26 mayo,2025 6:20 am

La CNTE y su objetivo principal

 

Silvestre Pacheco León

No debe ser fácil para los dirigentes magisteriales de la CNTE dirigir su organización gremial como un sindicato que busca las mejoras salariales y de trabajo para sus representados cuando en su interior existen grupos de tendencias diversas y radicales extremosos que exigen un comportamiento de esa corriente sindical como si se tratara de un partido político.
Desde la desproporcionada demanda de aumento salarial del cien por ciento, hasta la exigencia de que los atienda la presidenta el día que ellos quieran, cuando hay un diálogo abierto y las mejores condiciones para tejer acuerdos, parece que sus propuestas y actuaciones persiguen otros fines, más allá de los propiamente gremiales.
No debe ser fácil dirigir ese politizado gremio magisterial cuando cualquier avance en la negociación que anuncian los dirigentes siempre es repudiado por algunas voces altisonantes de sus bases que se atreven incluso a denostarlos bajo la pregunta de si ya les llegaron al precio.
Tampoco debe ser fácil para el gobierno de Claudia Sheinbaum mantener la calma y paciencia cuando después del trato cordial y atento que ofrece al magisterio para avanzar en las negociaciones mira que se desbordan los ánimos de esta corriente sindical llevando a las bases hasta posiciones tan radicales y sin sentido como la de bloquear el Palacio Nacional, impidiendo la entrada para la conferencia mañanera a funcionarios y periodistas, con el fin de impedir el informe diario de la presidenta a todos los mexicanos sobre la marcha del país.
La medida de fuerza empleada con la idea aislar físicamente a la presidenta tenía como pretensión doblegarla y mostrar su debilidad, o hacerla perder la ecuanimidad y responder intolerante y represora como los gobiernos anteriores, dando validez a la consigna fácil de la CETEG coreando: “Claudia decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería”.
Llegar al extremo de bloquear los accesos al Palacio Nacional y cerrar las principales avenidas de la capital del país con el aeropuerto internacional incluido, muestra que al interior de la CNTE hay corrientes con intereses más allá de lo gremial, y por eso delicados en la medida en que instrumentalizan a la organización de los maestros y se aprovechan de sus demandas para cumplir su propio plan, coincide con la derecha política que busca y festina que le vaya mal al actual gobierno porque carece de propuestas atractivas.
Lo hasta aquí escrito no deja de ser la primera impresión que le causa a quienes observan desde lejos solo la superficie del conflicto porque, en el fondo, el contenido que tiene la movilización de quienes integran la corriente magisterial disidente del SNTE es mucho más profundo, y viene desde lejos como la conducta más rancia del capital que busca hasta el último resquicio para expropiar lo que queda de su salario.
El conflicto parece complejo al observador común porque desgraciadamente el gremio magisterial no ha desplegado con suficiencia a voceros que expliquen la demanda central que enarbolan y en aras de simplificar y resumir todo, simplemente se refieren a derogar la ley del ISSSTE, sin explicar con claridad las razones.
Lo que cuenta Hugo Aboites el viernes pasado en su artículo sobre la situación de los maestros en la época porfirista, es revelador y tan actual que conviene leerlo. Dice que la investigadora Luz Elena Galván, dedicada a estudiar las cartas que recibió en los últimos dos años el dictador Porfirio Díaz, descubrió que de las 47 mil archivadas, la mayoría habían sido escritas por maestros que en esa época sumaban doce mil. Demandaban todo tipo de apoyo, desde el regalo de un saco para reponer el que estaba raído, hasta una plaza donde fueran necesarios sus servicios, pero la queja era común por el exiguo salario que recibían, siempre menor al que recibían los soldados, y señala que el pago de los maestros apenas era igual al salario de un jornalero. De ahí aquella frase denostativa de la carrera docente. “Estudia aunque sea para maestro”.
En la Ciudad de México, dice Aboites que a principios del siglo pasado el salario de un soldado era de 90 pesos frente a 40 pesos que ganaba un maestro.
Esa diferencia salarial entre los maestros y otros gremios constituye parte del menosprecio al trabajo de los docentes y por ende a los estudiantes. Sería una lástima que el gobierno del cambio regatee los mínimos derechos que los maestros demandan.
La reforma a la Ley de ISSSTE durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fue un asalto en despoblado contra el salario magisterial que permitió que los organismos financieros se apoderaran del ahorro de los maestros. Una masa de capital que se calcula en siete billones de pesos, que representa el 20 por ciento del PIB y que desde entonces manejan las famosas Agencias Administradoras de los Fondos de Ahorro para el Retiro, que entraron en funciones con la reforma a la ley del IMSS, para el manejo individual de las pensiones a través de empresas privadas.
Con ese sistema de las Afores los maestros que se jubilan después de 58 años de edad, o de 56 si son mujeres, reciben un pago ínfimo mensual que no les alcanza ni para la atención médica que forzosamente tiene que ser privada porque en los hechos ni la cobertura ni la calidad del sistema de salud corresponden con el servicio que los maestros aportan a la patria mientras que las Afores el año pasado obtuvieron ganancias por un billón de pesos prestando el dinero de los ahorradores al capital productivo por casi 2 billones de pesos.
Seguir permitiendo el uso del capital social para beneficio privado resulta inadmisible y menos elogiar esa medida neoliberal que afecta el interés de los 2.9 millones de trabajadores afiliados al ISSSTE.
Los maestros tienen razón de inconformarse por la falta de atención a su demanda central y ven como una burla que, en vez de debatirla, el gobierno trate de evadir el tema otorgándoles una semana más de vacaciones que nunca demandaron, porque lo que quieren es asegurar su retiro.
Por eso la demanda de un aumento salarial del cien por ciento es equiparable a la reforma a la ley de pensiones.
Por lo demás, no creo que impedir la elección del nuevo Poder Judicial sea una amenaza seria y menos posible. Lo plausible es que los maestros movilizados hagan algo a favor de tantos capitalinos afectados, como facilitarles la gratuidad en el servicio del Metro, así como la toma de las casetas que cobran el peaje en las carreteras que salen de la capital del país con el mismo fin.
He dicho siempre que el magisterio debería ser tratado como un aliado indiscutible para la transformación revolucionaria del país y esa alianza tiene que ser resultado de un debate abierto con las autoridades para fijar las coordenadas de los compromisos en el ánimo compartido de replantearse también la autoevaluación y el contenido de la educación para hacerla realmente revolucionaria.