hizo el primer gobernador del territorio de Quintana Roo, y que apoyó en su tierra a Arturo Núñez, que se convirtió en enemigo acérrimo del presidente del PRI, Roberto Madrazo, y a Raúl Ojeda, quien viró del PRI al PRD, y de ex empresario fustigado por López Obrador durante su crítica al saqueo del Fobaproa, se convirtió en cercanísimo asesor.

Las redes se cruzan caprichosamente. Loret de Mola establece las analogías religiosas entre López Obrador y el Subcomandante Marcos, de la misma manera como va tejiendo la historia de Madrazo a través de la rebeldía de su padre, muerto en un extraño accidente de aviación en 1968 cuando estaba enfrentado al presidente Gustavo Díaz Ordaz, y de la construcción de un tejido de poder que emana del Grupo Atlacomulco y de, principalmente, su gran protector cuando el presidente Zedillo quiso descabezarlo como gobernador de Tabasco, Carlos Hank González, muy cercano a Salinas pero, a la vez, mentor de Emilio Chuayfett, quien como secretario de Gobernación de Zedillo golpeó a la familia Salinas y hoy está enfrentado con Madrazo.

Están las conexiones que unen y enfrentan a ex presidentes, en esta radiografía del poder donde el narcotráfico no podía estar ausente. Desde los 60, el autor va describiendo la forma como los políticos encumbrados se relacionan con lo que sería el poderoso Cártel del Golfo, encabezado por Juan García Ábrego, hoy preso en Estados Unidos, y la manera como en el norte y el sur se establecen vínculos con el Cártel de Juárez, el cual, a decir de Loret de Mola, juega un papel preponderante, siempre en su relación con los políticos, en la cadena de asesinatos interminables que se conocen genéricamente como “Las Muertas de Juárez”, donde aparece sobremanera el ex gobernador de Chihuahua, diputado y también aspirante panista a la Presidencia, Francisco Barrio.

El libro, en sí mismo, es una muy interesante radiografía de los aspirantes a la Presidencia en el 2006, pero tiene otra lectura política que lamentar. El hecho que todos los políticos, priístas, perredistas y panistas tengan tanto en común desde hace tanto tiempo, que sus raíces genealógicas sean las mismas, habla de un sistema político que no se ha renovado. La clase política sigue siendo la misma; quizás ahora están los hijos de unos, pero también siguen existiendo esas fuerzas que ya lo eran hace casi 40 años. No hay renovación, sino refundación de políticos. No hay sangre nueva, sino reciclada. No hay tampoco un nuevo pensamiento para aplicar nuevas prácticas y métodos, sino lo mismo que aprendieron a través de los años en la praxis y por la tradición oral. Es más de lo mismo, o se podría decir que la política mexicana sigue siendo un asunto de familia. No hay nada de que sentirse satisfecho, sino de lamentarlo y de empezar a conformarle un juicio histórico al PRI, cuyo legado más pernicioso fue que haya sido incapaz de generar una clase política que se fuera renovando en lugar de seguir produciendo, como se dice coloquialmente, más de lo mismo.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Revelaciones en La Habana

 Raymundo Riva Palacio  

Durante 45 horas, el empresario Carlos Ahumada estuvo sentado frente a un foco que lo alumbraba penetrantemente en la cárcel en La Habana. Ese ablandamiento en interrogatorios rindió excelentes frutos. Tan exitoso fue el método, que el constructor se volvió prolífico. Habló ampliamente de sus relaciones políticas en México, según cuentan quienes conocen algunos detalles de los interrogatorios que fueron grabados y sobre los cuales penden, más que las revelaciones sobre dirigentes del PRD involucrados en corrupción, sobre personajes ligados al presidente Vicente Fox y, más amenazadoramente, de su gobierno.

