(Segunda y última parte)
Rigo y Tamakú, los dos costeños vecinos, vivieron la mayor parte de su vida en Zihuatanejo. Rigo nacido en Tenexpa, de adolescente se fue de su casa, bueno lo corrieron, a causa de la religión, porque su familia era de la secta Testigos de Jehová. Desde niño se convirtió en predicador y ejemplo de su congregación por lo desinhibido y memorioso que era. Desde niño superó la pena de hablar con la gente mayor, y como tenía buena memoria, pronto se aprendía los versículos de las sagradas escrituras que sus compañeros leían a los vecinos, cuando a la de tantas visitas algunos se atrevían a abrirles sus puertas. Y así como era de memorioso y dedicado a la religión también se le conocía por su precocidad. Arrecho, dice que es la palabra que se usa en su tierra. Y muy pronto se enamoró de una bonita muchacha con la que siempre buscaba acompañarse en el grupo de la secta para llevar la “buena nueva” a los vecinos. Y todo iba bien hasta que el diablo metió su cola, porque otro compañero suyo de mayor jerarquía, recién llegado al grupo, tenía los mismos gustos de Rigo y era más listo que él. Utilizó su poder para quedarse con la muchacha, hablando directamente con sus padres, quienes mirando el futuro promisorio de su hija, casada con un seguro pastor, prefirieron a éste que a Rigo quien entonces solo presumía de que sabía pescar con anzuelo y tarraya.
Ante ese hecho Rigo reaccionó como se esperaría de cualquier costeño bien criado, mandó al diablo a la religión y renunció a ser Testigo, y compañero de gente alevosa y convenenciera. Como su renuncia a la religión significó también una gran pelea en su casa, terminó abandonándola cuando su mamá le dijo que no podía seguir viviendo en el mismo techo si hablaba mal de su congregación.
El pobre de Rigo que todavía entonces tenía como nombre artístico el de Giovanny Cabañas, sintió que el mundo le caía encima y sin saber a dónde ir se acordó de un tío que se había mantenido al margen de la secta, quien vivía en la Ciudad de México, y le dio alojo y trabajo.
Así conoció Rigo la capital del país y allá aprendió con su tío el arte de trasquilar. Incluso cuenta que los actuales muebles que tiene en su peluquería, así como están de viejos, no los ha querido cambiar porque son el recuerdo de su tío que se los heredó.
Cuenta Rigo que un día llegó a la peluquería de su tío un paisano de Petatlán que estudiaba medicina en México y fue quien le habló de Zihuatanejo.
–Oye zanca, ¿sabes pescar?
–Pescar y tarrayar, tengo fama en mi tierra –le respondió Rigo, quien todavía era Giovanny.
–Bueno cuando vayas a tu tierra llega hasta Zihuatanejo, te va a gustar el puerto porque tiene playas bonitas y hay mucha pesca.
–¿Y dónde queda Zihuatanejo?
–Adelante de Petatlán.
–Así que le hice caso a mi cliente y un día me vine para la costa y llegué hasta Zihuatanejo. Me gustó porque había muchos turistas extranjeros, jóvenes güeros con sus mochilas en la espalda que ponían sus tiendas de campaña en la playa Principal y se les veía felices.
Por su parte Tamakú tenía también su gracia. Es cierto que no bailaba ni era aficionado a las fiestas como Rigo, pero fue aquí en Zihuatanejo donde desarrolló su curiosa habilidad para comunicarse con los animales, lo cual aprovechaba para domesticarlos. La gente se quedaba pasmada mirándolo en las tardes cómo lograba que los zanates dejaran las ramas del árbol de guamúchil de la Unidad Deportiva para volar y asentarse en torno suyo respondiendo a su llamado.
Así comenzó su fama después de darse a conocer como un gran atleta de alto rendimiento. En sus ratos libres Tamakú se dedicaba a criar animales y hasta creo que fue él quien nos familiarizó a los zihuatanejenses con los cocodrilos y las boas que exhibía en las playas, cobrando para la foto a los turistas.
