26 julio,2022 5:06 am

Julio, cifrado y vacacional

Amerizaje

Ana Cecilia Terrazas

 

La potencia de la poesía está, como decía Gabriel Zaid, “en la práctica”*. Emparejar lo que una siente que es la mera sustancia de cualquier evento, sensación, paisaje, acontecimiento, con palabras, poquitas, es un acto de traslado, de envío; es un desplazamiento que, más allá de lo que teóricos y retóricos opinen, provoca un gran gozo.

En este julio hay una centena de sucesos y hechos que no generan alegría y hasta hacen al género humano sentirse algo avergonzado por tan poca civilidad, educación, generosidad, conciencia. Hasta ahí.

También estamos un poco en medio del año aún, mucha gente sale de vacaciones o quiere salir; otras más tienen oportunidad de hacerse de un tiempito, de unos días u horas para sí mismas. Este Amerizaje está pensado para emprender una breve pausa vacacional. Esto es, según la Real Academia Española, “pasa las vacaciones en un lugar”. ¿En cuál lugar? En el espacio, el tiempo y la configuración imaginarias, intelectuales, que cada quien arme de los siguientes fragmentos poéticos.

De la reconocida poeta mexicana Pura López Colomé, tomado de Aurora (Ediciones El Equilibrista, 1994):

 

En la playa

Una pareja espera el barco,

la estrella de la proa

en su destino.

Ni gozo ni tristeza.

Conocen ya lo que hay.

 

Saben de las alas y de la transparencia.

Este amor nunca termina.

El vuelo ha de durar.

 

Regresan ya tarde

al bosque que se nombre impenetrable.

Al telar

del capullo de la noche.

 

Otra maravilla poética, precisamente sobre este mes de julio, que para quien tenga interés y posibilidad vale mucho la pena buscar la versión original en inglés, es éste de la estadunidense Emily Dickinson, tomado de la antología Emily Dickinson, 50 poemas, traducidos por Amanda Berenguer, en la versión digital***.

 

Contesta, julio ―

¿Dónde está la abeja?

¿Dónde está el rubor?

¿Dónde está el heno?

 

¡Ah!, dijo julio ―

Donde está la semilla ―

Donde está el capullo ―

Donde está mayo ―

Respóndeme tú ―a mí―

No ―dijo mayo ―

Muéstrame la nieve ―

Muéstrame las campanas ―

¡Muéstrame la urraca!

 

Arguyó la urraca ―

Donde está el maíz ―

Donde está la niebla ―

¿Dónde están las cáscaras?

Aquí ―dijo el año―

 

Del gallego José Ángel Valente, fallecido en el año 2000, poema de su antología El fulgor (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 1998-2002):

 

La arena tenía el color de las escamas

de un enorme pez extendido

y la luz caía sobre ella

con el secreto brillo del acero

como un ala rasante.

 

Vacío y extensión.

El súbito

relámpago de la piedra en el aire.

 

Y nada.

El vuelo.

Y nadie.

(Mont St.-Michel)

 

La Obra poética de Eliseo Diego, publicada por el Fondo de Cultura Económica en Tierra Firme, trae una pequeña delicia sobre esos agregados invisibles que sí se ven y que solamente se pueden observar con calma cuando se está de vacaciones.

 

Las nubes

¡Qué libremente se van

las nubes, ¡qué lentamente!

Y cuando el monte prudente

las llama oscuro, le dan

áureas migajas de pan

y siguen alucinadas

por las sabanas moradas

que tienen costas de fuego

–en las que se pierden luego

suaves, dementes, calladas.

 

De la muy querida poeta chiapaneca, mexicana, diplomática, Rosario Castellanos, en su inigualable Poesía no eres tú (FCE, Letras Mexicanas, 1995):

 

Una palmera

Señora de los vientos,

garza de la llanura,

cuando te meces canta

tu cintura.

 

Gesto de la oración

o preludio del vuelo,

en tu copa se vierten uno a uno

los cielos.

 

Desde el país oscuro de los hombres

he venido, a mirarte, de rodillas.

Alta, desnuda, única.

Poesía.

 

Finalmente, del poeta uruguayo tan didáctico y querido Mario Benedetti, La defensa de la alegría****:

 

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

 

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

 

*Zaid, Gabriel. La poesía en la práctica, FCE, 1985.

**http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/bitstream/123456789/71481/1/poemas_dickinson.pdf

*** http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/bitstream/123456789/71481/1/poemas_dickinson.pdf

https://www.poemas-del-alma.com/defensa.htm

 

@anterrazas