Cuando deportaron a Ahumada sin esperar el proceso de extradición, Cuba dio a conocer 55 segundos de sus larguísimas grabaciones donde habla que los videos que produjeron el escándalo político más grande en la memoria mexicana, sí fueron producto de una planeación y aquellos que prometieron ayudarlo jurídicamente y con contratos para sus empresas, lo traicionaron. Ya en México Ahumada negó públicamente la veracidad de sus declaraciones, sin embargo, documentación adicional probablemente en poder también de las autoridades cubanas, como son las diversas cartas que enviaba y respondía a través de su esposa Cecilia Gurza desde el reclusorio en La Habana, sustentan su dicho en Cuba. En algunas de ellas señala, por ejemplo, que los videos aparecieron antes del tiempo que se tenía programado originalmente, aunque no detalla para cuándo se había planeado utilizarlos. En otras conversaciones desliza que no todo lo que tiene se lo entregó al gobierno federal.

¿A quién se lo entregó? Esta es una duda que sólo tiene peso político específico si ese “quién” o “quiénes”, utilizaron recursos federales para lanzar la embestida contra el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué se refugió en Cuba pudiendo ir a un país sin tratado de extradición? Ahumada no se fue a Cuba como alguien que va en huida o escondiéndose de la justicia, como banqueros mexicanos que fueron perseguidos por el mundo, o ex funcionarios que viven a salto de mata en Norteamérica. Ahumada viajó con una parte de su corte, y uno podría pensar que se sentiría seguro en La Habana. Esta es parte de la trama que puede ir explicando el todo. El Universal publicó la semana pasada que quien le sugirió viajar a Cuba fue el gobernador de Michoacán Lázaro Cárdenas Batel, “recomendándolo” con el comandante Fidel Castro. El mal cálculo fue, probablemente, que al elevar su temperatura los videoescándalos, Castro pudo haber evaluado qué figura de la oposición le convendría más, en términos estratégicos, si López Obrador o los Cárdenas, con los resultados ya sabidos.

Los cubanos detuvieron a Ahumada cuando se les vino en gana y lo exprimieron. Según narran los que conocen detalles de lo que tenía Ahumada guardado, no aparece el presidente Fox directamente involucrado en la red de relaciones del empresario, pero sí mantenía una amistad con Cristóbal Fox, y sobretodo con Javier, otro hermano del Presidente, y con su hijo, Javier Fox Padilla, quien hace un par de años lanzó en sociedad con un restaurantero su Tequila Fox. También se encuentra Manuel Bribriesca Sahagún, hijo de la primera dama Marta Sahagún, con quien lo liga, hasta donde se sabe, más un nexo de amistad que de otra naturaleza. Pero no fueron ellos, según ha trascendido, quienes ofrecieron protección. El interrogatorio de los cubanos no se centró en la familia presidencial, o en la señora Sahagún, cuya relación, parece haber declarado, no tiene raíces. Las preguntas sobre quién pudo haber sido el depositario de los videos y su planeación de difusión se centraron en el secretario de Gobernación, Santiago Creel.

Según quienes conocen esos detalles de parte de los interrogatorios, las preguntas de su relación con Creel fueron muy puntuales. Cómo y dónde lo conoció, quién se lo presentó, cuántas veces se reunió con él. No se sabe cuáles fueron las respuestas, pero la vinculación con él se estableció a través del senador Diego Fernández de Cevallos, según se sugiere, quien asesoró a Ahumada, sabía con mucha antelación de la existencia de los videos, de su inminente divulgación, del tamaño del escándalo que producirían y que, por añadidura, ha sido viejo protector de Creel. Aunque parte del torbellino de los videoescándalos, el secretario de Gobernación no ha estado en el centro. Las acusaciones centrales de López Obrador han sido contra el procurador general Rafael Macedo de la Concha, que le ha quitado golpes a Creel. ¿A él se refería Ahumada cuando dice que los tiempos se adelantaron y que lo traicionaron?

El papel de Creel podrá ir saliendo paulatinamente. Los cubanos no son los únicos que piensan que él estuvo detrás de la planeación y difusión de los videos. Dentro del propio gobierno foxista existe la sospecha de que sí fue el secretario de Gobernación quien instrumentó, por su cuenta, lo que López Obrador llama “un complot”. La razón detrás del papel de Creel se centra en lo mucho que lo ha afectado la crítica de que es un político “tibio” que es incapaz de ensuciarse las manos, como es normal en ese cargo. Piensan que cuando se enteró por vía de Fernández de Cevallos de la existencia de los videos, pudo haber visto una oportunidad para dar un golpe de timón, mostrar al interior del gobierno que es capaz de maniobrar políticamente perverso y darle un tiro mortal al principal contendiente –y adversario– para el 2006. Sin embargo, como confió un funcionario, “al meterse enredó todo en el gobierno y se salió de control”.