Tamakú se convirtió en un personaje conocido internacionalmente por sus hazañas para domesticar animales. Su fama lo llevó a ocupar páginas de revistas famosas en el mundo. Nunca nadie supo qué hacía con los animales domesticados que por su peso y tamaño ya no podía cargar en sus hombros para llevarlos a la playa, porque el colmo hubiera sido para propios y extraños ver a la pitón y al cocodrilo, siguiéndolo. Lo que muchos recuerdan es un burro tierno que tenía de mascota. Ése sí no lo dejaba y caminaba tras él a todas partes.
Tamakú ganó su derecho a exhibir sus animales salvajes como atracción de los turistas sin que ninguna autoridad medioambiental y de protección de los animales osara impedirlo, y peor cuando se erigió como protector de los cocodrilos del estero de Playa Linda, saturado con los ejemplares que la Marina de Ixtapa desalojó de esa laguna.
En un triciclo, recorriendo los más de 8 kilómetros de distancia entre Zihuatanejo y Playa Linda, Tamakú llevaba del mercado los desperdicios de las pescaderías para alimentar a los saurios, y alguna vez el ya fallecido René Juárez Cisneros en su calidad de gobernador se condolió de él y le regaló una cuatrimoto para que fuera más descansada su noble labor.
Rigo por su parte sostiene que pudo haber sido otra su vida si se hubiera aprovechado de tantos políticos encumbrados con los que se ha relacionado, pero que está mejor siendo pobre porque así nadie le puede decir aprovechado o codicioso, y menos pedinche. Le insisten en que cualquier partido podría hacerlo candidato y ganar nomás por la simpatía que tiene.
–No necesitarías casi dinero para ganar una elección Rigo –le insisten.
Pero teme que le suceda lo que dice Andrés Manuel López Obrador, que se puede marear con tantito poder, y se apendeje.
Presume que hubo un tiempo que las reuniones del PRD se hacían en su peluquería con los dirigentes nacionales. La dirigente nacional del PRD Rosario Robles le insistía, ándale mi niño, deja de trabajar con las tijeras, vente a la Ciudad de México, te voy a tener como rey, no vas a hacer nada, le decía. Pero él siempre se resistió.
Su fama en la política nació a finales del siglo pasado en la peluquería, cuando puso en práctica algunas de las ideas de sus clientes para hacer una encuesta de candidatos, y así empezó cuando su instinto lo llevó a proponer al priísta Amador Campos como candidato de la izquierda.
–Bueno Rigo, pero tu candidato es priísta.
–Da lo cabrón mi niño, de lo que se trata es de ganar, además así ha ganado el PRD en otros lugares –argumentó.
Y ganó, aunque halla sido en el segundo intento, cuando compitió contra Bolívar Navarrete, después de haber perdido con Jorge Allec.
Dice Rigo que todos sus clientes se peleaban por votar en la encuesta, y que no faltó quien bautizara a su método como el Rigobski, imitando a la encuestadora Mitofski.
Después los aspirantes a candidatos iban a cortarse el pelo cada ocho días para rogarle que los anotara en la lista.
La simpatía de Tamakú llevó sus retratos a las postales del puerto y a uno que otro mural de la ciudad, de donde luego lo borraron, y así como apareció en revistas afamadas del mundo que lo dieron a conocer como el Chanoc de Zihuatanejo, yo lo incluí en las paginas de mi libro Re-cuentos de la vida costeña, en el año 2013 con ilustraciones del maestro pintor Miguel Ángel Jáimes donde recojo algunas de sus aventuras.
Rigo por su parte presume que ha trasquilado a todos los presidentes municipales, desde los finados Fidel Gutiérrez y Armando Federico González, pasando por Alejandro Bravo, pero también a personajes como el siniestro Arturo Durazo Moreno cuando vivía en su mansión de El Partenón a mediados de los años setenta.
–Venían por mí y me llevaban en una patrulla al Partenón, y al principio yo me ponía nervioso porque frente a mí había una estatua del demonio que no dejaba de mirarme, y si me movía me seguía con su mirada.
–No, no entablábamos conversación, tampoco con los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo. Recuerdo cuando trasquilé a Enrique Peña Nieto quien cuando terminé me preguntó que cuanto me debía, le dije que nada, que era un honor para mí haberle cortado el pelo. Entonces me dijo “Gracias” y caminó unos pasos alejándose y pensé, ya la regué, pero se regresó y me puso un rollo de billetes en la bolsa de mi camisa, eran como 5 mil pesos.
