
Adán Ramírez Serret
Una de las novelas más célebres sobre la Ciudad de México de los últimos años es Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, en la cual, entre otras cosas, hay una búsqueda profunda, obsesiva, de la poesía. Vivir la vida tan sólo para ese acto artístico; sin embargo, lo que hubiera sido lo normal es que aquellos personajes terminaran escribiendo grandes poemas, esto no sucede para nada. Lo que sí pasa es que el acto poético, en la novela, no está en los libros o en los poemas sino en el acto mismo existencial poético de los personajes.
Pienso en esto por Antes de Otis, el más reciente libro de J. M. Servín (Ciudad de México, 1962) quien se ha caracterizado por ser uno de los grandes cronistas de la Ciudad de México, siempre el más oscuro, el más disruptivo, el más contracultural, con el afán obsesivo de descubrir la estética del vacío, de la decadencia y la corrupción.
Buena parte de su obra es autobiográfica, salvo algunas de sus novelas como Cuartos para gente sola o Al final del vacío; ha contado también en bastantes crónicas historias de asaltantes, asesinos u otras personas de la contracultura en México; perfiles con muchísima fortuna, ampliamente sórdidos y perturbadores.
En Antes de Otis Servín vuelve al terreno de la autobiografía, sólo que ahora, el centro desde el cual gira el libro no es la decadente y violenta Ciudad de México, sino la ciudad de Acapulco. Epicentro del turismo nacional e internacional durante muchos años y también debido a esto dañada en las entrañas por las grandes compañías hoteleras, el tráfico de drogas y la transformación de un pequeño paraíso en una ciudad muy grande.
Me emociona escribir esta reseña para este periódico, El Sur, porque algunas personas que lean la nota lo harán desde Acapulco; entonces se puede precisar que en el puerto el centro del libro es el mítico Hotel Flamingos. Desde aquí, el narrador claro alter ego de Servín, pero alter ego al fin, cuenta un viaje para celebrar su sesenta aniversario que hizo en años recientes con su novia y amigos, poco antes, en efecto, del terrible huracán que azotaría con furia Acapulco; antes de Otis.
En plena celebración, entre cervezas y cocteles en el hotel, el narrador comienza a tener epifanías de lo sucedido a mediados del siglo pasado en Acapulco, en ese hotel en donde vislumbra el encuentro entre Johnny Weissmüller, aquel Tarzán icónico, el asesino serial Charles Manson y William Burroughs, pues Acapulco fue durante mucho tiempo punto de ebullición de estrellas de Hollywood y disidentes sociales e intelectuales.
Estos vislumbres se van mezclando con el pasado chilango de la familia del narrador, aquellos años en donde el horizonte vacacional inmediato de las clases media y trabajadoras era Acapulco. Irse apachurrados en un auto con absolutamente toda la familia y un muy bajo presupuesto, o nulo, a disfrutar de las playas paradisiacas.
Servín es de pluma afilada y nadie sale exento de sus estocadas. El escenario abunda en ternura y humor cuando habla de su familia, sobre todo de su padre con anécdotas estrafalarias y reales de este México incomprensible, que sólo se puede atisbar en libros como este.
Desde el Flamingos va recordando las diferentes incursiones en esas playas, a veces con el corazón destrozado, otras harto ya de su vida y algunas destructivamente feliz. Pero en todas, con cada frase, se va descubriendo que esa vida del alter ego, errando por el mundo, por que la vida no es otra que la de la fuerza estética de querer ser escritor, no tan sólo de redactar páginas y vivir de eso, sino de hacer de esa poética filosa de Jack London y agresiva y absolutamente destructiva de Hunter Thompson el centro de su vida: de la existencia como una profunda existencia literaria, inmersiva, insaciable, golosa y exuberantemente contracultural. En donde antes del huracán, ya había pecios en la playa.
- M. Servín, Antes de Otis, Ciudad de México, Random House, 2026. 209 páginas.