Los cubanos tienen los suculentos videos, resultado de dos días de suculentas grabaciones. La parte correspondiente al gobierno del Distrito Federal, que aún puede dar sorpresas, de alguna manera ha venido descontando su impacto político en los dos últimos meses. La que toca al gobierno federal, por cuanto a los nuevos actores presuntamente involucrados, aún no empieza su debacle. La duda es si esas revelaciones saldrán o no. Los cubanos son maestros en tiempos y usos políticos. Es un asunto político que tendrán que ver quienes más asustados estén con Castro y, en todo caso, negociar y conciliar sus intereses con aquellos que sigan pensando en el 2006.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Frankestein  

Raymundo Riva Palacio

¿Qué ha llevado a la crisis política que vive México hoy en día? Para unos, la intención federal de descarrilar la carrera presidencial del jefe de Gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador; para otros, la notoria corrupción en su gobierno. Los unos aplican la ley tardíamente, y al hacerlo ubican su acción en un contexto donde la percepción de que es una represalia contra López Obrador es mayor que la realidad; los otros permanentemente desvían la corrupción de su cuerpo y la ilegalidad de sus acciones en denuncias de politización de la justicia en asuntos que no hacen otra cosa ellos mismos que politizar. Para el resto, unos y otros llevaron a la crisis. Pero podría ser otra cosa. Algo así como la maldición del viejo sistema político.

El último episodio de esta crisis interminable se centra en la violación que hizo López Obrador a un amparo ante la expropiación de un terreno en el 2000 por lo que esta semana la PGR, que había soslayado en dos ocasiones el mandato judicial para actuar en contra de López Obrador, pidió al Congreso su desafuero para que se proceda en su contra por desacato. López Obrador, quien incumplió cinco recomendaciones de dos jueces para acatar el fallo, dice que no violó la ley, y en su alegato público recurre al campo mediático –quiere defenderse desde la tribuna del Congreso–, y al político –con la simple y contundente sentencia del “me tienen miedo” y por eso se le echan encima–. La sociedad política se convulsiona.

Los defensores morales de López Obrador justifican su violación a la ley con acusaciones de corrupción del Poder Judicial, y descalifican a quienes abogan por un país de leyes. El Poder Judicial responde con un desplegado defendiendo la honestidad del juez que falló en su contra, mientras el PRD anuncia movilizaciones sociales para presionar a los jueces por impartir la ley y a la PGR por procurarla, y probar la resistencia del campo de batalla urbano de la ciudad de México. Los frentes están definidos.

Rumbo a una mayor inestabilidad política, vale la pena repreguntarse qué nos ha llevado a ella. Hay polarización –se ve en las posiciones de los partidos, las instituciones y los políticos–, enrarecimiento –en su gira a Durango esta semana, le gritaron al Presidente “¡Viva López Obrador, muera Fox!”–, y las amenazas de que todo crecerá. Después de todo, se enfrenta el poder legal a ese Frankestein que surgió de las entrañas de López Obrador, el evangelista que sojuzga al poder político y al judicial. Él se dice                                 víctima y está dispuesto a ir al martirio, por su verdad, por su justicia, por sus fines. Se le puede tachar de hipócrita, mentiroso, populista o fundamentalista indómito, pero no es un político inédito en este país, ni creció en un terreno árido donde nada florecía en la nación. López Obrador es, en toda la extensión de la palabra, un subproducto del viejo sistema político mexicano.

Pertenece a la generación del 68 y tuvo un paso fugaz por la Facultad de Economía de la UNAM –en cuya matrícula se encuentra la explicación de muchas de las alianzas políticas actuales–, antes de ir a Sociología en la Faacultad de Ciencias Políticas. Fue operador priísta en Tabasco en el gobierno de Enrique González Pedrero, el ideólogo del candidato presidencial Carlos Salinas, hoy némesis del jefe de gobierno capitalino. En el efímero gobierno de Salvador Neme en Tabasco, la aspiración de López Obrador era ser presidente municipal de su natal Macuspana, pero al no ver su sueño cumplido se marchó a otras trincheras.

