
Habla el taxqueño de su reciente triunfo en el World Press Photo 2022 con un trabajo sobre las comunidades rurales que se dedican a la siembra de amapola en el estado
Acapulco, Guerrero, 29 de marzo de 2022. El fotógrafo guerrerense Yael Martínez Velázquez celebró el haber obtenido la semana anterior el World Press Photo 2022, edición regional, en la categoría Formato abierto con un trabajo sobre las comunidades rurales que se dedican a la siembra de amapola en el estado.
Ello, debido a que más que una llamada de atención, se buscó exponer un tema para reflexionar sobre las estructuras sociales, políticas, culturales y económicas que se han generado en torno al cultivo de dicha flor.
En breve charla telefónica, el originario de Taxco comentó que “siempre he creído que lo que es más significativo en estos premios, más allá del trabajo personal, es la relevancia de las historias y a mí eso me emociona mucho porque esto llega en un momento donde se habla de estas decisiones que la gente tiene que tomar en torno a la ecología, el calentamiento global, el cuidado de la tierra y creo que las comunidades originarias siempre han tenido esta visión del cuidado de la tierra, de su relación con ella, de la espiritualidad y eso era algo que para mí muy importante y de destacar; si bien el trabajo cuenta sobre comunidades que cultivan la flor de amapola, la intención era más la de dar a conocer quiénes son ellos y cómo se relaciona (el cultivo) con su cosmovisión”.
Así, recordó que el proyectó, que lleva por nombre Flor del tiempo: la montaña roja de Guerrero, inició tomando como base a las comunidades me’phaa y na savi de la Montaña del estado.
“Desde 2017, cuando estuve trabajando en torno a los rituales de lluvia, vi la posibilidad de trabajar este tema, vimos que estaba muy fuerte la presencia del crimen organizado en la zona y se estaban modificando estos espacios sagrados (de cultivo)”, en referencia a la importancia del ciclo agrícola, el ciclo ritual.
“Empecé a colaborar con unos amigos en Tlapa (el fotógrafo Lenin Mosso y el escritor Hubert Matiúwàa) con quienes conocí estas comunidades y empecé hablar con algunas familias que se dedican a la siembra de la flor” y durante dichas pláticas, añadió, “vimos algo de lo que siempre se habla: la falta de oportunidades”.
“Cuando te pones a platicar con ellos te aseguran que sólo hay dos posibilidades: o migran o se dedican a sembrar la flor”, ya que lamentó que otros cultivos como la calabaza, el frijol o el maíz son sólo para autoconsumo.
Así, explicó, mientras unos optan por sembrar la amapola a la que llaman Maíz bola otros se resisten ante la también llamada Flor diablo quedando en medio su cosmovisión de la tierra y su cuidado terminando de alguna manera modificada.
En ese sentido y como ejemplo, reveló, “hay incluso algunas ofrendas en las que está el maíz, está el frijol pero también puedes ver la semilla de la flor (la amapola)”.
No obstante, rechazó que estas modificaciones sean una generalidad agradeciendo a la gente que “nos dio acceso para contarnos su día a día, los conflictos que tienen y su relación que tienen con la tierra”.
Finalmente, Martínez Velázquez quien actualmente coordina el Programa de Fotografía Documental del Centro de las Artes de San Agustín en Oaxaca, comentó que este trabajo es, como muchos de los que desarrolla, de largo aliento por lo que adelantó le tomará varios años.
“Es un trabajo experimental, vinculado a la idea de documental expandido; no era algo que tenía planificado y que sigue en crecimiento”.
Texto: Óscar Ricardo Muñoz Cano


