
Adán Ramírez Serret
No creo que la originalidad sea lo más importante en una obra; es más, a veces la búsqueda de lo nuevo, de lo único, me resulta muchas veces aburrido y otras más pedante e incluso tonto, porque normalmente está hecho por alguien que ignora que eso se ha hecho antes o por una persona que se siente súper inteligente o sobre inteligente, podemos pensar, o ya sin irse por las ramas: francamente tonto.
Dejando esto claro, no quiere decir que no se agradezca la originalidad, aquellas tramas que nos hacen acomodarnos con placer en el sillón mientras leemos un libro o vemos una película y vamos con absoluta felicidad por otro café u otra copa de vino y apagamos el celular para que nadie interrumpa esta lectura con la cual pasaremos la tarde.
Es el caso de la novela El origen de las lágrimas de Jean-Paul Dubois (Toulouse, 1950) quien saltó a la fama en Francia y el mundo francófono cuando ganó el premio Goncourt en 2019 con la singular novela No todos los hombres habitan el mundo de la misma manera cuyo título es ya un relato y Dubois también ha hecho declaraciones geniales, excéntricas en el mundo de la literatura cuando ha dicho que sólo escribe durante un mes al año durante diez horas al día, y que el resto lo dedica a la gente que quiere. A vivir la vida.
Dubois vuelve, pues, con El origen de las lágrimas. Una obra que desde el arranque comienza con una inquietante originalidad, esta es que quien cuenta la historia, comienza por decir que está esperando el cuerpo de su padre, pues acaba de morir del otro lado del océano, estamos en Toulouse, Francia y el cuerpo viene de Canadá.
Es un momento triste, reconocer, recibir el cuerpo de un padre que no ve hace mucho. Sin embargo, el tono se va transformando en lúgubre cuando el personaje dice que no está dolido, sino lo contrario, acaso, sin exagerar, está feliz de que su padre haya muerto finalmente.
Estamos en las primeras páginas y ya es todo bastante inquietante, y esto apenas comienza, pues el hijo, el narrador, cuando finalmente está en la morgue frente al cuerpo de su padre, saca una pistola y balea el cadáver. ¿Quién le dispara a un padre? ¿Quién le dispara al cuerpo de su progenitor ya muerto? Naturalmente es un acto de odio, de desesperación y de venganza, ¿qué hizo aquella persona para que esto sucediera?
El forense escucha los disparos y llama a la policía, la cual no sabe exactamente qué hacer, ¿cuál es el delito al disparar a un cadáver? En lo que resuelven qué hacer mandan al hijo a la cárcel, quien comienza a contarnos las razones de aquel odio. La historia sigue en el camino de la originalidad, acaso de lo inverosímil, cuando relata que la primera gran pérdida en su vida, el primer dolor fue perder a su madre y al mismo tiempo a su hermano. Esto sucedió cuando nació, la madre muere en el parto y su hermano era su mellizo que no sobrevivió. Él dice recordarlo todo, nadie le cree, sobre todo su padre al cual él se pregunta por qué es imposible creerle a alguien que tienen recuerdos desde que es recién nacido.
La novela es, desde luego, dolorosa; con un humor bastante oscuro, un estado de ánimo no usual; pero dice cosas muy importantes, como el sufrimiento de no tener un padre al que quiera, sino, más bien, a quien siempre odió por el trato que siempre le dio.
El origen de las lágrimas es por lo dicho hasta ahora una extraordinaria novela, por dimensionar lo que usualmente se silencia, lo que nunca se dice, pero, por doloroso que sea, por terrible y monstruoso que sea también es parte de los humanos, del mundo; de eso, precisamente que siempre tocan las grandes novelas.
Jean-Paul Dubois, El origen de las lágrimas, Ciudad de México, ADN, 2025. 240 páginas.