Encabezó eternas marchas de petroleros tabasqueños hacia la ciudad de México, que terminaban en plantones en el Zócalo. El entonces regente del Distrito Federal y hoy diputado perredista impulsado por López Obrador, Manuel Camacho Solís, le entregaba recursos de la partida secreta salinista a través de su entonces secretario de Gobierno y hoy titular de Seguridad Pública en el Distrito Federal, Marcelo Ebrard. Así construyó López Obrador su candidatura a la gubernatura de Tabasco, donde enfrentó a Roberto Madrazo, hoy presidente del PRI.

Perdió, pero hizo una intensa campaña para descarrilar a Madrazo, aportando centenares de documentos para probar que había cometido fraude. Nunca se demostró fehacientemente el fraude, pero sirvió en el camino como ariete del entonces presidente Ernesto Zedillo, quien negoció infructuosamente con el PRD la destitución de Madrazo. No se sabe si hubo o no contacto de los principales colaboradores de Zedillo con López Obrador, quienes siempre elogiaban al tabasqueño, pero le pagaron de diversas formas.

En una ocasión, cuando le fincaron delitos a López Obrador por violar las leyes generales de vías de comunicación por lo cual iban a meterlo en la cárcel, la Presidencia intervino desapareciendo el expediente, a través de operadores en la Secretaría de Gobernación. Resuelto el problema judicial, López Obrador comenzó a construir su candidatura a la jefatura de gobierno del Distrito Federal. El PRI se opuso a la candidatura y entregó un voluminoso expediente en Los Pinos para documentar la ilegalidad de la misma. Zedillo et al lo congelaron. López Obrador, también con dinero que ahora está bajo sospecha por haber financiado ilegalmente campañas de perredistas en la capital, se convirtió en su gobernante.

No cambió de cómo era. Intelectualmente silvestre, austero en su conducta, pero con una intuición política aristotélica, el carisma de López Obrador le permitió manejar la ley a sus anchas. Incurrió en delitos al no informar públicamente de leyes que le desfavorecían, y se negó a transparentar los actos de su gobierno. Realizó adjudicaciones directas para obras monumentales y dio pie al nepotismo. Se enfrentó a la Suprema Corte de Justicia y, ahora, vuelve a ser beligerante, desafiante y mensajero de que otra vez no les hará caso. Hace mucho tiempo esa ha sido la constante de su comportamiento político. Antes avalado por Salinas y Zedillo, hoy refrendado por Fox. ¿De qué se sorprenden todos ahora? López Obrador sólo está haciendo lo que el sistema político le ha permitido en tres sexenios. De ninguna manera este Frankestein tropical es culpable de la crisis. Quieren hacerlo víctima de culpas ajenas al aplicarle la ley a quien le enseñaron que violarla, siempre, le dejó dividendos políticos.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Rumbo a la apatía

Raymundo Riva Palacio  

La democracia es una palabra abstracta que despierta en la gente emociones y expectativas. Cuando no se conoce la vida de un sistema democrático, el referente es el viejo sueño americano: gente bonita que vive feliz y que tiene dinero en abundancia. Pero cuando una sociedad nace a la democracia de un sistema autócrata, el fenómeno más común es el de la decepción, porque la bonanza no llegó en automático y, sobretodo, porque la incertidumbre sobre el entorno se agudiza. Llueven entonces las comparaciones sobre cómo el pasado, donde había certidumbre económica y seguridad, era mejor que el presente, donde se habían esfumado las certidumbres. Que las libertades civiles se ampliaran y que empezaran a fundarse los nuevos edificios sociales para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria, no es relevante. Finalmente, lo que prevalece es la cultura autoritaria, aún entre quienes no admiten que la traen encima, donde el bien colectivo siempre queda relegado por el bien particular.

