
Adán Ramírez Serret
El periodismo vive normalmente hacia atrás, al menos en México sucede así. Ocurren eventos de violencia y la prensa debe ir al lugar para investigar, capa a capa, todos aquellos fragmentos de la realidad que fueron la causa. Otro hecho terrible que cubren normalmente los periodistas es el de los desastres naturales. Nuestro país está situado en una parte del mundo en donde huracanes y terremotos son una posibilidad latente cada año y, ante los cuales, hablo completamente a título personal, muchas veces resulta mejor para la paz mental no pensar en ellos y más bien saber cómo solucionar/sobrevivir y ayudar cuando estos sucedan.
Yo nací en Oaxaca y ahora escribo en este periódico del estado de Guerrero; para todos quienes hemos vivido en estos estados, mencionar huracanes y temblores es recordar terribles tragedias. Guerrero ha vivido algunos muy fuertes en años recientes y yo aún tengo fresco el huracán Paulina, de 1997, que azotó la costa y recuerdo bien cuando iba en la carretera y nos detuvimos impresionados cuando vimos que el viento había partido en dos una montaña. De igual forma, recuerdo los terremotos, en especial el de 1999 en donde estaba en una unidad deportiva y de repente todos nos detuvimos porque desde las montañas se veía venir una espantosa estampida que no era otra cosa que un terremoto que avanzaba a toda velocidad sacudiendo los árboles y cuando finalmente pasó bajo nosotros apenas nos pudimos mantener en pie y recuerdo el escalofrío que sentí en la nuca cuando vi como la sacudida se dirigía de manera implacable hacia la ciudad de Oaxaca, de la cual hizo un polvorón, llenando a todos de pánico. Por estos apenas dos ejemplos, a veces, me parece que en Oaxaca y Guerrero no es de tan buen gusto hablar de desastres naturales, como terremotos y huracanes; mucha gente murió y mucha gente lo perdió todo. Sin embargo, un miedo ineludible nos habita, una pregunta siempre asoma y en algún momento nos quema los labios, ¿qué haremos cuando vuelva a suceder? Porque pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, volverá a pasar.
Comencé diciendo que los periodistas normalmente trabajan hacia atrás, investigando sobre algo que ya sucedió, pero qué sucedería si alguien hiciera el trabajo al revés y hablara, investigara sobre lo que puede pasar. Es el caso de la investigación El gran terremoto, de la periodista Kathryn Schulz (Shaker Heights, Ohio, 1974) que le valió el Premio Pulitzer de periodismo.
La investigación comienza durante un congreso en Japón de geólogos a quienes les sucede un incidente extraño o mala broma del destino. Están reunidos para hablar precisamente de terremotos en ese país, cuando comienza a temblar. Lo cual no es para nada inusual en aquella isla, primero las risas son sinceras, pero comienzan a cambiar de tono cuando el temblor no cesa y su extensión es cada vez más prolongada, dice Schulz: “Por lo general, si un terremoto dura treinta segundos ronda el 7.5; si dura un minuto, se acerca a una magnitud de 8; si dura dos minutos, está por encima del 8 y, si dura tres minutos, se acerca al 9. Si se prolonga durante cuatro minutos, el terremoto ha superado una magnitud de 9 en la escala de Richter”. Cuando medían el terremoto y veían que no cesaba, en poco tiempo estuvieron convencidos que venía un tsunami.
Con este preámbulo, la periodista nos introduce en la falla de Cascadia, todos conocemos la de San Andrés, pero casi nadie la que sucede precisamente al norte de Estados Unidos, del mismo lado de la Costa Oeste. Y, la cual, nos vamos enterando en este aterrador y lúcido reportaje, puede ser más o igual de terrible que la de California. Entonces, comienza una fascinante investigación sobre la geología de la Tierra, de los registros en la Historia de la Humanidad de los peores sismos registrados y las causas que en esa parte de Estados Unidos, las personas no estén lo preocupadas que deberían por lo que sucede bajo sus pies. El reportaje documenta, enseña y reflexiona sobre aquello de lo que no queremos hablar, pero es imprescindible, ¿qué pasará cuando colapse la parte del mundo donde vivimos? Ahora, prefiero reflexionar sobre Cascadia y dejar para el futuro lo que puede suceder en nuestro país.
Kathryn Schulz, El gran terremoto, traducción de Teresa Bailach Arrate, Barcelona, Libros del Asteroide, 2025. 78 páginas.


