25 agosto,2026 6:01 am

La chaviza en el Guerrero del futuro

Esthela Damián Peralta

 

Escuchar a las y los jóvenes siempre me mueve. Quizá porque inevitablemente me veo un poco reflejada en ellos, en sus ganas de hacer cosas, en sus preguntas, en esa inquietud de no quedarse con los brazos cruzados cuando saben que algo puede cambiar. Yo también fui una adolescente con hambre de participar, de ayudar a transformar su comunidad, su estado y su país. Por eso, cuando los escucho hablar de sus sueños, de aquello que les preocupa o les ha costado trabajo, no puedo evitar recordar de dónde vienen muchas de mis propias convicciones.

Eso fue lo que sentí en el Conversatorio de Jóvenes que se llevó a cabo ayer, donde pudimos reunirnos con juventudes de distintas regiones y, sobre todo, con historias muy diferentes. Participaron activistas, artistas, deportistas, universitarios, emprendedores, políticos, medioambientalistas y, con mucho orgullo, les comparto que también vinieron quienes tuvieron problemas con las adicciones, madres adolescentes, en fin. Todos aquellos que hoy participan en sus comunidades y muchos que simplemente han decidido abrirse camino para salir adelante. Cada uno llegó con una historia propia y con una manera distinta de entender a Guerrero, ahí se encuentra lo más valioso, escucharlos sabiendo que, aunque todos tienen realidades diferentes, tienen un común denominador, jóvenes incansables en busca de sus sueños, teniendo claro que es lo que quieren, algunos ya alcanzando algunos de sus anhelos y otros emprendiéndolos, cada uno tiene diferentes respuestas a sus vocaciones de vida.

Mi cariño es incondicional por las y los jóvenes de esta tierra tan bella, donde el mosaico de realidades, nos da un resultado variopinto de alternativas para ir abriéndose caminos. Hoy ellas y ellos saben que cada meta alcanzada les ha costado muchísimo.

Esa diversidad, se notó al preguntarles ¿qué esperas de un gobierno en tu estado? Escuche con atención, algunas de las respuestas fueron: “un estado con mayor seguridad”, “que me escuchen”, “que nos apoyen para lograr empleo”, “que cuidemos el ambiente”, “que crean en nosotros”, “que apoyen a las organizaciones que se dedican a la atención del consumo problemático del consumo de sustancias”. Hay cosas que me nutren intelectualmente mucho más que otras y conocer de cerca sus inquietudes y las dificultades que enfrentan en un mundo globalizado que cambia a una velocidad enorme en este foro, fue un verdadero lujo.

Los he visto esforzarse por estudiar, buscar su primer empleo, emprender con muy pocos recursos, combinar el trabajo con la escuela, ayudar a sus familias y tratar de construir un proyecto de vida aun cuando el camino no siempre ha sido sencillo, todo ello sin dejar de lado la enorme responsabilidad con el lugar del que vienen.

Además, durante la conversación me llamó mucho la atención que apareciera el tema de la agroindustria. Hace algunas semanas escribí precisamente sobre la enorme oportunidad que tenemos de darle valor agregado a lo que produce nuestro campo, y escuchar ahora a jóvenes hablar de ello me confirmó que ahí existe una posibilidad extraordinaria. Imagino a una nueva generación que conozca la tecnología, que innove, que encuentre nuevos mercados y nuevas formas de producir, pero que al mismo tiempo se sienta orgullosa del coco, del mango, del café, del mezcal y de todo aquello que nace de nuestra tierra y del trabajo de nuestra gente.

Por eso quiero construir un Guerrero de la mano de las y los jóvenes, no imaginando desde lejos lo que necesitan, sino escuchándolos de primera mano. Y cuando digo las y los jóvenes, pienso en todos. En quienes tuvieron la oportunidad de llegar a la universidad y en quienes tuvieron que dejar la escuela; en quienes hoy tienen trabajo y en quienes llevan meses buscando una oportunidad; en quienes están emprendiendo negocios y en quienes todavía no saben qué camino quieren tomar. Pienso también en las mujeres que fueron madres adolescentes y tuvieron que asumir muy pronto nuevas responsabilidades, y en las personas jóvenes que han tenido algún conflicto con la ley y que también merecen encontrar una puerta abierta para volver a empezar. Pienso en quienes viven en Acapulco, en la Montaña, en la Costa Chica, en Tierra Caliente, en la Costa Grande, en la zona Norte, en el Centro y la Sierra. Todos forman parte del Guerrero del futuro.

Escuchar significa hacerlo sin tenerle miedo a la verdad. No convocar a las juventudes únicamente para hablarles de lo que pensamos que deben hacer, sino sentarnos con ellas y preguntarles qué están viviendo, qué les preocupa, qué necesitan y cómo imaginan su futuro. Necesitamos un Guerrero que escuche a sus jóvenes antes de ofrecerles respuestas. Que confíe en ellos y les permita participar en las decisiones que tienen que ver con su presente. Porque muchas veces las mejores ideas no vienen de quien observa un problema desde fuera, sino de quienes lo enfrentan todos los días.

No quiero que nuestras y nuestros jóvenes sientan que para crecer tienen que irse de nuestro Estado. Al contrario, quisiera que encuentren en sus raíces una fortaleza para explotar sus habilidades. Para conseguirlo necesitamos construir un piso más parejo. Necesitamos acercar el gobierno y, sobre todo, construir redes de comunicación permanente.

Porque muchas veces el talento está ahí y lo que falta es alguien que abra una puerta, que acerque un programa, que comparta una experiencia, que vincule a una persona joven con una universidad, una empresa, un mercado, un apoyo para realizar una cooperativa o un microcrédito, que consigan su primera chamba para adquirir experiencia y luego formar parte de una empresa que presta servicios hoteleros o cualquier otra posibilidad que antes parecía lejana. Quiero que nuestras juventudes sepan que no tienen que recorrer solas ese camino.

Me quedo con muchas de las historias que escuché y, sobre todo, con la alegría de saber que Guerrero tiene una generación que quiere participar. Jóvenes que preguntan, que cuestionan, que trabajan, que crean y que no están dispuestos a resignarse. Jóvenes profundamente orgullosos de dónde vienen, pero también con la mirada puesta en todo lo que pueden llegar a ser.

Yo confío profundamente en ellos. Confío porque los he visto de cerca y porque sé que cuando una persona joven encuentra una mano que les apoya puede cambiar no solamente su propia historia, sino también la de su familia y su comunidad. Por eso quiero seguir caminando con ellas y ellos, escuchándolos y construyendo juntos. Estoy convencida de que buena parte de las decisiones que definirán el rumbo de Guerrero y de nuestro país están ya en manos de esta generación.

Nuestro estado tiene muchas riquezas, pero hay una que no se encuentra debajo de la tierra ni se mide por su valor en el mercado. Está en las ideas, en los sueños y en las ganas de salir adelante de miles de jóvenes guerrerenses. Ese es nuestro mayor nicho, nos da certeza en que lo vamos a lograr, que es posible si la chaviza está aquí en un Guerrero del futuro.

Nos leemos el siguiente martes.

 

@EsthelaDamian