La democracia, sin embargo, está lejos de ser abstracta. Tampoco es una panacea como durante años la clase política que se oponía al PRI hizo creer. La democracia, en el sentido más real del concepto, es un sistema de organización social donde se pierden privilegios y se elevan los costos de la impunidad, con lo cual se benefician crecientemente las mayorías, pero donde también, así como derechos, hay obligaciones, que es el punto en el cual muchos se molestan porque no aceptan que para que el prójimo aumente su libertad, uno tiene que ceder parte de la de uno. La diferencia entre un sistema democrático y uno autoritario es que en el primero todos ceden para avanzar, y en el segundo unos cuantos ganan por encima de las pérdidas de los demás.

La ecuación no es tan complicada como lo parece, pero se requiere de una clase política que impulse los valores democráticos en su esencia. Esto es lo que no ha sucedido. Los actores políticos no han tenido la madurez para ir construyendo ese nuevo sistema, sino que se han dedicado a dinamitar lo avanzado sobre el discurso de la democracia. Lo que debe estar viendo la gente en general es una cadena interminable de desacuerdos, de soluciones inalcanzables, de disputas en el Congreso, de conflictos con el Congreso, de estancamiento en los asuntos nacionales y de mucho, muchísimo escándalo político vestido de corrupción. Lo estamos viviendo. El gobierno federal se enfrenta al del Distrito Federal en una espiral de conflicto ascendente, con lo cual se paraliza parte de la vida política nacional al congelarse el diálogo y el trabajo legislativo. El PRI insiste en jugar elecciones con lo más recalcitrante de sus cuadros, logrando sólo derrotas vergonzantes. El Partido Verde, el cuarto más importante del país, sufre el bochorno y las contradicciones porque su líder en el Congreso decidió tomarse unas semanas y participar en el reality show del Big Brother.

No le falta razón a la gente en sentir asco. En poco más de tres años los avances han sido mínimos, lo que ha llevado a la percepción de que el Presidente es un incompetente, pero tampoco el Congreso ha puesto las ruedas a funcionar, y sólo en la actual legislatura que comenzó hace casi nueve meses, la eficiencia legislativa ha sido prácticamente nula. Los gobiernos locales han decepcionado, como crecientemente está sucediendo con el del Distrito Federal, y las alternativas de gobierno que se están presentando no son atractivas, como demostró la derrota del dinopriísta en Mérida, Víctor Cervera Pacheco. La actual clase política olvidó la máxima de que no hay que componer lo que no está roto, y parece enfrascada en eternas batallas con la vajilla china y los restos que están dejando sobre el escenario nacional cada vez son más difíciles de pegar.

¿Qué resultado podemos esperar? Este lunes el periódico El Universal publicó una encuesta nacional donde el 59 por ciento de la población se declaró insatisfecha con la manera como la democracia funciona en México, y casi cuatro de cada 10 mexicanos consideran que para el próximo año la política se encontrará en peores condiciones. No es extraño que el porcentaje de personas que preferirían otro sistema que no fuera democrático avanzó de 29 por ciento en noviembre del 2002 a 35 por ciento, y que en ese periodo 2 por ciento más de mexicanos (cuatro de cada 10) dijeran que no les importaría ser gobernados por un dictador si esto significara la solución a sus problemas económicos. Por ello tampoco debe sorprender que 34 por ciento prefiera sin lugar a dudas un sistema autocrático, y que 40 por ciento vea, hoy en día, que el país estaría mejor nuevamente con el PRI en el gobierno. Los políticos, incluidos los priístas, han dilapidado el capital político que se fue adquiriendo. La gente no aspira a un PRI democrático –no hay que leer mal la encuesta–, sino al PRI de antes.

La gente se muestra apática y fastidiada con la democracia. Más interesante es que la razón, en el 32 por ciento de los encuestados, obedece al problema de la corrupción. El síntoma del desencanto no es patrimonio mexicano. En un informe sobre democracia dado a conocer esta semana por el Departamento de Estado en Washington, se estableció que las instituciones democráticas y la sociedad en general enfrentan desafíos enormes derivados de la corrupción endémica, la ineficiencia, la violencia interna y la creciente polarización que amenaza la estabilidad en varios países. No hay que voltear a otras naciones para ver las analogías con México. El 47 por ciento de los encuestados por El Universal afirmó que su país se encuentra sumergido en la inestabilidad.

Aunque las condiciones sociopolíticas en México son totalmente diferentes a las de los países mencionados por el Departamento de Estado al no haber crisis constitucionales o institucionales ni riesgos de golpes militares, en política lo más importante no es la realidad sino la percepción, pues numerosas ocasiones, en la medida en que lo que se cree va aumentando de adeptos, se empieza a alterar la realidad, complicándola irreversiblemente. La aguda decepción sobre el sistema democrático no obedece a la mecánica del sistema sino a los obreros que lo están manejando; o sea, los políticos. El modelo de organización se está desprestigiando de manera indebida. No es un problema de la democracia, sino de sus actores políticos que no han logrado quitarse las correas del autoritarismo ni han podido crecer junto con la sociedad. Error ciudadano sería caminar hacia la apatía para castigar a los políticos. Hay que castigarlos pero no con la abstención, sino con botar a todos aquellos representantes de partidos que, una vez más, traicionaron a los electores.

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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Los nuevos demócratas  

Raymundo Riva Palacio  

Luis Inacio Lula da Silva está muy indignado con The New York Times y en particular con su corresponsal Larry Rother, un especialista en América Latina casado con una brasileña, porque el domingo pasado publicó un reportaje sustentado en fuentes públicas brasileñas y autorizadas, que el presidente de Brasil tenía un problema de alcoholismo por el cual estaban cuestionando su capacidad plena para gobernar. La molestia llegó a tal proporción que le revocaron la visa de trabajo para expulsarlo del país, en una medida que hacía mucho tiempo no se daba en América Latina y que en un país que es evidentemente democrático parece absolutamente inconcebible. El director del periódico, quien respaldó totalmente al corresponsal, dijo que la acción de Lula era un atentado a la libertad de expresión, a lo cual respondió que de ninguna manera. ¿Por qué lo expulsó entonces? No hay razones, sólo consecuencias.

La reacción de Lula es por demás excesiva. Sin embargo, su comportamiento se inscribe perfectamente en el imaginario colectivo de los nuevos presidentes democráticos en América Latina derivado de que su cultura, formación, entrenamiento y lucha política se dio durante la gestión de gobiernos en sistemas autoritarios. Se puede plantear como un problema generacional, donde sus soluciones a problemas y crisis no se manejan dentro del terreno de la gran tolerancia, sino en la impaciencia, el desprecio violento a la disidencia, el macartismo ante la oposición y la represión, generalmente no física, contra el adversario.

Las experiencias latinoamericanas con estos nuevos demócratas han sido costosas. Brasil no entra con Lula a un terreno desconocido, pues antes tuvieron la destitución del presidente Fernando Collor de Melo por actos de corrupción, y por las mismas razones la rival más seria que tenía Lula en la campaña presidencial, la hija de José Sarney, se quedó a la orilla del camino por las mismas razones. Los peruanos se han lucido en la materia. Alan García, un luchador que recogía el legado socialdemócrata, cayó en la perdición por corrupción y Alberto Fujimori, quien recogió de esas cenizas la Presidencia sin ninguna experiencia política previa, se convirtió en un autoritario de marca, desapareciendo el Congreso, reprimiendo a políticos y periodistas y, finalmente, también arrumbado por actos de saqueo nacional. Venezuela, que ya tuvo una mala experiencia por la corrupción del presidente Carlos Andrés Pérez, uno de los viejos líderes del Tercer Mundo, ahora vive bajo los excesos del general Hugo Chávez, represor incontenible de la disidencia. Ya ni hablar de los mandatarios argentinos, metidos la mayoría de los ex en problemas de robo al erario.

Aunque en otra proporción, en México estamos enfrentando un caso similar en la figura del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, principal aspirante aún a la Presidencia en el 2006, quien montado en su carisma ha desarrollado un populismo que envuelve sus actos de autoritarismo e intolerancia. En poco más de tres años al frente del gobierno capitalino, López Obrador se ha distinguido por violentar la ley utilizando un discurso teológico del bien y el mal, donde no duda en irrespetar la ley cuando la considera injusta, y está dispuesto a ir al martirio violándola si con esto logra, según su filosofía, la justicia verdadera. De esta manera ha incumplido mandatos del Congreso –que son violatorios de la ley–, de la Suprema Corte –ídem–, anulado los esfuerzos por instrumentar la Ley de Transparencia en el Distrito Federal, perseguir a quien lo acusa de irregularidades, buscar el aniquilamiento de los órganos electorales autónomos, sin mencionar los actos de corrupción públicos en los que se encuentra sumergido su gobierno, varios de sus principales funcionarios y antiguos colaboradores, y ex dirigentes del PRD que respaldaron sus acciones ilegales en la Asamblea de Representantes local.

Se parece a los peruanos, que hablaron de conspiraciones para tratar de evadir la responsabilidad de los actos de corrupción en su gobierno pues, finalmente, la praxis política dicta, no hay nada mejor que crear un enemigo externo para cohesionar internamente. Como Chávez y Lula, ha desatado los demonios del macartismo, condenando al infierno a todos aquellos que hacen ronda con sus enemigos políticos, manejando la propaganda con medios de comunicación afines, sea ideológica o económicamente.

En López Obrador no estamos viendo con claridad el rumbo, pero nuestro camino es muy similar al de las otras naciones latinoamericanas. López Obrador no es producto de una nueva cultura política, sino se desdobla del viejo priísmo del cual se fue resentido porque, cuando Salvador Neme fue gobernador efímero en Tabasco, no le quiso dar la candidatura a alcalde de su pueblo, Macuspana. No hay diferencias claras entre el actuar político de López Obrador desde la oposición, que el que realizaban los priístas del viejo cuño. Supo presionar en el gobierno de Carlos Salinas con caminatas permanentes de petroleros hacia la ciudad de México, donde ese gobierno no sólo le congeló las denuncias federales por ataques a las vías de comunicación, sino que el entonces regente del Distrito Federal, Manuel Camacho, echó mano regularmente de la partida secreta del gobierno federal para financiarlo mensualmente a través de su entonces secretario de Gobierno, Marcelo Ebrard. El primero es ahora diputado federal; el segundo su secretario de Seguridad Pública.

Tal pareciera que este es el patrón de los nuevos demócratas latinoamericanos, a quienes se les tiene que perdonar todo porque se enfrentaron y vencieron al viejo régimen autócrata del cual se nutrieron y crecieron. Lula, porque López Obrador todavía no llega al máximo cargo nacional, es el último de ellos que salta al escenario chapaleando en el lodo, pero con seguridad no será con el que se acabe la fila. Los nuevos demócratas tienen otra característica, que es el de la piel muy delgada y el temperamento explosivo. Lo primero lo van dejando ver en la medida en que el entorno los empieza a desfavorecer, y lo segundo se manifiesta cuando sus recursos políticos traspasan la frontera de la astucia y la intuición y les exigen talento.

La expulsión del corresponsal del The New York Times de Brasil se da sin explicaciones claras y en medio de una movilización nacional en contra del periódico emblemático del imperialismo norteamericano. La manipulación del nacionalismo chauvinista siempre es recurso acogido por la mayoría de los nuevos demócratas, como lo probaron Chávez, Fujimori, García y hasta, en su nivel tropical, López Obrador. En todos los casos sirve en paralelo para esconder las deficiencias de gobierno. Con la expulsión, Lula dejó atrás la presión social y la fractura en la coalición que lo llevó al poder por traicionar la plataforma programática por la que lo escogieron los brasileños. Es curioso, pero por las mismas razones tomaban decisiones extremas las viejas dictaduras latinoamericanas, como el caso paradigmático del general Leopoldo Galtieri, cuando embarcó a Argentina en la Guerra de las Malvinas. Atropellar las libertades es igual para esta generación de políticos, donde lo autócrata o lo demócrata es un simple sufijo que no califica para nada a los actores. Este es el gran peligro al que nos enfrentamos cuando nuestra razón se nubla por la pasión y los rencores envenenan nuestras mentes.

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